Nelson, amigo, el pueblo está contigo
Lunes, 15 Diciembre, 2008Cuando hace unos días, sin duda harto de la ineficacia de las fuerzas de seguridad y la burocracia policiaca federal en la resolución del secuestro de su hija Silvia, Nelson Vargas espetó su inolvidable “¡Eso es no tener madre!”, no teníamos suficiente claridad sobre la intención de un grito que no era un insulto sino una definición sobre quienes han conseguido desde sus oficinas de gobierno que el imperio de la impunidad cobije los bulímicos apetitos de la criminalidad.
Así, no sabemos quiénes son más peligrosos y sanguinarios, si las manadas de matones que deambulan impunes por la patria o las autoridades que por las vías de la incapacidad, la abulia, el valemadrismo y el maiceo han consentido que los hijos de la chingada hagan su agosto.
Cómo estará la cosa que, debido a las últimas noticias de la infiltración y las corruptelas en la SIEDO, la PGR y casi cualquier corporación policiaca, ya la ciudadanía lo único que pide es la profesionalización de los canallas para que no cundan los improvisados del secuestro, los ajustes de cuentas e incluso el descabezamiento, culpables en buena medida de tragedias innecesarias.
Digo, ¿para qué debatir sobre la pena de muerte como espectáculo de la venganza y el oportunismo político? ¿Para qué recrudecer las penas si no habrá quien las sufra? ¿Para qué propalar las operaciones limpieza cuando es previsible que todos están coludidos? ¿Para qué dejar que el Ejército patrulle el DF, no vayan a proliferar los zongolicazos, nocuperetazos, apantzingazos y las balaceras contra las embarazadas?
Quizá sea el momento no de exigir a los gobernantes y sus achichincles que se pongan las pilas, se disfracen de patriotas y se pongan a trabajar en serio, pues lo han demostrado, no tienen madre y les vale madre. No, ahora hay que salir a las calles a pedir, de la manera más atenta, que el crimen organizado se organice más aún para desactivar a toda la bola de neófitos que se meten al negocio de la criminalidad con macabro entusiasmo, desprovistos de cuando menos un curso propedéutico para ejercer el oficio.
Está bien que, dados los escenarios actuales, aun el crimen más desorganizado puede pasársela bomba sin temor a sufrir ninguna pena (y en el eventual caso de caer en chirona, desde ahí se puede seguir contribuyendo al caos y el desorden), pero sería importante que cárteles, bandas, organizaciones y sindicatos pendencieros reconocieran su responsabilidad social para impedir que los espontáneos y los incompetentes denigren al gremio.



