Aquí estaba
Luis Alegre
Estadio Patria
El nuevo estadio Patria se inauguró en 1925. El anterior había estado enfrente, pasando la Calzada de los Héroes. Los dos tenían que ver con don Francisco Lozornio Castillo.
Exitoso y respetado industrial zapatero, don Francisco fue un entusiasta aficionado y promotor del beisbol. En sus años mozos trabajó en los Estados Unidos y allá conoció tanto las bondades de la tecnología como la pasión por la pelota caliente. Al volver a León, convirtió la firma paterna en una productiva y exitosa fábrica de calzado. En esos mismos años el “beis” llegó a la ciudad y encontró rápidamente adeptos.
Animado por el entusiasmo de sus trabajadores con el nuevo deporte, en 1921 Lozornio formó un primer equipo representativo de la Boston, su pujante empresa. La novena se registró con el nombre de Patria. Entre aquellos jugadores estaba otro de los hombres clave del beisbol en León: Domingo Santana.
Pronto el equipo contó con campo propio. Ese primer estadio Patria, hecho de madera, se levantó donde hoy es la calle Prado, ubicada en el ángulo que forman la Progreso, la Calzada y el malecón del Río. Poco les duró el gusto.
Acorde con su carácter filantrópico, don Francisco Lozornio decidió fraccionar el terreno para que sus trabajadores pudieran tener casa propia.
El Patria se quedó sin casa.
Pero más pudo la pasión. Un par de años después, Castillo Lozornio negoció con las autoridades el cercano terreno donde décadas atrás se pretendió construir una penitenciaria estatal. Aprovechando los gruesos muros de piedra que definían el perímetro del frustrado proyecto, se levantaron tribunas en el costado contrario a la Calzada de los Héroes; más tarde se techó para comodidad del público. Ese era el estadio Patria.
A mediados de los años veinte, el beisbol ya era el deporte preferido de los leoneses. El fútbol estaba en pañales y se jugaba al otro lado de la ciudad, en el campo del León Atlético, junto al parque Hidalgo. Aquello cambiaría radicalmente en unos cuantos años. El Patria se vio obligado a prestar su campo para que la naciente afición viera correr el balón por su borrado diamante.
Y no fue sólo una vez. El Unión de Curtidores, indiscutible animador de la liga regional de fútbol, se enfrentó a casi todas las escuadras tapatías y capitalinas de su época y jugaba como local en el estadio Patria. En uno de esos juegos en la década de los treinta, los Curtidores jugaron con un inusual uniforme de camisa verde y pantaloncillo blanco…
Justamente, serían once verdiblancos los que llevarían al Patria a la historia del fútbol en México: en su cancha debutó el equipo León atropellando a los orgullosos morenos del Atlante. Aquel 20 de agosto de 1944 se volvería mítico al grado que cualquier leonés de la época jura y perjura que estuvo en ese primer juego. Pocos partidos tuvo el equipo León en el Patria pues al poco tiempo se inauguró el estadio Fernández Martínez, casa de los verdes durante unos años y sede del fútbol amateur de la región por otros tantos.
Mudado el León, el Patria siguió siendo diamante más importante de la ciudad. En sus terregosas instalaciones se curtieron los mejores peloteros de casa y sus gruesos muros atesoraron los mejores juegos del beisbol amateur en la región.
En la década de los sesenta y en un justo homenaje, se cambió el nombre del estadio: pasó a llamarse “Francisco Lozornio” en honor de aquel desinteresado empresario que tantas cosas buenas hiciera por su ciudad. Sin embargo, ya para entonces la ciudad había crecido y era lógico que hubiera voces que pidieran un estadio de mejor categoría para el llamado rey de los deportes. O al menos ese fue el pretexto, así que el antiguo diamante del Patria desapareció: una calle lo partió en dos, se levantaron sendos edificios tan bellos como una caja de zapatos y la desmemoria ganó en la última entrada.
En aquellos muros de piedra que aún rodean a los citados departamentos, nada recuerda la historia que en su interior se vivió. Cualquiera que se asome por la ventanilla de la taquilla que aún existe, ni se imagina las pasiones y las emociones que allí habitaron.
Y sí, se construyó otro estadio, el Domingo Santana –con una ubicación poco favorable en su momento- y en el, gente como don Pedro Medina y sus heroicos Bravos de León, llevaron a los aficionados leoneses a tocar la gloria de ser campeones nacionales del beisbol profesional. Como premio, casi nadie le apoyó para mantener aquella histórica novena y el estadio supo que no había peor rival que la incuria. Sólo quedaron días felices para revivir en pláticas de amigos.
Ojo con esta historia, señores del fútbol. Hoy en día no tenemos ni el viejo Patria, ni en el Domingo Santana hay beisbol profesional y por supuesto, quedan soñadores que piensan que un día León tendrá un estadio y un equipo de beisbol a la altura de la historia que forjaron los Lozornio, los Santana, los Henry, los Medina y del nivel de ciudad que pensamos que somos…














