“No quiero revivir mis fantasmas”
Hace 47 años, Alfredo Ballí fue sentenciado por el delito de homicidio.
Nota con video
Monterrey, NL,- Alfredo Ballí Treviño no es un ex reo cualquiera. A sus 81 años de edad es el único en Nuevo León que puede presumir ser la última persona condenada a muerte y aún estar vivo.
En charla con MILENIO Diario de Monterrey, Ballí expresó que su pasado está enterrado y que a 47 años de lo ocurrido no desea revivirlo.
“Si quiere platicamos de todo lo que quiera, menos de lo otro, no quiero revivir mi pasado tan negro. No quiero revivir mis fantasmas, es muy difícil, el pasado pesa, y la verdad la angustia que siento es muy difícil convivir con ella diariamente”.
Condenado a estar -por lo pronto- en silla de ruedas por una lesión en su columna, el médico, a quien la prensa de 1961 dedicó sendos titulares, atiende a personas de la tercera edad en la colonia Talleres.
“No recuerdo cuántos años tengo de médico, atiendo a las personas del barrio, trato de ayudar a las de la tercera edad, como yo”.
Ballí Treviño fue sentenciado a muerte por homicidio calificado, inhumación clandestina de cadáver y usurpación de profesión, pero quedó en libertad 20 años después.
“Yo creo que salí como en el 81, la verdad ni me acuerdo, de principio fue muy difícil, pero con el paso de los años las cosas fueron mejorando, aunque algunos días vuelve la depresión”, confiesa.
Su encierro lo vivió en el penal de El Topo Chico por el homicidio de Jesús Castillo Rangel; pero quedó en libertad al pagar la máxima pena impuesta a un homicida en ese tiempo, que era de 20 años.
“Pagué lo que tenía que pagar, y ahora sólo espero el castigo divino”, asegura.
En la parte final de la sentencia dictada por el entonces juez cuarto penal, Marco Antonio Leija Moreno, en contra de Alfredo Ballí, etiquetada con el folio 263/59 y que aún permanece legible, dice:
“Considerándose el Homicidio como Calificado con las agravantes de Premeditación, Alevosía, Ventaja y Traición, es de condenarse al acusado a sufrir LA PENA DE MUERTE, la que se reducirá a la simple privación de la vida” (sic).
Al cuestionarle sobre su sentencia de pena capital y la posibilidad de que ésta se aplicara de nuevo, responde:
“No tengo mucho qué decir, mi opinión es sólo eso, una opinión, y los juristas son los que tienen la decisión”.
El juez cuarto de letras del ramo penal, Marco Antonio Leija Moreno, le dictó el 17 de mayo de 1961 lo que se considera en el archivo criminal nacional como la última sentencia a pena de muerte en el país.
Ballí Treviño no fue ejecutado debido a que el código penal vigente en 1961 contemplaba también un capítulo de sustitución y conmutación de sanciones. Es decir, que pese a ser considerado como la máxima sanción para los delitos de homicidio, parricidio y salteador de caminos con homicidio, ésta no se aplicaría, cambiándola automáticamente por la máxima pena de castigo vigente para cualquiera de los tres delitos.
Leija Moreno, ahora procurador de la Defensa del Adulto Mayor, narró recientemente a este medio un encuentro casual que tuvo en un supermercado con el reo al que le impuso la pena de muerte.
“Ah sí, me acuerdo que me lo encontré, pero no recuerdo de qué hablamos, es una persona muy fina, sólo le puedo decir eso”, recordó Ballí Treviño.
En la actualidad, el médico trabaja en su consultorio y está al pendiente de sus padres internados en un asilo, pues sobrepasan los cien años de edad. Por el momento, dice que su principal meta es no dejar de trabajar y poder caminar de nuevo.










