Secuestrada…
Lunes, 1 Diciembre, 2008Después de escuchar lo que ocurrió en la Reunión Nacional para la Seguridad, es claro que hay poca disposición por parte de algunos políticos para derrotar al crimen organizado. En particular de los diputados y senadores que no han legislado las leyes que urgen.
Ante esta evidencia, algunos se preguntarán: ¿podremos tener en la Cámara de Diputados que renovaremos en 2009, legisladores con mayor compromiso a la demanda ciudadana por mayor seguridad? ¿Podremos votar por candidatos como el señor Martí, el profesor Vargas, la señora Morera o la señora Wallace, quienes han demostrado estar dedicados a denunciar los abusos y buscar justicia?
Me temo que la respuesta es no. Infortunadamente tendremos más de lo mismo. Diputados que atienden los intereses de la partidocracia y no los de los ciudadanos. Nuevos politiquillos llenos de argumentos para retrasar las urgentes reformas. Viejos conocidos, que han dedicado su vida en las cámaras a mentir, simular y evadir. Y esto será así porque la recién estrenada democracia mexicana ha sido emboscada y secuestrada por la partidocracia. Desgraciadamente serán los intereses políticos de siempre y los rostros que conocemos hace más de 40 años los que seguirán prevaleciendo.
La explicación es simple. Los procedimientos que utilizarán los partidos para decidir quienes serán los candidatos que aparecerán en las boletas, es decir las únicas personas por las que podremos votar, están viciados. Los estatutos y las convocatorias para designar candidatos favorecen que sean personas cercanas e incondicionales a los gobernadores, viejos líderes sindicales o clientelares que compran su lugar en las listas plurinominales y eternos santones partidistas aferrados a las dirigencias.
No hay posibilidad de que votemos por candidatos verdaderamente independientes de los intereses políticos tradicionales. La ley lo prohíbe expresamente. No hay posibilidad de que los ciudadanos nos enteremos de las oscuras biografías de muchos de los candidatos que aparecerán en las boletas. La ley lo prohíbe expresamente. No es posible tampoco que ciudadanos con auténtica vocación de servicio penetren las gruesas armaduras antidemocráticas que protegen a los partidos.
Parece increíble, pero así es. La nueva ley que aprobó el Congreso, con el apoyo de todos los partidos, ha sido una verdadera puñalada en la espalda a nuestra incipiente democracia.
Urge que los ciudadanos exijamos cambiar las leyes electorales para que podamos votar por candidatos independientes, cercanos a nosotros y no a los partidos. Urge que conozcamos la auténtica biografía detrás de los rostros que veremos en las boletas. Urge recuperar la libertad para que en la radio y la televisión, durante los procesos electorales, se debata la vida pública, privada y secreta de los políticos. Urge tener diputados y senadores que verdaderamente defiendan los intereses de una sociedad extraordinariamente plural y dinámica. De otra manera, si la democracia permanece secuestrada por los partidos y los políticos tradicionales, y no hay posibilidad de renovación dentro de las instituciones, la sociedad buscará otros caminos para expresar su inconformidad y sus demandas. Lo ha hecho en otras ocasiones. Lo veremos...










