Vuelo CO 1624, en peligro

Parece el título de una película ochentera; no es así. El domingo pasado, mi tía Mónica volaba de regreso a la Ciudad de México con sus hijas. Lola, su hija menor, leía textos de economía para un examen de la Universidad, y María, la mayor, platicaba con su mamá mientras sobrevolaban Polanco, poco antes de aterrizar. Sin previo aviso, el avión se ladeó a un costado y se desplomó. El estruendo y los gritos eran espantosos. “¡No la hacemos, no la vamos a hacer!”, gritaba Mónica. María la tranquilizaba y le decía: “’Ma, sí la hacemos, sí la hacemos”. Fueron segundos de angustia indescriptible. El avión se niveló y nuevamente volvió a desplomarse. Más gritos de desesperación. El avión volvió a nivelarse, y entonces, después de un momento de silencio, los pasajeros aplaudieron al piloto.

Ellas viajaban en el vuelo de Continental 1624 procedente de Houston, que el domingo 23 de noviembre estuvo a punto de caer. Mi tía Mónica, que siempre ha sido una mujer ecuánime, se llevó el susto de su vida, y aclaro que ella no es de las que se espanta por un mero movimiento del avión. Académica, podría afirmar que es la más tranquila de la familia (lugar que ya le ganó, sin duda, María). Mónica sintió que iba a morirse en ese avión. Le pregunté si es cierto que en esos momentos tu vida pasa delante de sus ojos. Dice que no le dio ni tiempo, simplemente pensó en su marido y en qué iba a hacer sin “sus mujeres”. María, en cambio no pensó que moriría: lo bloqueó. Psicóloga de profesión, me explicó puntualmente que la parálisis es, como el miedo, una reacción humana primaria. “Te paralizas, como las cebras frente inminente ataque de un león, estas bloqueada”. Cree que por eso pudo mantener la calma.

Cuando finalmente aterrizaron, Mónica y sus hijas se acercaron al piloto y las sobrecargos y les preguntaron qué había pasado. El piloto les respondió: “I am looking forward to go back to the US and never come back to México” (Deseo regresar a los Estados Unidos y no volver a México jamás). Las aeromozas le dijeron que el piloto estaba asustado y enojado y que transmitiría su reporte a las autoridades correspondientes. Varios de los pasajeros declararon a Luis Pavón, colaborador del noticiero de Carlos Loret de Mola en Radio Fórmula, historias similares del vuelo.

Casualmente, detrás del asiento en el que viajaban mi tía y primas, viajaba también un piloto mexicano que trabaja en la NASA. Mónica le pidió que por favor le explicara qué era lo que había pasado ya que ella quería hacer llegar el recuento del viaje al Secretario de Comunicaciones y Transportes. Él le prometió enterarse. Fiel a su palabra, dos días más tarde, Francisco J. Álvarez le envió un correo en el que le confirmaba que se habían salvado de milagro, ya que el vuelo estuvo a punto de desplomarse debido la corriente de chorro causada por el avión que viajaba delante de ellos (momentos antes aterrizó un Boeing 747 de Lufthansa). Francisco se despedía reiterando que estaban vivos de milagro y añadía: “Debemos hacer de nuestra experiencia una oportunidad para asegurar que jamás ocurrirá otro accidente como el que estuvimos a punto de vivir en carne propia”.

En contraste, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes informó en un comunicado que el 23 de noviembre, a las 22:57 horas, el vuelo 1624 de Continental Airlines, procedente de Houston, fue instruido a iniciar una nueva aproximación al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, como consecuencia a una respuesta tardía en sus comunicaciones con los Servicios de Tránsito Aéreo (http://www.terra.com.mx/articulo.aspx?articuloId=758384&ref=1). Agustín Arellano, director general de Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (SENEAM) considera que hay mucha seguridad en la aviación mexicana y descartó que se tratara de alguna turbulencia de estela del avión que le antecedía (http://www.eluniversal.com.mx/notas/558111.html). Los controladores aéreos procedieron a desmentir que hubiese problemas con el vuelo y declararon que habían reportado bastante turbulencia por cuestiones meteorológicas (http://www.eluniversal.com.mx/notas/557967.html).

¿Qué habrá sucedido entonces con el vuelo CO 1624? ¿Cuestiones meteorológicas? ¿Error del piloto? ¿Turbulencia causada por otro avión? ¿Histeria colectiva?

Más allá de la anécdota familiar, y sin ánimo de crear polémica, considero que incidentes como el que sucedió el domingo pasado deben ser investigados a fondo. Cada año, por el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México transitan alrededor de 23 millones de pasajeros. Es indispensable que contemos con las mayores y mejores medidas de seguridad y se revisen este tipo de incidentes. Es fácil achacar las circunstancias a las coincidencias y casualidades, pero no es lo correcto. Como dice Francisco Álvarez en su correo, es necesario utilizar estas experiencias para evitar que suceda otro accidente de esta naturaleza. No esperemos a otra tragedia para hacer lo que es correcto.

Para Mónica, María y Lola, a las que quiero mucho.

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