‘Crepúsculo’: apenas para adolescentes…

Viernes, 21 Noviembre, 2008

El amor durante la adolescencia es un estado de locura, que algunos viven como un paraíso y otros como un infierno, pero sin duda un delirio que uno quisiera que durara para siempre… ¿Podría ser ésa la metáfora de Crepúsculo (Twilight)? Tal vez. ¿Cuál es uno de los síntomas más notorios de la adolescencia? Sin duda la rebeldía. Esto también es Crepúsculo, la típica historia de amor entre dos seres rebeldes que se enfrentan contra un destino, contra una esencia. La película está basada en el éxito de librería escrito por Stephenie Meyer. Es imposible adivinar a distancia y sin conocerla cuáles fueron sus verdaderas intenciones al escribir esta historia de la que ya se han publicado cuatro libros distintos, ¿Sería simplemente dar rienda suelta a su creatividad, a dar respuesta a su necesidad de expresión, a dejar volar su imaginación? O, ¿será el caso de una mujer que busca crear una nueva fórmula basada en sus observaciones sobre lo que ya se ha hecho en la literatura y el cine y la naturaleza de la adolescencia? ¿Será alguien que bajo un estricto método busca seguir los pasos de la escritora británica J. K. Rowling (Harry Potter) hacia una vida millonaria? Sólo ella lo sabe, pero sin duda es una mujer astuta y se está moviendo como tal.

Con todo, la cinta Crepúsculo resulta estar muy, pero muy por debajo de Harry Potter tanto en el aspecto literario como en el cinematográfico y a años luz de El Señor de los Anillos. Es una cinta entretenida pero claramente dirigida a complacer apenas a los adolescentes y en un rango bastante amplio que puede empezar tal vez desde los diez años. La historia cuenta cómo Bella Swan (Kristen Stewart), una chica de 17 años, decide dejar un poco más de espacio a su madre vuelta a casar e ir a vivir una temporada a casa de su padre quien es el jefe de policía en un pueblito del estado norteamericano de Washington y que puede ser el más húmedo de la nación, muy propicio por tanto -por la ausencia de sol- para que ahí viva una generación de vampiros un tanto diferente a la que tradicionalmente hemos visto en el cine. Bella va a la secundaria y -le toca- compartir pupitre con Edward Cullen (Robert Pattinson) uno de los vampiros y quien también dice tener 17, ¡pero desde 1918! Cualquiera puede predecir que ambos acabarán enamorándose; él trata de evitarla pues no quiere hacerle daño, ella no puede ni quiere luchar contra el volcán de emociones, sentimientos y deseos que el joven, bueno, que Edward le despiertan. Pero una historia de amor sin problemas pues no tendría chiste. Por ahí atraviesan otro tipo de vampiros que no tienen los mismos buenos modales y cuando uno de ellos descubre a Bella, surge en él la obsesión de convertirla en el platillo principal de su próxima cena. Edward enfrenta ahora el doble reto de evitar clavarle él mismo los colmillos a la bella Bella y de que el otro vampiro se la meriende.

Creo que la autora (que decidió tener siempre el control de la historia en la película), cuidó con la precisión de un cirujano que no hubiera elementos que pudieran ofender a alguien o llevaran la cinta más allá de una clasificación (PG-13 en EUA; “B” en México) apta para adolescentes que no van a preguntarse por qué en el pequeñísimo pueblo a nadie le interesa averiguar por qué los chicos (vampiros) repiten una y otra vez la misma clase y ¡hasta tienen colección de gorros de sus graduaciones!!!. Dudo que la cinta viva eternamente, aunque de seguro sí será un éxito de taquilla. Aunque muy regularcita, se pasa uno un buen rato, con todo y que los vampiros parecen estar maquillados para el teatro Kabuki japonés. Pattinson da apenas el papel y Kristen Stewart está muy bien en su rol.