Familia
Jueves, 20 Noviembre, 2008
El borrachito del pinche papelito suele decir, con la frecuencia que le permite su boca cerrada por prescripción siquiátrica, que la familia es lo más importante de una sociedad y se compone, según la ley natural y divina, por el papá, la mamá y los hijos.
Como él mismo proviene de una hermosa familia ejemplar exenta de delincuentes y malas influencias, puso como prioridad de su gobierno la lucha contra todo aquello que dañe la unidad familiar de los jaliscienses, su religión y sus valores.
Y vaya que lo hace muy bien. Aunque para ello viole la ley, proteja delincuentes y desestime las decisiones judiciales. La defensa de la moral y la decencia en la familia bien valen unos cuantos pequeños pecados veniales.
Para eso está el Consejo Estatal de la Familia, digna institución colonial al servicio de las mejores causas del estado. Y qué mejor causa que la de proteger inocentes de la maldad que asola a nuestras sociedades, tan entusiasmadas por el mal, tan alejadas del bien.
A la pobre niña esa reclamada por un señor o señora de esos llamados transexuales había que rescatarla a como diera lugar de las garras del vicio y la prostitución.
Porque dígase lo que se diga, ¿qué otra cosa le esperaba a la pobre criatura en manos de un perverso confeso que se prostituye y trabaja de mesera? ¿Quién se atrevería siquiera a comparar esa vida llena de depravación y vicio con el recogimiento, la paz espiritual y reposo del alma que se vive en un convento?
En ausencia de una familia normal, entiéndase papá, mamá e hijitos, no hay nada mejor que compartir un hermoso espacio con otras niñas hermanadas en la desgracia y bajo los piadosos cuidados y suave mirada de unas monjas que sabrán educarlas en el amor al prójimo y sin odios ni rencores hacia el mundo.
Si el Consejo Estatal de la Familia tuvo que recurrir a métodos empleados por las juntas militares latinoamericanas, es decir, al secuestro de niños para entregarlos a familias decentes, no es porque dicho consejo esté influenciado por una ideología fascista.
Por supuesto que el consejo no piensa que todas aquellas personas diferentes a ellos, es decir, los homosexuales, las prostitutas, los transexuales, las lesbianas y otros, deban ser eliminados.
Sin embargo, la salvación de esa pobre niña está por encima de cualquier ideología, prejuicio social o de esas cosas que hoy llaman derechos humanos y que sólo sirven para defender delincuentes.
rcastela@cencar.udg.mx


