Reptilectric, lo nuevo de Zoé
Miércoles, 19 Noviembre, 2008En sus marcas! Antes de comenzar, y como muchos de ustedes sabrán, hoy inicia la venta de boletos para el concierto de Radiohead, el 16 de marzo en la ciudad de México. Si quieren ir y aún no lo compran es mejor que vayan corriendo a un Mixup o se comuniquen al sistema Ticketmaster, vía Internet o telefónica, porque seguro volarán. Desde ayer por la mañana se formaron las primeras hileras en DF. Está cantada la posibilidad de sumar una o dos fechas más, pero más vale. Avisados. Ahora sí, aquí les va…
Muchos discos vendidos, miles o tal vez millones. Llenos absolutos, igual un bar que el Palacio de los Deportes. Los siguen más chicas que hombres, es evidente en sus conciertos y es un detalle importante a la hora de hacer números. Sí, la popularidad de Zoé es aplastante. De cinco años para acá —la mitad de su trayecto—, la banda gestada en Cuernavaca es todo un trancazo en el universo del rock pop mexicano. También está el otro lado de la moneda, el sector de los críticos, público e incluso músicos que de plano no congenian con la propuesta de León Larregui y su equipo. Fresa, intrascendente y boba son algunos calificativos que varios le cuelgan a la música del quinteto establecido en la capital.
A mí me gusta Zoé. Canciones de Rocanlover (2003) y Memorex commander y el corazón atómico de la vía láctea (2006) —segundo y tercero de su catálogo —, las sigo escuchando hasta ahora. Ninguno de los dos álbumes, eso sí, me parecen grandes discos, no siento que Zoé haya entregado su obra indispensable, como Fobia lo hizo con Leche, Café Tacuba con Re o los Caifanes con El silencio. Han crecido, han perfilado su sonido, pero Larregui y secuaces, y en eso sí estaría de acuerdo con los detractores, todavía no fabrican el disco de su consagración.
Nadie esperaba la publicación de su cuarto volumen de estudio, sino hasta el año entrante, pero desde el pasado viernes, Reptilectric llegó a las tiendas. Me costó entrarle a las once canciones, como nunca me había sucedido con Zoé. Y es que aquellas melodías accesibles, pegajosas, o los coros igual de contagiosos, ya no predominan en el Zoé del presente. La llave, ahora abre una puerta que introduce a un horizonte oscuro, más roquero que popero, y complicado de dilucidar a la primera.
Reptilectric suena compacto, con cuerpo, suena a una banda calibrada y con suficiente personalidad para elaborar canciones sin perder estilo. De paso, la lírica de Larregui se sacude el empalago de “Paula”, “Love” y otros cortes dulzones, al exhibir más sensatez en sus ideas. En fin. Buen disco. ¿El de su consolidación? Seguro estará en lo mejor del 2008.










