Chicha y limonada

Viernes, 14 Noviembre, 2008

Es el golf, es el patrocinio estatal, es el Country o todo junto lo que hace ruido en la participación del gobierno en el Lorena Ochoa Invitational? Más allá de si son 50 o cien personas en la manifestación, muchos o pocos los inconformes, el tema de fondo es el cuestionamiento del uso de recursos públicos, como sucedió con la inversión en los Premios MTV. Hay una tendencia a equiparar estos eventos con el fracasado donativo al Santuario de los Mártires, pero además de que se trata de asuntos de índole distinta, hay una diferencia sustancial: estos patrocinios no representan un problema legal. Pueden ser polémicos, lo son y qué bueno que se discutan, pero también hay que diferenciar la chicha de la limonada.

¿Si tuviéramos al mejor piloto Fórmula Uno del mundo, no buscaríamos un Gran Premio para la ciudad? ¿Si tuviéramos a un tenista entre los primeros diez del ranking mundial, no sería lógico un torneo ATP en Guadalajara? ¿No es absurdo que Michoacán y la ciudad de México (con gobiernos perredistas) aprovechen la oportunidad histórica de tener una tapatía como la mejor golfista del mundo y Guadalajara no? Hay un problema de discurso de parte del gobierno de Jalisco: le cuesta explicar sus decisiones de manera clara y coherente. También es cierto que hay en la opinión pública una desconfianza básica en la forma como gasta el gobierno y también hay un claro prejuicio en torno al golf, al Country y al gobierno, que juntos resultan explosivos.

Lo que nos da a los tapatíos un torneo LPGA es marca de ciudad. Vamos a gastar un millón de dólares en impactar al segmento más alto del mundo. ¿Lo necesitamos? Sí, porque son los tomadores de decisiones y para muchos de ellos Guadalajara no existe. ¿Hay otras necesidades? Sin duda, pero decir que ese dinero se pudo invertir en otra cosa es un falso dilema: lo mismo podemos decir de que hay muchos diputados, demasiados burócratas, un gran desperdicio de recursos en los partidos, etcétera. Si planteamos dónde está mejor gastado el dinero, en los partidos o en un torneo de golf, la discusión sería interminable. Lo que sí debemos hacer es exigirle a los partidos que el dinero que se gastan, que es nuestro, reditué en bien para la comunidad, y al gobierno que nos muestre cuál es el beneficio del torneo y cuál es el plan de marca donde se inscribe. Gastar un millón de dólares y no hacer nada más es una pésima inversión; gastarlo como parte de un plan para regresar a la ciudad al mapamundi, es una excelente decisión.