Preservar, difundir y estudiar, actividades primordiales

Para Felipe Solís, director del Museo Nacional de Antropología, el registro de piezas arqueológicas es una obligación de quienes cuentan con estos objetos; además de evitar el saqueo de fósiles representa un legado a las futuras generaciones sobre la historia de la región. El funcionario ofreció ayer una charla sobre Chichén Itzá en el Museo Regional.

Torreón.- Felipe Solís, director del Museo Nacional de Antropología, llegó a la ciudad de Torreón para compartir sus conocimientos sobre la cultura maya.

En su charla sobre Chichén Itzá, demostró su gran fervor hacia la magia que tiene este sitio, la historia que cuentan las paredes de su pirámide y las demás construcciones que existen alrededor del estado de Yucatán.

Por otro lado, habló sobre la labor que deben hacer aquellas personas que tienen piezas que no están registradas ante el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Asegura que Coahuila tiene una gran identidad con los descubrimientos que se han hecho hasta la fecha.

El registro de piezas es una manera de incrementar la identidad de cualquier región.

¿Qué otra función realiza esta actividad?

Es un elemento para comunicarle a la gente que en la medida en que destruya, la medida en que se saquee, el futuro de los coahuilenses será más pobre.

Cada región del país tiene su propio signo de identidad, pero los fósiles son parte del pasado geológico de una entidad como Coahuila.

Están ahí, son propiedad de todos y creo que lo importante es no traficar con ellos. No hay que destruirlos porque tienen su sentido.

Es decir, están vinculados con su entorno a donde fueron depositados donde quedaron los fósiles al igual que los objetos arqueológicos, igual que los petroglifos.

¿Cómo ve a Coahuila en cuanto a identidad se refiere?

Coahuila tiene una entidad patrimonial; entonces, los petroglifos están en su sitio.

Formaban parte de un paisaje ritual que los indígenas del pasado identificaban claramente.

Ese trabajo tan minucioso de crear círculos, espirales o líneas curvas o figuras humanas o animales, tenían el propósito de crear un espacio sagrado y que la gente que hiciera ritos, de generación en generación podía identificar ese espacio.

Pero si la modernidad hace que un terreno ya sea de propiedad particular, o del que sea, dice eso es mío, yo lo arranco, yo lo destruyo o yo lo vendo; entonces sus futuros hijos no tendrán identidad.

No se persigue a coleccionistas de piezas, pero, ¿cómo incentivarlos a que registren los objetos encontrados?

La idea es que la ley precisamente se hizo en 1972 con el propósito de darle elementos a los particulares. Es decir, se permite tener las colecciones, pero registradas por supuesto.

Si no hacen esto, es ilegal en primer lugar, pero lo más dramático es que no se cumple con la ley, pero también al registrarlas, se puede decir que ya cumplió. Aquí mis hijos, mis descendientes, se van a dar cuenta que esas piezas tenían un valor muy importante para nosotros y para quienes lo hicieron. Es una necesidad, una obligación, pero también es un compromiso.

¿Considera que la difusión con tecnología como el Internet es mejor que los libros?

Ambas se complementan, supongo que el libro a futuro tendrá menos participación en la vida cotidiana y esto va a ser beneficioso para los bosques, pero finalmente el libro no desaparece. El libro o el Internet o cualquier medio de comunicación nuevo, simplemente se va a complementar.

Tienen el conocimiento, es la manera de difundirlo, va a variar, pero yo creo que la experiencia, lo sabroso de tomar un libro y ojearlo y comunicarse con él a través de los grabados, de la textura del papel, ningún Internet lo va a lograr.

Uno de los compromisos que tiene el INAH es la conservación de los sitios o piezas arqueológicas. Durante algún tiempo, se podía subir a las pirámides, lo que provocaba un desgaste.

El instituto ya metió orden, ya no se puede subir a todos lados, ya no se puede bajar por donde se quería, rompiendo parte de las construcciones antiguas.

Poco a poco el instituto ha ido metiendo una serie de reglas.

De reglas de conducta para que podamos preservar.

Pero hay que recordar que son tres tareas primordiales, la de preservar, difundir y estudiar. Y yo hago uno de estos, que es el de difundir.

A su parecer, ¿los mexicanos están conscientes de su patrimonio cultural?

Sin duda, tanto tiempo que ha ocurrido, la educación y su efecto, enseñando, ha creado conciencia.

Creo que hoy día aunque no lo exprese de una manera tan abierta, pero el público mexicano, los jóvenes, los adultos, están enterados de quiénes son los olmecas, los mayas, los aztecas, dónde está Chichén, donde está Teotihuacan y sin duda esto es una prueba de que valoramos.

A veces en ese sentido tan peculiar que se ha llamado malinchismo, como que a veces apreciamos más lo egipcio que lo mexicano, pero de que lo conocemos, sí lo conocemos.

HACER HISTORIA CADA DÍA

En su papel como director del Museo de Antropología, las metas son muchas y los compromisos se hacen más grandes.

Una de las ocupaciones que tiene Solís al mando del recinto cultural, es la creación de públicos. Pero también tiene metas personales que no ha alcanzado.

La conjunción de tiempos entre ser el encargado de la institución y sus investigaciones, es lo que lo mantiene al acecho de nuevos éxitos.

En su experiencia como director del museo, ¿cuál es el público más difícil de cautivar?

Yo creo que no hay público difícil. Tienes que crear públicos.

Tienes los públicos cautivos que son los niños de las escuelas. Muchas veces las visitas no se hacen de la manera adecuada, y entonces los niños reaccionan negativamente.

Por eso, cuando vienen, sienten malestar por estar aquí obligadamente.

Entonces, qué debemos de hacer, pues crear una serie de actividades hacer exposiciones novedosas, tener recursos audiovisuales, mucho más adecuados a lo que los niños están teniendo a su alcance.

Entonces serán los nuevos públicos, pero tenemos también la obligación con los niños de la calle, con gente de capacidad diferente, con los adultos mayores.

¿Cuál es la labor más urgente a desarrollar en el Museo de Antropología?

La labor más urgente es en este momento, preparar todos los programas para la celebración del centenario. Esto a partir de extraordinarias exposiciones que hemos preparado con el INAH.

Acaba de pasar una de España y en diciembre habrá una dedicada a los zares, a la familia real Romanov, de Rusia, que es toda una época de autocracia, de falta de presencia del pueblo, pero que finalmente da una identidad a los rusos de ese momento.

Es una exposición que va a traer mucha gente el año que viene.

Se planean exposiciones que tengan que ver con los mares del sur, dedicadas a otras culturas y se planea otra gran exhibición en la que se demuestra que los mexicanos seguimos haciendo historia. Que todos los museos tienen ese propósito, hacer historia cada día.

A lo largo de su carrera, ¿cuál ha sido la colaboración más importante en la que ha participado?

Mi estudio de arqueólogo, estoy especializado en la cultura del Tajín, en la cultura del centro de Veracruz, etcétera.

Pero el destino, uno propone y Dios dispone, me ofrecieron al final de mi carrera universitaria, la colección mexica, entonces comencé a trabajar con los mexicas del Centro de Antropología y en un momento dado, con un grupo de colegas, tuve la oportunidad de participar en la noche del descubrimiento de Coyolxauhqui, que es algo realmente extraordinario.

Yo lo veo a la distancia como un regalo de los dioses antiguos que me permitieron estar con mis colegas y sacando a la luz de la madrugada, pude saber quién era, que es la hermana de Hutzilopochtli, que lo descubrimos por sus adornos en las mejillas.

Entonces para mí es como parte de todo este trabajo desde estudiante de arqueología, investigador del INAH y ahora como director.

¿Cuál es la meta que no ha alcanzado y que le gustaría conseguir en futuras fechas?

Las metas que no he alcanzado, son los libros que he planeado desde hace ya tres o cuatro años, que no he concluido y que tengo que hacer un gran libro dedicado a la escultura mexica, porque hace falta un libro monumental que incluya los mejores ejemplos y un estudio muy minucioso del estilo que identifica a los mexicas.

La charla sobre Chichén Itzá

A pesar de que su especialidad es en la cultura azteca, el director del Museo de Antropología, ayer habló con los laguneros sobre los estudios que ha hecho en cuanto a la cultura maya y sus edificios.

“En el caso de Chichén Itzá, es uno de los sitios más extraordinarios que posee México.

Incluso a grado tal que se candidateó(sic) para que estuviera concursando con otros lugares extraordinarios patrimoniales para considerárseles las nuevas siete maravillas del mundo y ganó contra otros sitios”.

Para Solís, este lugar cuenta con una arquitectura magnífica, que es lo que ha estudiado, al igual que su simbolismo. “Porque ahí lo que tenemos son como libros en piedra.

Usted recorre el juego de pelota, las monjas, el castillo”.

Además, explicó que si se tiene la posibilidad de estar en la posición del sol en la fecha equinoccial, entonces la llamada bajada de Cuculcán, “es algo realmente notable porque con el ingenio y la precisión de los arquitectos mayas que observaron los astros, lo construyeron de tal manera, que la proyección de la sombra sobre los cuerpos del edificio va provocando una especie de movimiento aparente de luz y sombra que dan al norte del edificio y que conectan al cenote sagrado”.

Karla Lobato Huerta