16 de mayo
Miércoles, 12 Noviembre, 2008Lo que no pueden hacer con los narcotraficantes, lo hacen con la gente sencilla y humilde, y grande. Son muchos los abusos de autoridad que vemos día con día en la ciudad. El pasado 16 de mayo, las policías, la municipal de Escobedo y la estatal de Nuevo León, pusieron a andar un operativo de Estado basado en la prepotencia, el cual continuó aceitando los días siguientes la jueza María Francisca Marroquín Ayala.
Este operativo atropelló a un grupo de personas y nos va quedando claro que pudo haber sido implementado para atropellar y arrasar a cualquier otro ciudadano común, sencillo y humilde, y grande, de esos tantos que hay por las calles de Monterrey y que faltan en las oficinas del poder.
Por órdenes del mal gobierno que padecemos en Nuevo León, ese 16 de mayo, Alicia Gutiérrez, Juan Balderas, Gabriela Bautista y José Obed Juárez fueron vejados, detenidos y encarcelados en el penal del Topo Chico como si fueran delincuentes, cuando los que los conocemos sabemos que los verdaderos criminales son algunos de los que se apoltronan, de punta a punta de la Macroplaza, en sus escritorios.
El 15 de mayo pasado, ellos cuatro, junto con otras 60 personas de la colonia Nueva Castilla, regresaron a los terrenos que les habían arrebatado los traficantes inmobiliarios encubiertos como funcionarios del Instituto Estatal de la Vivienda. Al día siguiente fueron atacados por decenas de esos policías que pagamos para que nos protejan, pero que en realidad se dedican a proteger intereses de las mafias. Y no estamos hablando en este caso de las mafias de narcotraficantes.
Varias empresas inmobiliarias se encuentran interesadas en los terrenos de Nueva Castilla en Escobedo. La escritura pública realizada por Eduardo Adolfo Manautou Ayala, señala que existen seis empresas que adquirieron estos terrenos a través del Instituto de la Vivienda de Nuevo León.
Tras pagar 66 millones de pesos, Grupo Prohabimex, Urbanizadora del Campestre e Inmobiliaria Trayectos, propiedad de Ernesto Milmo Rangel, obtuvieron el 15 por ciento de la tierra.
Ingeniería y Obras, de Carlos Enrique Acosta Valle; GP Espacios Inmobiliarios, de José María Garza Ponce, y Javer, de Salomón Marcuschamer, también entraron al negocio de la compra de estas tierras. Finalmente Inmobiliaria Valle Rey, de Gonzalo González Ayala, y Maple Urbanizadora, de Ramiro Guzmán, quien pretende también construir Valle de Reyes, completan el cuadro de inversionistas en esta zona.
En total, las triangulaciones de dinero ascendieron a 396 millones 845 mil 560 pesos por los terrenos que incluían la colonia Nueva Castilla.
¿Qué fue lo que hizo el Instituto Estatal de la Vivienda?: compró Nueva Castilla a Infonavit con dinero de las urbanizadoras. Se comprometió a entregarlas con servicios e infraestructura urbana a cambio del diez por ciento de la reserva territorial.
Qué buen negocio para todos, menos para el bien público.
Como bien lo apunta Raymundo Pérez Arellano, reportero de MILENIO Televisión, “el despojo de Nueva Castilla es un negocio redondo para el Gobierno y las desarrolladoras. Ciento ochenta y seis hectáreas que estaban en el limbo legal ahora quieren quedarse con ellas. Haciendo un cálculo conservador, los un millón 860 mil metros cuadrados multiplicados por mil pesos (bajita la mano) que costará el Metro en esta zona cuando cuente con todos los servicios, estamos hablando de la friolera cantidad de mil 860 millones de pesos.
“Una cantidad que justifica el envío de policías –incluido el equipo especial canino–, el desalojo ilegal, la violación de un amparo, los autos de formal prisión, la represión, la intimidación, la privación ilegal de la libertad, la destrucción y saqueo de casas en contra de los colonos de Nueva Castilla”.
Alicia Gutiérrez, Juan Balderas, Gabriela Bautista y José Obed Juárez ya están libres, aunque con la amenaza latente de volver a ser detenidos. Solamente queda encarcelado Gerardo Armendáriz, un joven que cometió dos delitos: solidarizarse con la lucha de los otros y ser anarquista.
Estos dos delitos parece que en el Nuevo León del siglo XXI son peores que el de ser traficante de drogas…
O de influencias.










