Nuevo Secretario, nuevos negocios
Martes, 11 Noviembre, 2008El flamante Secretario de Gobernación tendrá que acreditar en los hechos las cualidades que en él vio Calderón.
El nombramiento de Fernando Gómez Montt como sustituto del desaparecido Juan Camilo Mouriño en la Secretaría de Gobernación sorprendió a propios y a extraños, pues no estaba considerado en ninguna de las diversas ternas que se elaboraron los días previos por los analistas políticos.
En ellas aparecían personajes como Ricardo García Cervantes, Josefina Vázquez Mota, Jorge Zermeño, Héctor Larios, Gustavo Madero y hasta Diego Fernández de Cevallos, pero no el principal socio de uno de los despachos de abogados más caros del país.
Como responsable de la política interior y dada la complejidad del actual momento, tanto en lo político como en materia de seguridad, se esperaba a un político de carrera y con amplia trayectoria en el servicio público, aspectos ambos que poco o nada tienen que ver con Gómez Montt, pues él prefirió dedicarse al ejercicio libre de su profesión y no al servicio público.
Fue así que integró uno de los despachos de abogados más caros y reputados de la Ciudad de México, y donde la capacidad jurídica nunca ha estado reñida con el tráfico de influencias en los Tribunales y la Suprema Corte.
Ayer al momento de tomar protesta como nuevo titular de Gobernación dijo que a partir de ese momento dejaba todos sus negocios, lo cual es harto difícil de creer en un personaje que le gusta ganar millonadas en los casos que atiende.
No es improbable que, como ha ocurrido con otros abogados litigantes que de repente de dedican a la función pública, a través de interpósitas personas siga atendiendo su despacho.
Y ahora desde una posición absolutamente estratégica para la buena marcha de sus asuntos.
Gómez Montt no llega a Gobernación por el sueldo, ni porque le interese sobremanera el desarrollo del dialogo democrático con los partidos de oposición, sino para atender una solicitud del presidente Calderón y para aprovechar las potencialidades que le ofrece el cargo para el desarrollo de sus negocios.
Por eso puede decirse que el flamante secretario de Gobernación tendrá que acreditar en los hechos las cualidades que en él vio Calderón, pues de lo que él se sabe puede decirse que no cuenta con los requisitos mínimos para un cargo de tamaña importancia, y menos en el momento actual, cuya gravedad exige políticos verdaderamente profesionales y con amplia experiencia en impulsar el diálogo y la negociación política.
El flamante sustituto de Mouriño no es un político profesional, ni un experto en cuestiones de seguridad, ni siquiera un personaje medianamente conocido por la población, sino el socio de un despacho de abogados -”Zinser Esponda y Gómez Mont Abogados”- cuyos honorarios son de millones de pesos.
Y si no que lo digan Rogelio Montemayor, Raúl Salinas de Gortari, Jorge Lankenau, Gerardo de Prevosin y Carlos Cabal Peniche, cuyos casos penales él los llevó con singular éxito, tan es así que todos están libres como si nada hubiera pasado.
Lo que incomoda a más de uno es la estrecha relación que siempre ha habido entre Gómez Montt y Diego Fernández de Cevallos, quien sabiendo de las reacciones que iba a despertar esa relación salió ayer mismo a desmentir que él hubiera propuesto a Gómez Montt a Calderón.
Además, de todo el mundo es sabido el uso torcido y siempre interesado que Fernández de Cevallos ha dado al servicio público, al grado de litigar siendo senador de la república haciendo gala de tráfico de influencias para que Hacienda devolviera a la empresa Jumex más de mil millones de impuestos aprovechando un recoveco jurídico.
La estancia de Mouriño en Gobernación dejó a la Secretaría sin peso alguno en el diálogo democrático interpartidista, por más que diga lo contrario su alter ego Felipe Calderón, por lo que se requería una figura con credibilidad e influencia política; pero no es el caso del flamante titular.
Se requería que el nuevo secretario contara con un perfil que infundiera esperanzas de cambio en materia de seguridad pública, ya sea porque fuera de mano dura o porque fuera un experto en cuestiones de seguridad, pero tampoco se cumplieron con él las expectativas.
Serán los hechos los que ubiquen a final de cuentas al nuevo titular, aunque por sus antecedentes se puede pronosticar que no hay mucho que eserar de su gestión; y antes por el contrario, puede que la dependencia termine siendo una oficialía de partes en los negocios del flamante secretario.
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