Neoskin: fraude maquinado
Lunes, 10 Noviembre, 2008
El asunto de Neoskin, la empresa que rasuró a clientes, proveedores y hasta las autoridades hacendarias, es más delicado de lo que muchos piensan. Se trata de un fraude millonario en el cual se pueden encuadrar varios delitos.
No soy abogado ni pretendo serlo, pero a simple vista se puede observar que en este caso se confabularon varias personas para 1) estafar a miles de personas que confiaron en la seriedad de una empresa, y 2) de paso evadir al fisco, porque esto fue planeado y hasta se dieron el tiempo para crear Máxima Láser, la cual se dedica al mismo giro.
La historia de Neoskin, fundada aquí por la familia Garza Lagüera, se remonta años atrás, cuando Eduardo Martínez, nacido en Matamoros, Tamaulipas, le compró a los dueños originales la franquicia y poco tiempo después desarrolló todo un emporio que le ha dejado ganancias millonarias.
Lalo Martínez pertenece a una familia dedicada al negocio de los parques industriales y que además poseen la marca Águila Real, dedicada a la venta de accesorios para automóviles en la avenida Pablo A. de la Garza.
Por diferencias entre hermanos, se separó de ellos para dedicarse de lleno a Neoskin, vendiendo franquicias en todo el país e incluso en el extranjero. Todo marchaba sobre ruedas, pues aunque cada día había más competencia, sus ingresos iban en aumento.
Es falso, como argumenta el señor Martínez, que la crisis económica lo haya obligado a cerrar. Miente porque días antes de hacerlo, sacó toda la maquinaria sin avisar a los empleados, y la trasladó a una naciente empresa llamada Máxima Láser, que según dicen, es de su propiedad.
El fraude de Neoskin es de mayores dimensiones de las que hasta ahora se le ha dado. Por ello no es suficiente con la intervención de la Procuraduría Federal del Consumidor, que es la instancia encargada de defender a las personas afectadas.
Los propios trabajadores cuentan que días antes tuvo el descaro de pedirles a sus vendedores que hicieran una promoción para ofrecer servicios de depilación en pagos diferidos, con lo cual pudo obtener una última remesa de dinero.
Se requiere, además, la intervención de la Procuraduría General de la República, en cuanto a la evasión del pago de impuestos, porque el señor Martínez tiene mucho dinero, pero quiere aparentar otra cosa para salir bien librado.
También deberán entrar las autoridades laborales, porque hay cientos de empleados que se quedaron sin trabajo y para evadir sus responsabilidades como patrón se llevó la maquinaria días antes.
Lalo Martínez es un sujeto sin escrúpulos que deberá ser tratado, no como un empresario en problemas, sino como un delincuente consumado.
miguelangel.vargas@milenio.com


