Redes sociales y musicales: de rotos y descosidos

Álbum, una banda independiente de MonterreyEn Internet para cada usuario roto hay una red social descosida. Tenemos grupos para fotos (Flickr), libros (GoodReads), escuela (Facebook), contactos de trabajo (LinkedIn), entre muchos otros. Nos inscribimos a cada uno de los sitios, publicamos nuestras obsesiones a ras de piel con una buena foto nuestra, y las convertimos en un arma para hacer amigos.

La música, el tesoro que se disputan los navegantes de Internet, tiene su propio telar de redes sociales. Pero éstas están fragmentadas por detalles y servicios: está la que te deja poner las canciones de tu banda (MySpace); la que registra la música que escuchas (Last.FM); la que usas para crear un perfil musical chido, y para opinar de artistas y discos (Mog); la que te sirve para microbloggear acerca de canciones (Blip.FM); y así hasta llegar al absurdo. Lo que conservan en común es la facilidad de relación entre usuarios, de exponerlos y entretejerlos.

Cada una de éstas está clavada con un detalle musical, tiene sus respectivas reglas, y muchas veces no son incluyentes con otros tipos de redes. Ya quisiéramos algún tipo de formato de exportación aparte del RSS. Muy similar al fútbol, invitan a los usuarios a ponerse una camiseta y que se vuelquen sobre sus sitios favoritos con la esperanza de que el suyo resulte ganador entre la gran disputa electrónica.

Hay muy pocas que se atreven a ser integradoras de servicios. Last.FM, por ejemplo. Además de contabilizar lo que escuchas, te permite tener radio, crear eventos y buscar usuarios que sean compatibles contigo musicalmente. Recientemente también se alió a HypeMachine para que las rolas que escuches en ese sitio –que es un agregador de blogs de mp3s– también aparezcan en tu página de usuario.

De todas maneras, Last.FM está alejado de ser el lugar para contar historias, para hacer reseñas, para enterarte de los nuevos discos, para checar las fecha de tour de algún artista, para subir fácilmente rolas de tu banda, etcétera. Con el mínimo esfuerzo podemos encontrar remaches y ataduras para buscar los brazos de otro descosido.

Hablando de, recientemente me tocó conocer GigLovers, una red social para los que son amantes de los conciertos. Pensé que sería lo que buscaba: un lugar para contar por qué Apocalyptica fue el primer concierto grande al que asistí –por allá de 1999, donde también conocí a uno de mis primeros amores– y para ver si alguien más tenía recuerdos bochornosos al respecto.

Sin embargo, cuando me enfilé al listado de conciertos para crear mi perfil –con esa ansiedad tan deliciosa con la que uno empieza una cuenta nueva o desviste a una persona por primera vez– me encontré con dos decepciones. Primero: GigLovers sólo registraba conciertos de Estados Unidos. Segundo: GigLovers no permitía que los usuarios registraran sus propios conciertos.

Entiendo que quizá por estar en etapa beta –o aquel intermedio entre etapa beta y etapa madura– este proyecto electrónico no pueda tener todas sus funciones al máximo. Que sus servidores no pudieran aguantar el flujo de información que maneja Eventful o Upcoming, otros sitios especializados en compartir eventos, por no tener el respaldo de una gran corporación tecnológica.

Es tolerable, pues. Pero aún las que lo tienen –como en el caso de Last.FM, que es hijo de CBS, la cadena de la tele y el radio estadounidense–, siguen teniendo una que otra pata coja, especialmente ante el constante nacimiento de nuevos proyectos con algún detallito que no tengan. O el nacimiento de scripts de GreaseMonkey para Firefox para modificar los sitios al antojo de los usuarios. O de redes sociales, como Facebook, que incluyen otras redes como módulos: el mismo Last.FM, iLike, esas cajitas en los perfiles de los usuarios o inclusive como parte de sus actualizaciones. Como si con el tiempo se fueran descosiendo más, mientras que nuestras roturas se mantienen. No sé. ¿Es muy ambicioso querer dejar de tener menos passwords sin dejar de darle vuelo a la hilacha?

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La foto es de La Pola.

Yo soy blogger, me fascina

Yo soy blogger, me fascina serlo, gracias a ello he conocido a gente estupenda.

Hace algunos días un tipo me contó una historia probable. Según él los blogs morirán en dos años, como máximo, no me dijo si se autodestruirán, explotarán o… no sé, pero la historia me conmovió de manera tal que me refugié a llorar en mi habitación :(

Hola, acabo de descubrir tu

Hola, acabo de descubrir tu blog. Esteré leyéndote más.
Tus escritos me llevan a pensar de alguna manera en James Tully.