Los riesgos de Barack Obama

Martes, 4 Noviembre, 2008

La bala que en el futuro podría partir en pedazos el cráneo o el corazón del candidato demócrata, Barack Obama, quizá reposa en el cargador de un arma sin número de serie y sin rastros de huellas digitales, a la espera de que el enguantado dedo de un asesino por encargo oprima el gatillo. Es una tétrica posibilidad que ni siquiera descartan los integrantes más cercanos del equipo asesor de Obama.

La historia de Estados Unidos en los siglos XIX y XX registra cuatro asesinatos de presidentes: Abraham Lincoln en 1865, James Garfield en 1881, William McKinley en 1901 y John Kennedy en 1963. Otros siete mandatarios sobrevivieron a intentos de muerte: Andrew Jackson en 1835, Harry Truman en 1950, Richard Nixon en 1974, Gerald Ford en 1975, James Carter en 1979, Ronald Reagan en 1981 y William Clinton en 1994. Ningún otro país del mundo ostenta este récord.

Ya circula un chiste en internet. En la puertas del cielo, San Pedro está recibiendo a los recién llegados y le pregunta al siguiente en la fila: “¿Y tú quién eres y qué hiciste en la Tierra?”. “Soy Barack Obama y fui el primer presidente negro de Estados Unidos”. “¡Un presidente negro en Estados Unidos! ¿Cuándo fue eso?”. “Hace una media hora”.

Hoy, tras 21 meses de campaña, más de 153 millones de estadunidenses elegirán al nuevo presidente de Estados Unidos. De acuerdo con varios sondeos, Obama es el favorito, con una ventaja de entre ocho y 11 puntos sobre su rival republicano, John McCain, en elecciones con una asistencia sin precedentes, en las que participa 73.5 por ciento de la población mayor de 18 años, diez millones más que en los últimos comicios de 2004.

¿Cuáles son los factores de riesgo para el candidato demócrata? En primer lugar no es blanco, ni anglosajón, ni protestante y, por eso mismo, generó expectativas entre los electores negros y de origen hispano, junto con los menores de 30 años, generalmente ausentes de las urnas.

Adelantó que está dispuesto a dialogar con países considerados “enemigos”, como Cuba, Venezuela, Irán y Corea del Norte. En el caso cubano, definió como “un fracaso” la política de Washington; en lo que atañe a Venezuela, es partidario de un enfoque más diplomático.

Se opone al acuerdo de libre comercio pendiente con Colombia, país considerado punta de lanza de Estados Unidos en América del Sur. Y en un discurso en Florida, se refirió a “las esperanzas del niño en las favelas de Río, la seguridad para el policía en la Ciudad de México y el acortamiento de la distancia entre Miami y La Habana”. Si es cierto, podría ser demasiado.