Los empresarios se acercan a Obama
Compañías tradicionalmente proclives a dar su apoyo —y dinero— a los republicanos ahora buscan a los demócratas.
Si hasta la industria farmacéutica se ha metido en la pelea, es que lo que está en juego es grave. Desde hace 25 años, ella ha sido, junto con la industria petrolera, un pilar del financiamiento republicano. Contribuyó cerca de tres veces más al financiamiento de la campaña de George Bush contra Al Gore en 2000; y aún dos veces más en 2004, cuando Bush se enfrentó para un segundo mandato a John Kerry. No obstante, esta vez la diferencia es muy tenue: 51% de su maná ha ido al candidato republicano John McCain, 49% al demócrata Barack Obama.
Pero hay más: este año, el lobby de las compañías farmacéuticas, el PhRMA (Pharmaceutical Research & Manufacturers of America), repartió sus 13.2 millones de dólares asignados a las elecciones para renovar la Cámara de Representantes entre tres republicanos y... ¡25 demócratas! “La industria de la medicina se adapta al anunciado golpe de puño demócrata”, tituló el 24 de octubre el Wall Street Journal. Es decir, al posible ascenso a la presidencia de un hombre que promete una amplia reforma del sistema de salud y cuyo partido dominaría la Cámara y el Senado.
Para los empresarios estadunidenses, más que un apoyo personal, financiar una campaña es, en primer lugar, una apuesta estratégica que busca preservar los intereses de su firma. Los lobbies contribuyen a promover los intereses generales del sector que los remunera. La industria farmacéutica, por ejemplo, busca evitar que se imponga un límite al precio de los medicamentos al público (al menos de los más comunes), hoy libre. Los grandes laboratorios temen la atribución de poderes amplios a la FDA, su autoridad pública de control. Temen, asimismo, ver limitadas su publicidad, o que una nueva Administración ceda a la exigencia de las asociaciones de consumidores de facilitar las denuncias contra los medicamentos nocivos o ineficaces.
Al contribuir a financiar una elección, los empresarios se dan los medios para recordar al presidente electo sus compromisos y de garantizarse los defensores entre los representantes legislativos. He ahí por qué todos los sectores “donan” a los dos partidos: porque si bien es importante estar bien colocado ante la formación dominante, también lo es tener a su relevo en la oposición. El funcionamiento de las instituciones en EU, donde el partido minoritario puede impedir la adopción de una ley en tanto ésta no obtenga 60 votos (sobre 100 miembros) en el Senado, hace que tener una “palanca” en la oposición sea esencial para ganar una decisión o impedirla.
Obama ha insistido en el hecho de que su campaña rechaza el dinero de los lobbies. Pero ¿para qué se reunió hace más de una semana, en una cena privada, con Robert Wolf, presidente del banco UBS de Estados Unidos? La decena de empresarios que fueron invitados al encuentro dirigen bancos o fondos de inversión, salvo dos de ellos: Leo Corbett, del directorio de EMI Music, y Orin Kindler, director general de la sociedad farmacéutica Pfizer. La presencia de este último desentonó junto a los representantes de las finanzas y del espectáculo, que figuran entre los sectores más generosos a favor del senador demócrata. Groseramente, se puede decir que las esferas de actividad emergentes son más bien “obamistas”, y las de la “vieja industria” más bien en contra. Así, el sector petrolero financia a McCain con 76%, y el del medio ambiente a Obama con 92%.
Tradicionalmente, el automóvil y el transporte aéreo son republicanos (y sus sindicatos, históricamente poderosos, cantera de demócratas). Este año, la energía, los bancos de depósito, las aseguradoras y el tabaco han financiado esencialmente a los republicanos, junto a la telefonía y la farmacia también, aunque en menor medida. En tanto, el mundo de las finanzas, el espectáculo y las profesiones jurídicas son favorables a Obama, y aún más la informática y la red internet. Hermanos enemigos, Bill Gates (Microsoft) y Eric Schmidt, presidente de Google, están claramente comprometidos de su lado.
Pero más que la repartición de derramas, su evolución tendencial es significativa de la actitud del empresario estadunidense. En todos los casos, Obama es el beneficiado. Dos ejemplos: los seguros vertieron las dos terceras partes de sus donaciones a George Bush en 2004, pero ahora no dieron más que 55% a McCain. A la inversa, la informática repartió en 2004 su dinero 52 a 48% a favor de John Kerry, y este año privilegió a Obama con 64%.
Por lo visto, el empresario estadunidense se prepara para ver entrar en la Casa Blanca al candidato demócrata. En un periodo en que, después de los bancos, los fabricantes de automóviles llaman al Estado en su auxilio —siguiendo a las compañías aéreas, la mayoría al borde de la quiebra—, muchos de sus miembros comienzan a pensar que el plan demócrata “estatista” de salir de la crisis no sería obligatoriamente una catástrofe.
_____
© Le Monde
Traducción: Irene Selser










