‘Max Payne’: ‘Game over!’…
Sábado, 25 Octubre, 2008Es una película basada en el videojuego Max Payne de acción en tercera persona desarrollado para la computadora. Es decir que cuenta con un protagonista. Desde luego no es para niños y está marcado con una clasificación para adultos. Esto viene a corroborar una vez más lo que ya hemos señalado últimamente y varias veces, una buena parte de los adolescentes y adultos jóvenes norteamericanos siguen atrapados en la niñez y mantienen un comportamiento infantiloide que tristemente es copiado en el resto del planeta, y el que se haya hecho frecuente o popular no lo hace necesariamente aceptable o sano. El problema es que el videojuego mantiene a la conciencia en una especie de limbo en donde no se establecen juicios críticos y se promueven acciones que, llevadas a la vida real, rayan en lo perverso, lo criminal y serían hasta motivo de prisión. “Es que sólo es un juego”, dicen algunos, el problema es que enseñamos y acostumbramos a nuestro cerebro a pensar y a actuar de cierta manera. Cualquier persona con un poco de educación y cultura sabe que hay partes del cerebro que no discriminan entre la realidad y la fantasía, sólo obedecen instrucciones.
Por otra parte, lo ‘divertido’ en los videojuegos es su interactividad, es decir, el jugador participa y el juego le responde y envía nuevas situaciones sobre las que nuevamente el jugador actuará. Pero cuando ese videojuego es trasladado a la pantalla, lo primero que se pierde es precisamente esa interactividad, ya no hay controles ni dispositivos, quedamos a merced de lo que pasa en la pantalla y creo que la experiencia es similar a la de ver jugar a alguien más y sin poder intervenir en absoluto. Perdió lo divertido. Muchas balas, mucho ruido, mucha sangre.
Como película, Max Payne es un derroche de recursos, hay evidentemente mucha producción, un cuidado fotográfico muy marcado, un actor de primera línea como lo es Mark Wahlberg, pero, lástima, con un pésimo guión. Una trama inverosímil, imposible de tragar y para colmo poco original y además predecible.
Es una cinta triste, oscura, pesimista y llena de rencor regida por una de las emociones más dañinas que pueda sufrir un ser humano: el deseo de venganza. Da inicio con una de las visiones más pesimistas y faltas de esperanza que recuerde: “No creo en el cielo. Creo en el dolor. Creo en el miedo. Creo en la muerte.” Cuenta la historia de Max Payne, un investigador de homicidios en la ciudad de Nueva York recluido como oficinista en el área de casos sin resolver y quien espera poder vengar el asesinato de su esposa y su bebé, quienes fueron salvajemente acribillados. Ésta es una variante de historias similares que ya se han contado mucho mejor y hasta con civiles como en El vengador anónimo hace más de 30 años. Esto se mezcla con una investigación relacionada con una droga que se ha desarrollado para el gobierno y que sirve para convertir a los militares en una especie de seres superdotados, ¡ups! No estaré hablando de Hulk, ¡no!, cualquier parecido es mera coincidencia. El resto es pura acción sin sentido. No sé a ustedes, pero a mí ya me aburren hasta el sueño las peliculitas del protagonista solitario que es capaz de acabar solito con ejércitos enteros con su pistolita y sin recibir en cambio ningún rasguño. Creo que Mark Wahlberg es un buen actor, pero aquí se la pasa con cara de palo y su presencia es tan fría que no hay posibilidad alguna de poder tener empatía con él. Por su parte, Beau Bridges hace una de las interpretaciones más malas que haya visto en la pantalla.
El peor error con Max Payne es que ni la cinta ni su personaje ofrecen nada memorable ni nada interesante.










