El encierro del lamento

Rousseau envidió la gloria de los mártires. Por eso hizo arte de la queja, por eso fue un exhibicionista del sufrimiento.
El encierro del lamento.
El encierro del lamento. (Adrián Pérez)

Ciudad de México

Quiso reinventar el mundo pero no salió del espejo. Imaginó el pacto de la fraternidad, llamó a refundar la escuela, exigió la clausura de los teatros y el abandono del pentagrama. Soñó con la recuperación de la inocencia. Le cantó, como nadie, a la libertad. Cada empresa intelectual era, sin embargo, más que un proyecto, una confesión. No escribo libros, dijo, pinto autorretratos. Cada párrafo de Jean Jacques Rousseau, no importa si denuncia tiranos o maldice las artes, es una melodía que refleja su imagen o, más bien, su sufrimiento. El dolor era el salvoconducto de su escritura. El suplicio, fuente de su autoridad. La soledad del perseguido era, para él, origen de escritura auténtica. Fue un romántico intratable.

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JOS