La triste realidad en las contrataciones públicas

Existe, desde hace un tiempo considerable, un consenso rotundo: la corrupción y el débil Estado de derecho que nos caracteriza como país son los frenos principales para el desarrollo y la prosperidad.
 El país despegará en la medida que sea capaz de convertirse en una sociedad regida por reglas y no por ambiciones individuales.
El país despegará en la medida que sea capaz de convertirse en una sociedad regida por reglas y no por ambiciones individuales. (Victor Solís)

Ciudad de México

Para empezar esta titánica labor conviene atacar aquellas áreas más propensas a la corrupción. Según estudios del Banco Mundial, alrededor del mundo es más frecuente que los privados realicen algún tipo de pago irregular o soborno para recibir contratos que para recibir servicios públicos, ventajas judiciales o evadir impuestos. Reportes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos son coincidentes al señalar que más de la mitad de los casos de corrupción ocurrieron para obtener un contrato público. Esto tiene una explicación sencilla: hay mucho dinero en juego y los beneficios —tanto para privados como para funcionarios— pueden ser fáciles e inmediatos.

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