La nobleza de la crueldad

Siempre he vivido en el país equivocado, decía H. L. Mencken. Para Borges el periodista norteamericano era tan admirable como irrepetible. 
Imposible exportar la figura de un crítico dedicado al arte de vituperar al país propio.
Imposible exportar la figura de un crítico dedicado al arte de vituperar al país propio. (Adrián Pérez)

Ciudad de México

No es extraño encontrar en nuestra prensa alguna frase suya como condimento, pero es poco leído. Reportero infatigable, tenía la precisión del aforista. "Un cínico es el hombre que, al ver una rosa, busca el ataúd". Si fue el crítico más poderoso de su tiempo fue porque no aspiró a la popularidad, porque despreció la influencia. Era despiadado, temible, implacable. El "Sacro Terror de Baltimore", lo llamó Walter Lipmann. Mencken sabía que su obituario estaba listo en los archivos de la redacción del Sun, como buitre en espera de su muerte. A quien lo había redactado le hizo solamente una sugerencia: agrégale que, a medida en que fui envejeciendo, me fui haciendo más malo.

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