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Sábado , 22.09.2018 / 05:03 Hoy

Elegía para un roble

Don Lino que a veces tenía dientes y a veces no, según se lo permitiera la actividad en que anduviera. Porque los de arriba no los tenía fijos y cuando le cansaban se los echaba en la bolsa hasta que se le ofrecieran otra vez.
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Por Ángeles Mastretta

Ilustración: Gonzalo Tassier

Atardecía, pero era verano y la luz del mercado me recibió con todo y flores. También vendían flores en el puesto de la fruta. Volví a dejar un recado. Sólo un papel con mi nombre y mi teléfono. Don Lino aún pasaba de repente y la señora le daría mi mensaje. Dos semanas y siete mareos más tarde, llamó sus voz: “¡Seeeeñoooraaa Áaangeeeleees!”, dijo como si estuviera yo lejísimos. Así hablaba por teléfono, como en las épocas en que se decía “bueeeeno” para confirmar que se oía bien al otro lado.

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