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Dignidad, por favor

Como afirmaba Tocqueville, las costumbres de la democracia no son leyes: son códigos informales de propiedad y ocasión que brindan respetabilidad a todo el entramado institucional.
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Por José Antonio Aguilar Rivera

Ilustración: Belén García Monroy

El poder discrecional de los gobernantes hoy es enorme. Deciden una infinidad de temas de política pública en los ámbitos más diversos. Las promesas de campaña puntuales son importantes, pero las plataformas de gobierno no lo son. Es muy probable, y los votantes lo saben, que en el curso de sus mandatos los gobernantes tengan que enfrentar circunstancias imprevisibles. Por ello, es racional que los candidatos presuman sus cualidades personales y sus aptitudes para gobernar. Así, los candidatos deben inspirar confianza a los votantes; una certeza de que en circunstancias inesperadas sabrán actuar con prudencia y buen tacto. No hay nada mesiánico en un candidato que centra en sí mismo su oferta política. 

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