Confieso que he fingido

Aprender a fingir no significa necesariamente devenir hipócrita, ni tampoco convertirse en un ser prudente y observador. Se trata de desempeñar un papel para garantizar la supervivencia.
Para prevenir el acoso de las reacciones impredecibles y evitar dañar a los demás suele ser bueno fingir.
Para prevenir el acoso de las reacciones impredecibles y evitar dañar a los demás suele ser bueno fingir. (Kathia Recio)

Ciudad de México

El gusto es una construcción personal, vital e insobornable. Y también diría yo, incomunicable. Hoy comprendo por qué E.M. Cioran se interesó en el retrato de la cortesanía francesa y plasmó a ésta en su Antología del retrato; quería exponer la intimidad de los franceses más ilustres de aquella época y mostrar la frivolidad de sus intereses, descubrirlos en su ser más ordinario y en su condición de animales vestidos y almidonados. Escribe Cioran: "Los franceses, si le creemos a Talleyrand, hicieron la Revolución por vanidad. Se podría decir lo mismo del resto de los acontecimientos de la historia de Francia. Nadie se atrevería a negar que todos los pueblos son vanidosos". Al menos yo no lo haría.

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