Como quien enciende una vela

Hay en mi casa un árbol grande. No viejo porque los árboles viven tantos años que no se sabe cuándo envejecen. También hay en mi casa un hombre bueno.
Lo conocí de niño: tenía treinta años, aunque a veces cargaba a un viejo.
Lo conocí de niño: tenía treinta años, aunque a veces cargaba a un viejo. (Ilustración: Gonzalo Tassier)

Ciudad de México

No digo más, aunque sé mucho más. No conozco a un hombre que sea tantos hombres. Aunque no se le den ni el mar, ni los veleros, ni el aire libre, ni los paseos sin rumbo. A él le gusta su vida como es, su trabajo al que trata como la gran aventura. No conoce ni el ocio ni el tedio. Por eso es divertido y alegra tenerlo cerca. Yo lo sé porque soy esta mujer que lo mira de cerca mientras sigue diciendo que se quiere ir al mar, cuando en realidad no le interesa ni salir a la calle. Menos si va a llover o si él anda en la casa.

Lee aquí el artículo completo