El ensayista como cartero

George Steiner presenta su nuevo libro como una serie de fragmentos “un poco carbonizados”. Líneas rescatadas de un viejo incendio, cuyo sentido pretende descifrar.
El lector que, ante todo, es Steiner, se siente llamado a inventar escombros de bibliotecas y a leer libros que no existen para ponerse a pensar.
El lector que, ante todo, es Steiner, se siente llamado a inventar escombros de bibliotecas y a leer libros que no existen para ponerse a pensar. (Ilustración: Adrián Pérez)

Ciudad de México

El crítico literario sabe que el libro siempre está antes. Que el pensamiento se descubre en la lectura. No es cita porque no se queda en el pensamiento ajeno pero es siempre, de un modo u otro, comentario, diálogo. Acotación. Hay una biblioteca dentro de cada biblioteca del mundo, escribió Steiner en “Pasión intacta”: la mina de anotaciones marginales que las muchas generaciones de lectores han sembrado en las páginas de los libros. Nuestra cultura bebe en esas dos fuentes, el párrafo impreso y la nota. Dos textos, el del autor y el del lector.

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