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Jueves , 21.06.2018 / 15:37 Hoy

Xi jinping cambió la fórmula ganadora de China

Las políticas más importantes en el país han sido anuladas por su fuerte líder, y aunque parece estable es una dirección arriesgada.


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GIDEON RACHMAN

La política en occidente es tan dramática que, en comparación, China se ve formal y estable. Pero esa impresión es engañosa. Xi Jinping dirige a su país hacia una nueva dirección radical y arriesgada.

Si las nuevas políticas del presidente tienen éxito, entonces la era de Xi se recordará por “rejuvenecer” la nación. Pero si los experimentos le salen mal, su legado podría ser el de la agitación política, el estancamiento económico y la confrontación internacional.

Xi abandonó la fórmula que impulsó el crecimiento de China durante los últimos 30 años. En 1978, Deng Xiaoping creó esa fórmula, y posteriormente sus sucesores la refinaron. Consistía en tres ingredientes clave, políticos, económicos e internacionales.

En economía, el énfasis eran las exportaciones, la inversión y la búsqueda de un crecimiento anual de dos dígitos. En lo político, China se alejó del modelo carismático y dictatorial que creó Mao Zedong y se enfocó en un liderazgo colectivo. Y en las relaciones exteriores, China adoptó un enfoque modesto y precavido hacia el mundo que en occidente se conoce coloquialmente como “ocúltate y espera”, por el famoso consejo de Deng a sus colegas de “ocultar sus capacidades, esperar su tiempo”.

Bajo el gobierno de Xi, quien asumió el liderazgo del Partido Comunista Chino a finales de 2012, se cambiaron los tres ingredientes de la fórmula de Deng. En la política, China se movió hacia un modelo de un líder fuerte, el mismo Xi. En economía, terminaron los años de crecimiento de dos dígitos y China se dirige hacia un nuevo modelo que se alimenta más por el consumo interno que las exportaciones. Y en los asuntos internacionales, la era de Xi se aleja del ocultar y esperar para dirigirse hacia una política exterior que desafía el dominio de EU en la región Asia-Pacífico.

Los tres grandes cambios tienen diferentes orígenes. En el aspecto económico, el viejo modelo de crecimiento que se basa en las exportaciones, los altos niveles de inversión y los bajos salarios no podía seguir por siempre. El enorme tamaño de la economía, junto con el aumento de los costos en China y un menor crecimiento en occidente, hizo que el cambio fuera inevitable. Pero el cambio hacia un nuevo modelo es peligroso. En el periodo posterior a la crisis financiera de 2008, China realizó un derroche insostenible de créditos e inversiones que todavía puede culminar en una crisis financiera.

Incluso si se evita ese destino desagradable, China todavía tiene que acostumbrarse a las menores tasas de crecimiento. El liderazgo del partido fomentaba la idea de que China tenía que crecer a una tasa de 8% al año para mantener la estabilidad política y social. Pero ahora el crecimiento de entre 6 y 7% puede considerarse un buen resultado. Una economía saludable es crucial para la estabilidad interna. El Partido Comunista todavía rechaza cualquier medida que se dirija hacia las elecciones democráticas al considerar que no son adecuadas para China. En su lugar, los líderes del país dependen del rápido crecimiento económico para darle al sistema político una “legitimidad por el desempeño”, que los teóricos del partido afirman es mucho más profundo que un mandato que otorga una elección democrática. Pero una economía tambaleante, o peor aún, una crisis financiera, puede minar la legitimidad del partido.

Respecto de la política, en la era posterior a Mao, el Partido Comunista busca un lugar intermedio entre la dictadura y la democracia. La idea era acoger un estilo colectivo de gobierno, con suaves transiciones de liderazgo que el propio partido gestiona. Hu Jintao, el gris predecesor de Xi, fue la personificación de este sistema. Nunca fomentó un culto a la personalidad, trabajó dos periodos en su gobierno, y después dejó el poder.

Xi rompió este modelo. Ahora se dice que es el líder más poderoso de China desde Mao. Se fomenta la adulación de los medios oficiales, para que literalmente canten alabanzas de su líder. Al mismo tiempo, Xi lanzó una ofensiva contra la corrupción que resultó en cientos de miles de condenas, lo que aterró a gran parte de los miembros de la élite empresarial y política de China. Hay una especulación febril en Beijing, que incluyen rumores de purgas, intentos de golpes de Estado e intentos de asesinato. Muchos expertos creen que Xi ahora tiene la determinación de gobernar más de dos periodos, un proyecto que cambiaría el modelo colectivo de liderazgo.

A medida que aumentan las tensiones económicas y políticas dentro de China, la política exterior se volvió más nacionalista y más dispuesta a correr el riesgo de una confrontación con occidente y los vecinos asiáticos.

La aseveración cada vez más dura de Beijing por sus reclamaciones territoriales y marítimas que encarna su “construcción de islas” en el Mar del Sur de China, llevó a enfrentamientos con buques de EU y Japón.

La clave de la fórmula de Deng dio prioridad a los aspectos económicos. La política interna y exterior se construyeron para crear el entorno perfecto para el milagro económico chino. Sin embargo, con Xi, los imperativos políticos y de relaciones exteriores aparecen para superar a los factores económicos. Ese cambio de fórmula se ve arriesgado para China y el mundo.

*Gideon Rachman. Columnista de eventos internacionales de FT.

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