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Lunes , 24.09.2018 / 01:52 Hoy

Una familia que domina el arte de la evasión fiscal

Una dinastía de comerciantes de arte que inició en el siglo XIX enfrenta un juicio que podría costarle 10 años de cárcel a su último patriarca.


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Guy Wildenstein no fi gura en los rankings de milmillonarios de Forbes ni Bloomberg. Tampoco es un talentoso artista plástico ni un famoso jockey que corra en los hipódromos. Sin embargo, se mueve con naturalidad e influencia en los tres mundos: el de los millonarios, el de las artes y el de las carreras de caballos… Aunque en los últimos días es más común verlo en los pasillos de los tribunales.

La historia de la familia Wildenstein se remonta al siglo XIX y es digna de un drama del teatro clásico francés. O de una comedia, según se vea.

El patriarca, Nathan Wildenstein, se estableció en París en la década de 1870, donde dedicó a la comercialización de arte francés. Pronto incluyó obras de artistas italianos, holandeses, españoles y otros y su éxito lo llevó a abrir galerías en Nueva York (1903), donde tuvo clientes como John Pierpont Morgan y la familia Rockefeller, y Londres (1925). Hoy, Wildenstein & Co. tiene su sede principal en la Gran Manzana, a donde la familia huyó durante la Segunda Guerra Mundial, aunque mantiene fuertes vínculos y operaciones en Francia.

A la muerte de Nathan, en 1934, su hijo Georges asumió el control del negocio y lo expandió a escala global. Amigo de Salvador Dalí y Pablo Picasso, fue crítico de arte, publicó varios libros y dirigió la influyente revista Gazette des Beaux-Arts.

Nuevamente, la muerte marcó a la familia en 1963 y su hijo Daniel fue el encargado de continuar la tradición familiar y fue considerado el comerciante de arte más rico y poderoso del mundo, pero además, un siglo después de que su abuelo iniciara el negocio que los encumbró, convirtió su pasión por los caballos pura sangre de carrera en un lucrativo negocio.

La triada dinástica de los Wildesntein (NathanGeorges-Daniel) mantuvo estable al clan desde el siglo XIX. El siglo XXI, sin embargo, marcó una nueva era para la familia. A la muerte de Daniel en 2001 el negocio familiar se dividió entre sus hijos: Guy se hizo cargo del comercio de arte y Alec de los caballos… Fue entonces que empezaron a descomponerse las cosas.

Sylvia Roth, viuda de Daniel, inició una batalla legal contra sus hijastros por la herencia. La familia había valorado el patrimonio del difunto en 61 millones de dólares, una cifra a todas luces ridícula. Un ejemplo: En 1999, Alec (que murió en 2008) llegó a un acuerdo de divorcio con Jocelyn Wildenstein (conocida como la Mujer Gato por la apariencia que le ha dado su afición a las cirugías plásticas) por dos mil 500 millones de dólares, más 100 millones anuales por 13 años.

El escándalo se destapó una década después, cuando la policía francesa incautó del Wildenstein Institute 30 obras de arte que habían sido reportadas como pérdidas o robadas, entre ellas obras de Edgar Degas y Eugene Delacroix. Al poco tiempo, el fisco francés demandó el pago de 600 millones de dólares que los Wildenstein habrían evadido en impuestos.

El juicio empezó la semana pasada en París y no solo involucra a Guy, sino a su sobrino Alec Wildenstein Jr. y a la última esposa de su difunto hermano, Liouba Stoupakova.

El fisco francés no solo culpa a la familia de ocultar obras de Picasso, Monet, Caravaggio, Velázquez y Renoir para evadir impuestos, sino otros activos como propiedades en Nueva York y Kenia, caballos de carreras y un avión.

Si a esto se suman las acusaciones de desvío de fondo mediante el esquema de off shore con empresas fantasma en paraísos fiscales como las Islas Vírgenes y Bahamas, a sus 70 años Guy Wildenstein, neoyorquino de nacimiento, se enfrenta a la posibilidad de una condena de hasta 10 años de prisión y un fuerte pellizco a sus millones por los impuestos evadidos. Todo por negarle a la humanidad (y al fisco francés) el disfrute de unas obras de arte.

JOS

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