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Martes , 19.06.2018 / 21:58 Hoy

Un dólar fuerte puede ser un rival para Trump

Las ganancias del billete verde amenazan los planes económicos de la nueva administración de EU.


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Robin Wigglesworth

John Connally, secretario del Tesoro en el gobierno de Richard Nixon, alguna vez dijo a sus contrapartes extranjeras que el dólar es “nuestra moneda, pero es su problema”, un comentario contundente que a menudo es verdadero. Bajo el gobierno de Donald Trump eso tal vez ya no sea tan simple.

El nuevo presidente de EU hereda una moderada pero larga expansión económica, una inflación baja, pero que se acelera y un robusto mercado laboral, lo que quizá obligue a más alzas en las tasas de interés en los próximos años.

Pero el dólar bien puede ser el mayor reto económico para Trump, y el enorme mercado de divisas de cinco millones de millones dólares será más difícil de atemorizar a través de Twitter, que los jefes corporativos y los opositores políticos.

“De todas las cosas que impulsan a la moneda, las opiniones de los políticos no están entre las primeras 10”, dice Marc Chandler, jefe de estrategia de divisas de Brown Brothers Harriman.

Muchos analistas creen que la economía de EU es algo insensible a las tasas de interés más altas y a los altos rendimientos de los bonos, en parte por la prevalencia del endeudamiento a tasa fija. Pero un mayor crecimiento y el incremento de las tasas quizá atraigan el capital extranjero y eleven el valor del dólar. Esto puede llegar a ser un obstáculo mayor.

En un estudio de 2015 de la Reserva Federal de Nueva York, se calculó que una apreciación de 10% del dólar durante tres meses elimina 0.5 puntos porcentuales a la tasa de crecimiento durante un año, y otros 0.2 puntos porcentuales al año siguiente si persiste la fortaleza de la moneda. Es más, los investigadores de la Reserva Federal de Nueva York señalaron que incluso en esta estimación no se incluye el impacto en las inversiones domésticas de las empresas de EU a las que perjudica el dólar más fuerte.

“La mayor parte de los solicitantes de préstamos de EU no son tan sensibles a las tasas de interés, ya que muchos de ellos aseguran a bajas tasas. El mayor impacto será a través del dólar, que afecta la fabricación”, dice Joachim Fels, asesor económico global de Pimco.

Restaurar la manufactura y mejorar la balanza comercial son elementos centrales en los planes de Trump, y a la administración le preocupa el daño de un billete más fuerte. El presidente ya declaró que el valor de la moneda era demasiado alto, lo que impedía que las compañías de EU pudieran competir con sus rivales chinos. “Nos está matando”, dijo en una entrevista con el Wall Street Journal.

Es posible que la presión verbal se vuelva más agresiva y frecuente si el dólar sigue subiendo, pero sin una intervención coordinada entre los países más grandes del mundo -no algo sin precedentes, pero improbable dada la retórica de la nueva administración y el deseo de otros países por una moneda más débil- es poco probable que tenga un impacto duradero, dicen los analistas.

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“A Trump, como cualquiera puede decir hasta el momento, le gustaría un dólar más débil y tasas más altas. Pero son las decisiones políticas y no sus preferencias personales las que van a determinar qué es lo que ocurrirá en realidad”, señala Kit Juckes, un estratega de Société Générale.

Por supuesto, no todo el mundo está convencido de que la tendencia al alza del dólar dure mucho más. El índice DXY para el dólar ya subió 26% desde mediados de 2014, gracias a la divergencia económica y de las tasas de interés del país respecto de sus principales contrapartes.

El índice del dólar ahora está alrededor de 3% por encima de su promedio de cinco décadas, y 22% neto de inversionistas que encuestó Bank of America cree que el dólar ya está sobrevaluado, el nivel más alto desde 2006. De hecho, la apuesta por la moneda la votaron también como la operación más concurrida en este momento.

Sin embargo, si bien los analistas aún no están seguros sobre qué tantas de las políticas económicas que promovió el presidente se van a implementar en realidad, la mayoría está de acuerdo en que es probable que el dólar se fortalezca como resultado.

Alan Ruskin de Deutsche Bank señala que el billete verde ahora entra a las filas de las tres principales monedas de alto rendimiento del G10, un presagio de una mayor fortaleza. Como resultado, predice que será un “King Kong” en los mercados de divisas este año, aplastando a la mayoría de sus contrapartes, rompiendo la paridad con el euro y acercándose a un nuevo máximo histórico con el yen japonés.

Incluso los estrategas que son más escépticos del “Trump Trade” (comercio Trump) de apostar por un crecimiento más rápido, una inflación más rápida y aumentos de las tasas de interés, no confían mucho en ponerse frente a la aplanadora del dólar, al menos por ahora.

“Vimos con el yen japonés en 2012 y 2013 que la creencia del mercado puede permanecer sin cambios incluso cuando los resultados son mixtos. Por lo tanto, no nos metemos en el camino de la tendencia al alza del dólar, incluso si al final no nos convence la historia de la reflación (cuando el gobierno utiliza estímulo fiscal o monetario para aumentar la producción)”, de acuerdo con David Bloom, jefe de estrategia de divisas de HSBC.

Pero Bloom cree que la mayor parte de las ganancia del billete verde llegarán en el primer semestre del año, ya que la fría y dura realidad del gobierno de EU comenzará a minar la confianza del inversionista.

“La primera mitad será de total euforia, optimismo y esperanza. La segunda veremos que el dólar va a perder parte de sus ganancias a medida que la burocracia de la presidencia y la realidad económica se pongan en marcha”, predice.


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