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Lunes , 28.05.2018 / 01:15 Hoy

Trump crea ansiedad en industria del crudo

El magnate alarma por los ataques al aspirante rival Ted Cruz por aceptar millonarias donaciones de las “grandes petroleras” para su campaña.

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Barney Jopson

Donald Trump acumula ansiedad en la industria petrolera de Estados Unidos, ya que observa cómo en el Partido Republicano hay un empuje hacia la nominación de un candidato presidencial que le tiene poco afecto al sector y cuenta con pocas propuestas concretas de políticas.

Las petroleras estadunidenses son aplastadas por los bajos precios del crudo y sus problemas se empiezan a agravar con la posibilidad de que un aliado normalmente firme —el Partido Republicano— se convierta en el vehículo para la impredecible candidatura de Trump.

El magnate de bienes raíces alarma a la industria en las pocas declaraciones que hace sobre el gas y el petróleo, que incluyen los ataques reiterados a Ted Cruz, su principal rival, por aceptar millones de dólares en donaciones para su campaña de las “grandes petroleras”.

Pero los ejecutivos y los cabilderos dicen que les preocupa de igual manera la incertidumbre derivada del hueco que deja la aparente falta de políticas de Trump.

“Realmente no sabemos bien cuál es su postura en diferentes temas, porque en realidad no da detalles de muchos temas”, dijo Doug Flanders, director de políticas de la Colorado Oil & Gas Association, un grupo comercial del estado donde despegó la revolución del esquisto.

En varios ámbitos se expresan en privado preocupaciones similares, pero no son tan fuertes como en el sector de gas y petróleo, porque el impacto ambiental de la industria y su papel del suministro de energía lo deja particularmente vulnerable a la regulación del gobierno.

Kim Hatfield, presidente de Crawley Petroleum, un productor de gas y petróleo de Oklahoma, dice: “No estoy seguro de que la industria del gas y el petróleo sea necesariamente una de las áreas en la que sea experto Trump. A medida que se rodee de asesores y se involucre más en los temas espero que llegue a tener una comprensión más equilibrada de las contribuciones que tiene para la economía”.

La revolución del esquisto que se desató por las perforaciones horizontales y la fracturación hidráulica (fracking) le volvió a dar a EU su posición de superpotencia de energía y se mantiene como la fuerza principal de la industria, a pesar de que el exceso de crudo hizo que se redujeran los precios dos terceras partes desde mediados de 2014 y llevó a que miles de personas en el sector perdieran sus empleos.

La mayoría de políticos republicanos todavía está ansiosa de seguir con el fracking para entregar gasolina barata, bajar los precios de la electricidad y reducir la dependencia hacia el petróleo extranjero. Los rivales de Trump, Cruz, un senador de Texas, estado muy fuerte en petróleo, y el gobernador de Ohio, John Kasich, lo acogieron y hablaron con un guión similar.

Sin embargo, Trump no respeta la ortodoxia. Uno de sus reconocimientos para el auge del esquisto se convirtió en una burla. Eso fue en el debate de noviembre cuando Trump dijo de Kasich: “John tiene suerte con una cosa que se llama fracking, ¿Está bien?, se topó con el petróleo. Tuvo suerte con el fracking”.

En un comentario que hizo en marzo tomó una postura más amigable hacia el petróleo al criticar al estado de Nueva York por la prohibición del fracking. Pero todavía no aborda la cuestión de éxito o fracaso de cómo se puede regular la producción de esquisto. Cruz y Kasich se comprometieron a reducir los reglamentos federales dirigidos al posible impacto del fracking al aire y a las aguas subterráneas, mientras que la candidata puntera demócrata, Hillary Clinton, se comprometió a imponer reglas estrictas para limitarlo.

A Louis Finkel, quien habla con las campañas presidenciales en nombre de la industria del petróleo por el Instituto Americano del Petróleo, se le preguntó en una conferencia de prensa la semana pasada acerca de las opiniones de Trump sobre el gas natural, que Estados Unidos produce en mayores volúmenes que en cualquier otro lado. “No estoy seguro exactamente qué ha dicho Trump respecto al gas natural”, respondió.

Cuando el magnate de Nueva York toca brevemente los temas de políticas, a menudo no es del agrado de la industria. A las compañías petroleras les gustaría ver la eliminación de restricciones federales sobre las tierras públicas para poder perforar más, pero la campaña de Trump hizo hincapié en la necesidad de considerar “la estética de la tierra”, así como los ingresos, en comentarios que hizo la semana pasada a la American Energy Alliance, un grupo conservador.

Trump también apoya un mandato federal que aborrece la industria petrolera, el estándar de combustible renovable que requiere que haya una mezcla de etanol con la gasolina.

Si bien Trump se jacta de que no acepta dinero de grupos de intereses especiales, la generosidad de los donantes de la industria petrolera se va a otro lugar.

Keep the Promise, un fondo súper PAC que respalda a Cruz, recibió 15 millones de dólares de los hermanos multimillonarios Dan y Farris Wilks, quienes hicieron una fortuna en Texas en el auge del fracking y son los donadores más grandes de un pequeño grupo en la lista de los 100 principales proveedores de fondos del Centro de Políticas Responsables.

Otros tres donantes petroleros aportaron dinero para financiar la malograda campaña de Jeb Bush —Trevor Rees-Jones, fundador de Chief Oil & Gas; Richard Morgan, cofundador de Kinder Morgan, una compañía de oleoductos, y Douglas Foshee, ex director ejecutivo de El Paso, ahora parte de Kinder Morgan—. Los donantes se negaron a comentar o no respondieron a las solicitudes de comentarios.

En un tema —el cambio climático— replantea su postura para estar más en armonía con muchos en la industria petrolera. Se muestra escéptico respecto a la existencia del cambio climático provocado por el hombre, y su campaña dice que el plan del presidente Obama para regular las emisiones de carbono del sector de energía “se extralimita”.

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Donación que recibió Keep the Promise para la campaña de Ted Cruz de los hermanos multimillonarios Dan y Farris Wilks, quienes hicieron una fortuna en Texas en el auge del fracking

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Donadores de la industria petrolera que aportaron efectivo para financiar la malograda campaña del republicano Jeb Bush: Trevor Rees-Jones, Richard Morgan y Douglas Foshee


@barneyjopson




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