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TLCAN: la hora de la verdad para Trump

Al parecer la actual administración no ha sopesado los cambios que pretende renegociar sobre el tratado y corre el riesgo de que firmas de EU salgan de su propio país.

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Desde su ubicación en las orillas del río Mississippi de Mark Twain, hasta su compromiso de usar acero estadounidense, la empresa Winegard Company, es el tipo de fábrica familiar que ondea la bandera de Estados Unidos (EU) y le gusta celebrar a Donald Trump.

Los platos para televisión satelital que su planta en Burlington, Iowa, produce cada tres o cuatro segundos, se encuentran en los techos de casi todas las casas de los estadounidenses, mientras que sus antenas abovedadas llevan internet móvil y televisión a legiones de abuelos que cruzan el país en remolques.

Pero en estos días, los ejecutivos de la compañía fabricante de antenas, con sede en uno de los muchos condados del Medio Oeste donde Trump ganó las elecciones del año pasado, están perplejos con el presidente.

Después de presentar la agenda de “Hecho en Estados Unidos”, diseñada para restablecer los empleos manufactureros y como parte central de la política económica de la administración Trump, en realidad hace que los negocios sean más complicados para Winegard, poniéndola en una situación donde cabe la posibilidad de considerar el trasladar su producción fuera de EU, por primera vez en su historia.

El empuje de Trump en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), pone en riesgo la incursión de Winegard en el mercado mexicano, el cual registra un rápido crecimiento y que el fabricante ha estado considerando por mucho tiempo.

México es un país en desarrollo y es muy importante para nosotros. Trabajan con la misma tecnología que nosotros fabricamos y hemos comercializado en los últimos 15 años”, dice Jim Riffel, gerente general de la División de Satélite de Winegard y un veterano de casi 40 años en la compañía. “Lo que hace el TLCAN es realmente sencillo, nos coloca en igualdad de condiciones con nuestros competidores”.

Al examinar el modelo de negocio de Winegard, es posible descubrir cómo el nacionalismo económico del presidente choca con las complejidades de lo que realmente significa “Hecho en EU” en el mundo actual.

Fundada en 1953, Winegard da trabajo a 400 empleados y tiene una cultura corporativa muy parecida a la de las ágiles empresas alemanas llamadas mittelstand (pymes).

La cadena de suministro y los clientes de Winegard se extienden mucho más allá de las llanuras de Iowa. La mayor parte de sus componentes electrónicos provienen de Asia. Su nuevo mercado de mayor crecimiento está en México.

[OBJECT]Desde abril, el gobierno de Trump desarrolla un plan para restringir las importaciones de acero, con el objetivo de elevar su precio y ayudar a la industria nacional que se encuentra en problemas y se queja de la competencia desleal china. Para Winegard eso significa precios más altos en un insumo clave.

“Francamente ya pasamos por esto con anterioridad, suena genial (para la gente de Washington). Vas a permitir que las siderúrgicas ganen más dinero. Así que ahora nuestro precio del acero va a subir”, dice Gran Whipple, presidente de Winegard. “Si tratamos de competir a nivel global (el resultado es que) el precio nos saca del mercado… ¿qué significa eso para nosotros? Tenemos que mover nuestra producción a otra parte para tener ventaja; ya sea ir a México o a Asia”.

Trump ha amenazado mucho y ha logrado poco en temas comerciales. Ya retiró a EU de la Asociación Transpacífico (TPP) que negoció el gobierno de Obama. Ahora su mayor prueba comercial se encuentra en la renegociación del acuerdo que tiene 23 años de antigüedad, el TLCAN, al que Trump se opuso durante su campaña de 2016.

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Un TLCAN renegociado se mantiene como parte central de la ofensiva “Hecho en EU” de Trump. Su objetivo, imperturbable, es que regresen a su país los empleos manufactureros que se encuentran en México, gracias a que en las últimas dos décadas se han convertido en una importante base de producción de bajo costo para las empresas estadounidenses. Los asesores de Trump hablan sobre “repatriar” las cadenas de suministro.

Sin embargo, la amenaza de campaña de Trump para aplicar “impuestos fronterizos” a compañías que trasladen plantas a México al parecer murió. En su lugar, su gobierno puso el objetivo de reducir el déficit comercial anual de 64,000 millones de dólares (mdd), en gran parte mediante la reelaboración de “las reglas de origen”.

Todavía no queda clara la forma cómo los negociadores estadounidenses planean renegociar las reglas de origen en las conversaciones aceleradas que quieren concluir a principios de 2018, ya que el próximo julio se celebrarán elecciones en México.

Al hablar ante el Economic Club de Washington, DC, el mes pasado, Wilbur Ross, el inversionista multimillonario y actual secretario de Comercio, citó las reglas de origen del TLCAN para los automóviles como evidencia de la obsolescencia del pacto. “Quien lo redactó pensó que era muy, pero muy astuto especificar las partes para las que se aplican estas reglas. Bueno, eso fue genial en ese tiempo, pero la mitad de esas autopartes ya no se usan en los coches”, dijo.

[OBJECT]En privado, los negociadores canadienses y mexicanos admiten que tienen que encontrar una manera para que Trump anuncie una victoria ante los electores del cinturón del óxido (la franja industrial estadounidense) que se sintieron en parte atraídos por su promesa de deshacer el TLCAN. “Tenemos que encontrar la forma en que puede declarar victoria sin que en México o Canadá se considere una derrota”, dice David MacNaughton, embajador de Canadá en EU.

Un gran defensor de las nuevas reglas es la industria siderúrgica estadounidense. Presiona para que se eleve el umbral de 62.5% en el TLCAN de contenido regional y los automóviles califiquen para el acceso libre de aranceles. También se busca que sea requisito incluir acero estadounidense en las puertas de los automóviles. Eso, argumentan los cabilderos de la industria, requeriría que los fabricantes de automóviles europeos y japoneses con operaciones en EU y México, surtan más partes de manera local y con esto se incremente la demanda del acero obtenido en EU”.

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“Los automóviles y las autopartes son todo el déficit comercial con México. No puedes revertir el déficit comercial a menos que se renegocie lo relacionado con la industria automotriz, y una de las formas es empezar por las reglas de origen y las de contenido regional”, dice Scott Paul, presidente de la Alianza para la Manufactura Estadounidense, grupo que fundó el sindicato United Steelworkers.

Paul argumenta que el nuevo TLCAN también podría incluir más requisitos orientados al futuro, como que los coches incluyan baterías producidas en América del Norte, sobre todo de cara a la creciente demanda de vehículos eléctricos. También beneficiaría a las empresas estadounidenses más que a las de Canadá o de México porque no tienen importantes industrias de baterías.


El American Automotive Policy Council, que representa a los tres grandes fabricantes de Detroit -Fiat Chrysler, Ford y General Motors- argumenta que en lugar de crear empleos, las reglas más duras del TLCAN “eliminarán los empleos estadounidenses e inhibirán el crecimiento económico en general de EU”.

Otra prioridad comercial de Trump es impedir que los fabricantes de EU construyan sus plantas en México, lo cual ha sido contraproducente. Trump presionó públicamente a Ford para que cancelara, en enero, sus planes para ampliar la producción de coches pequeños en México. Sin embargo, la automotriz anunció, en junio, que en su lugar va a producir su vehículo Focus en China, y dio a conocer que tendría ahorros por 1,000 mdd.

Caroline Freund, investigadora senior del Instituto Peterson de Economía Internacional, argumenta que las reglas de origen tienen que ser menos estrictas para mejorar la competitividad de EU. Las automotrices alemanas dependen de la producción de los países vecinos de Europa del Este, señala, mientras que las cadenas de suministro de las automotrices japonesas se extienden a China y el sudeste asiático.

Sin embargo, para Winegard, esos debates no toman en cuenta su punto de vista: ellos necesitan el TLCAN para continuar vendiendo sus platos satelitales en Canadá y México, mismos que están fabricados en EU. “Nuestra mayor ventaja es que nos encontramos en medio de Estados Unidos, a un día de camino de Toronto y no más de dos jornadas de Laredo y México”, dice Whipple. “Estamos aquí, en medio del TLCAN”.


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