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Lunes , 15.10.2018 / 02:52 Hoy

Tijuana, genialmente geek

La ciudad fronteriza, vecina de Silicon Valley, dejó la fiesta, y hoy se perfila como uno de los principales centros para la innovación tecnológica en México.

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Situada en la frontera con Estados Unidos (EU), Tijuana ganó reputación como ciudad fiestera en la era de la prohibición. En su territorio operaba un opulento casino donde, por cierto, descubrieron a Rita Hayworth y era frecuente ver a sus clientes apostar con fichas de oro.

Cuarenta años después, las fichas de oro dieron paso a los microchips, lo cual fue posible por la ubicación privilegiada de la ciudad al convertirse en un centro natural para las fábricas que exportaban a EU, bajo el recién creado programa de maquiladoras.

Alguna vez descrita como “Las Vegas, antes de que Las Vegas se convirtiera en Las Vegas”, Tijuana se transformó en una, sórdida ciudad del pecado, donde las prostitutas y los clubes de striptease ofrecían emociones baratas a los estadounidenses que buscaban placer, convirtiéndose así en la frontera con la mayor actividad del mundo. Otras peculiaridades de la zona son el paso de inmigrantes indocumentados que se dirigen al otro lado, los túneles de drogas y la violencia de los cárteles, con todo ello Tijuana pronto se convirtió en una ciudad peligrosa y decadente.

En la actualidad, Tijuana busca una nueva identidad y para ello aprovecha su estratégica ubicación, su poder industrial y su población joven y bilingüe, para posicionarse como un centro de tecnología transfronterizo.

Tijuana siempre ha sido innovadora, de acuerdo con Claudio Tapia, gerente de operaciones de Sonata Services, una compañía estadounidense de tecnología de la información con oficinas en Asia y México. Los ingenieros mexicanos de Sonata impulsan los departamentos de tecnologías de la información (TI) de grandes empresas en EU, entre ellas Cisco, IBM y el fabricante de palos de golf, TaylorMade.

“En la década de los 90, éramos la capital de los televisores, 80% se fabricaban aquí. Ahora tenemos la reputación de innovación culinaria”, dijo el gerente y agregó: “la ciudad entiende que no tenemos que ser el patio trasero de EU, produciendo bienes manufacturados. Podemos ser el socio estratégico”.

David Foos, gerente global de operaciones de Sonata y veterano de cinco startups estadounidenses, dijo que Tijuana tiene más graduados de ingeniería que la ciudad cercana de San Diego, y espera que Sonata triplique el número de empleados en Tijuana tan sólo este año. A los alcaldes de las dos ciudades les gusta promoverlas como una sola unidad y, con la escasez de mano de obra tecnológica capacitada que hay en el vecino país, “Estados Unidos comienza a despertar ante el hecho de que pueden obtener talento en México. Vamos a entrar a una era dorada aquí”, predijo Foos.


El reto para Tijuana es innovar por su cuenta. México tiene un pedigrí más fuerte de innovación de lo que generalmente se conoce: a los mexicanos se les atribuye un papel en dos de los inventos más importantes del siglo XX, la televisión a color y la píldora anticonceptiva. Sin embargo, como dice Andy Kieffer, inversionista y desarrollador que dirige Agave Lab en Guadalajara, el centro tecnológico más establecido del país, “México siempre cumple los sueños de las personas. No necesariamente ha sido un soñador”.

Tijuana no es el centro de tecnología más grande o maduro de México. Guadalajara, la capital de Jalisco, que le dio al mundo los mariachis y el tequila, recibe el apodo del “Silicon Valley de América Latina”. Aquí opera la unidad de investigación y desarrollo de la empresa global Intel.

Por su parte, la Ciudad de México (CDMX) tiene la mayor concentración de aceleradoras, incubadoras y capitalistas de riesgo. Pero Tijuana tiene algo único, es la ciudad mexicana más cercana a Silicon Valley -si no cuentas a Los Ángeles, como bromean los locales- ofreciendo habilidades de EU a precios mexicanos en la zona horaria de California, además de que suministra millennials biculturales quienes crecieron viendo televisión estadounidense y cruzan la frontera prácticamente todos los días.

Jorge Arroyo, cofundador de la compañía de externalización de software, ArkusNexus, está harto de que la ciudad sea considerada simplemente como un proveedor de servicios, una maquiladora barata de soluciones de tecnología para exportar en lugar de un pionero por derecho propio. “El punto favorable con las empresas aquí es el ‘enfoque llave en mano’”, dice Arroyo. “No se trata solo de enviar mano de obra barata o realizar tareas mundanas o imitar el modelo de la India o China… México es parte del proceso en la toma de decisiones”.

La sede de ArkusNexus es genialmente geek, con pisos temáticos de los Vengadores (Avengers) y Star Wars que albergan equipos quienes trabajan en una amplia gama de proyectos, desde una startup de educación y venta de combustible al menudeo, hasta una aseguradora de mascotas en línea. Pero su ubicación es un recordatorio de que no importa lo cerca que estés de EU, Tijuana se mantiene singularmente mexicana: un vecino cría gallos de pelea, cuyo canto pueden escuchar los ingenieros que observan una cadena de códigos.


A los ojos de los financieros, Tijuana aún es un páramo lleno de cactus. Ramon Toledo, director ejecutivo del grupo de medios digitales, Busca Corp, solía visitar Silicon Valley hace una década, en busca de financiamiento para empresas en línea, que ahora incluyen Levelup.com, un sitio de críticas de videojuegos; Tomatazos, para reseñas y críticas de películas, y un negocio parecido a YouTube, que se llama Metatube. Sus viajes demostraron ser una pérdida de tiempo.

“Nos preguntaban si había computadoras en México”, recordó. El escepticismo no siempre carece de fundamentos, admite Toledo. Hace dos años compitió en el premio Top 100 North America del grupo de medios Red Herring para empresas de vanguardia. “No me mostraron nada que no haya visto en los últimos 20 años”, recordó que le dijo un juez. “Ustedes no innovan, solamente imitan”. De repente, Toledo está de acuerdo. “Tiene mucha razón”.

Nicolás Herrera y Josué Ibarra, dos jóvenes de 25 años de edad, tal vez no son innovadores con su empresa en línea, pero aprovechan una oportunidad original en Tijuana. La ciudad permite el turismo de negocios. El año pasado recaudó alrededor de 600 millones de dólares (mdd) del gasto anual total de México de 3,500 mdd.

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Según Patients Beyond Borders, que publica una guía anual de viajes médicos, entre 200,000 y 1.1 millones de pacientes cruzan la frontera cada año para operaciones de reducción de abdomen, trabajo dental, cirugía plástica, restauración de cabello y otros procedimientos, porque encuentran un menor precio. Tijuana, incluso, tiene un cruce fronterizo dedicado al turismo médico. Pero elegir entre los 700 cirujanos que prestan servicio es difícil.

Evimed, el servicio en línea que lanzaron los dos jóvenes en julio, será “el Airbnb del turismo médico”, dijo Herrera. El portal permite a los posibles pacientes leer las reseñas que se hacen de los cirujanos, realizar pruebas básicas previas, programar citas, organizar en donde recoger al cliente y encontrar un lugar para hospedarse. Con el tiempo, a Herrera le gustaría unirse con el mismo Airbnb para ofrecer más posibilidades de alojamiento.

La idea surgió de dos pisos que Herrera, cuyo trabajo regular es en bienes raíces, ya alquila en el popular servicio para compartir departamentos. Cerca de 60% de sus clientes eran estadounidenses que viajaban a Tijuana para procedimientos médicos; muchos de ellos le pedían que les recomendara médicos, les ayudara con el transporte o les aconsejara lugares para visitar.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estima que 9% de los empleos en el mundo corren el riesgo de desaparecer debido a la automatización.

“Tenemos 200,000 empleos directos de manufactura en Tijuana”, dijo David Moreno, secretario de desarrollo económico de la ciudad. “Vamos a tener que reasignar esos trabajos. Las industrias creativas son uno de nuestros enfoques”.

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Pablo Velarde, uno de los restauranteros más prometedores de la ciudad, y hipster en toda la palabra con su barba negra, fue mesero en San Diego; sus antiguos clientes ahora vienen a Tijuana gracias a su innovadora propuesta de comida japonesa que se sirve en SaketoriYa. No ofrece los aburridos California Rolls: el sushi viene con chile y poros fritos crujientes. La lógica es simple: “Para establecer un restaurante, aquí necesitas 100,000 dólares”, dijo. “Allá, necesitas un millón de dólares”.

Ese tipo de lógica financiera prevaleció cuando Thermo Fisher Scientific, un proveedor de herramientas de diagnóstico médico y científico, abrió su centro de tecnología de la información en Tijuana. No fue una decisión fácil, a la compañía estadounidense le tomó un año evaluar las opciones. Y, como señala Ignacio Ocampo, líder del centro, “puede ser difícil contratar personal de alto nivel… algunas veces no quieren venir”. Nativo del estado de Morelos, le preocupa la peligrosa reputación de Tijuana. “Pensaba que necesitaría un chaleco antibalas”, bromeó.

Tijuana estuvo afectada por la violencia de los cárteles del narcotráfico en 2008, y la tasa de homicidios se disparó en los últimos meses.

La ciudad también registró casi 70% más de asesinatos en los primeros cuatro meses del año, en comparación con el mismo periodo en 2016. Sin embargo, el espacio de oficinas está en demanda. El BIT Center, que alberga 65 empresas, además de un enorme espacio de coworking, funciona desde 2011. Su director, Carlos Caro del Castillo, dijo que tres de sus clientes, que comenzaron en el área de coworking, ahora renovaron sus alquileres de oficinas. “Son una prueba de que el ecosistema funciona”.

Los desarrollos residenciales de gama alta previstos, como el complejo de rascacielos Bajalta California, atraen compradores con publicidad aspiracional en “Spanglish”, diseñada para ser atractivos en ambos lados de la frontera. Un emblemático e innovador diseño en marcha es el Cross Border Express del aeropuerto, un puente púrpura que recorre la cerca fronteriza y que le permite a los pasajeros llegar a México y desembarcar en EU, o estacionarse en San Diego y volar desde Tijuana.

Para que Tijuana pueda despegar como una meca de tecnología debe aprovechar la “megaregión” que forma con San Diego, dijo Conrado Macfarland, director de innovación y espíritu emprendedor de la ciudad.

Toledo dice que la solución es más sencilla: mostrar una historia de éxito. Por un tiempo, el ejemplo innovador de Tijuana fue el fabricante de drones 3D Robotics. “Jordi nos puso en el mapa”, dijo Toledo, refiriéndose a Jordi Muñoz, cofundador de la compañía y nacido en Tijuana. Pero 3DR colapsó el año pasado después de una serie de equivocaciones. En el verdadero estilo de las startups, Muñoz pasó a su siguiente empresa.

Este es el espíritu creativo que los jóvenes emprendedores como Herrera quieren emular. Dice que a los ingenieros mexicanos tradicionalmente se les alienta a trabajar en alguna empresa en lugar de ser empresarios. “Te dicen que seas el mejor ingeniero en Samsung o Toyota. No te dicen que puedes crear algo”, dijo.


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