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Jueves , 18.10.2018 / 09:54 Hoy

Suiza: Una noche en el pasado

Una creciente cadena de hoteles que cuentan con siglos de antigüedad hace que la gente explore el país al tiempo que conocen su historia

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Hay algo que hace que un lago pacífico en un país pequeño y civilizado desde hace mucho tiempo nos haga pensar en un cuento para niños. ¿Son libros editados por Ladybird? ¿Babar el elefante? No lo recuerdo bien, pero aquí, en el banco del Lago Biel, en el noroeste de Suiza, el mundo parece haber alcanzado un estado perdido de orden. Tal vez tiene que ver con el hecho de que esté aquí con mi madre.

Juntos tomamos un tour por los hoteles históricos de la campiña suiza; el tipo de lugares apropiados para una dama de 83 años, o en donde a Agatha Christie le habría gustado ambientar una novela. Ya habíamos estado juntos en Suiza, pero yo era un niño.

Aunque Suiza tiene una buena cantidad de palacios antiguos de cinco estrellas, también tiene hoteles menos conocidos que son más antiguos y con más historia. Muchos perdieron durante siglos batallas contra el polvo, pero ahora disfrutan de un renacimiento, pues en 2004 se formó una organización de apoyo: Swiss Historic Hotels (Hoteles históricos suizos). Ahora tiene 51 miembros, y uno de ellos hospedó a sus primeros clientes en 1519.

Desde el embarcadero, una caminata de 10 minutos por un sendero nos lleva a lo que era un monasterio cluniacense en donde se alojó Rousseau, el Klosterhotel St. Petersinsel. Las habitaciones se abrieron al público en el siglo XVI y la antigüedad del hotel es evidente: celdas y pisos de piedra, vigas de madera, pesadas aldabas de hierro.

Las habitaciones en las que se hospedó Rousseau en 1760 se han conservado y se dejan sin llave. Están austeramente amuebladas con un armario, una chimenea, una cama con dosel y una puerta con trampilla en el piso por la que Rousseau solía escapar a la cocina cuando los admiradores venían a visitarlo.

La Hirschen Inn es una posada campestre del siglo XVII, con entramado de madera rústico por fuera, pero delicado y fino por dentro. Las paredes son casi totalmente de madera, las puertas de las recámaras están pintadas con escenas locales y bíblicas en colores azules y grises, y los marcos de las puertas tallados de una forma muy compleja. Sólo tiene seis habitaciones de las cuales, tres son dignas de museo. Una capilla del siglo X se encuentra atrás. Esto explica por qué fue nombrado el hotel histórico del año por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios Históricos.

El Hotel Kurhaus Swiss Spirit se encuentra a la mitad de la pequeña ciudad de Flühli. Es un edificio de madera de la mitad del siglo XIX, que era una “casa de reposo”; es decir, un sanatorio que se reconvirtió en un hotel en 1904. Se trata de otro refugio de amplios, oscuros y crujientes corredores y enormes balcones con barandales en los que seguramente se acomodaban las camillas de los convalecientes.

El huésped más famoso de la Kurhaus fue Lenin, quien se hospedó ahí los veranos de 1914 y 1915. Y como debería de ser, me estoy quedando en el cuarto de Lenin (el 108), que tiene una vista panorámica de la calle principal.

Mientras mi madre y yo miramos otro paisaje suizo con nuestro trago, recuerdo el título de ese libro para niños: “Tintín”, le digo. “Él se hospedaba en un lugar así antes de partir para el Tíbet. Seguro que estaba pensando en los libros de Tintín”. Ella le da un sorbo a su Riesling, se encoge de hombros y me dice: “Fascinante, querido”.


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