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Jueves , 20.09.2018 / 22:01 Hoy

Shell está listo para perforar el Ártico

El éxito o fracaso de un proyecto muy complicado y retrasado es crítico para el futuro del desarrollo petrolero frente a la costa de Alaska


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Sus piernas amarillas brillan en el sol de primavera, la unidad móvil de perforación mar adentro Polar Pioneer es fácil de ver al estar anclada en el puerto de Seattle.

Es una ubicación apropiadamente pública para una plataforma que se prepara para la campaña de exploración más observada de este año: el programa de perforación de Royal Dutch Shell en el Mar de Chukotka en el Ártico frente a la costa noroeste de Alaska.

Diez años después de que empezó a adquirir nuevos contratos en el Ártico, y después de gastar casi 7 mil millones de dólares (mdd), Shell todavía no perfora un pozo en las rocas portadoras de petróleo. Una serie de demandas legales, objeciones regulatorias y equivocaciones lo retrasaron.

Pero después de obtener una vital aprobación de los reguladores de EU a principios de este mes, el grupo tiene la oportunidad de cambiar todo eso.

Si todo sigue de acuerdo al plan, para finales de julio empezará a perforar dos pozos en el prospecto de Burger en el Mar de Chukotka. Su éxito o fracaso será fundamental para el futuro del desarrollo petrolero frente a la costa de Alaska.

El Ártico de Alaska, tiene un gran potencial. Las proyecciones del gobierno de Estados Unidos sugieren que en el largo plazo puede producir un millón de barriles diarios, lo que lo coloca en una escala similar a la del Golfo de México como una región productora de petróleo. Para hacerlo posible, Shell y otras compañías tendrán que hacer descubrimientos petroleros para confirmar que el supuesto potencial del área puede convertirse en realidad.

Ann Pickard, a cargo del proyecto desde 2013 como vicepresidenta ejecutiva de Shell para el Ártico, buscaba su retiro después de pasar una temporada manejando las operaciones australianas de la compañía, pero la convencieron de tomar un último reto.

“Shell es muy bueno conmigo, y cuando me pidieron esto, sentí que podía regresarle algo a Shell”, dijo.

La exploración en el Ártico es difícil: sólo es posible perforar por dos o tres meses en el verano cuando el hielo se despeja lo suficiente, y los mares pueden ser más difíciles que los del Golfo de México, la región mar adentro que la industria estadounidense conoce mejor.

Pero Pickard dice que es totalmente posible hacerlo con seguridad.

“Podemos hacer esto”, dice. “Pero se necesita que operemos excepcionalmente bien”.

El Polar Pioneer es el foco de las protestas de los defensores del medio ambiente.

Activistas de Greenpeace lo abordaron en el Océano Pacífico en abril mientras lo remolcaban a Seattle, y después de llegar a puerto a principios de este mes 500 “kayactivistas” lo rodearon en canoas.

Los manifestantes se oponen al riesgo de un derrame, que sería muy difícil de limpiar en las aguas heladas del Ártico, y a las implicaciones del cambio climático del futuro del petróleo a largo plazo.

“El último lugar en el que deberíamos perforar para buscar petróleo es en el Océano Ártico”, dice Dan Ritzman de Sierra Club, uno de los grupos que participan en las protestas. “Este es un lugar donde deberíamos de dejar en la tierra los combustibles fósiles”.

Al argumento a favor de la perforación en el Ártico no le ayudaron los problemas que persiguieron a Shell y a sus contratistas.

En el verano de 2012 se logró perforar dos “agujeros”, que quedaron por debajo de las supuestas reservas petroleras, pero que enfrentó dificultades persistentes.

El Noble Discoverer, un buque de perforación que se utilizó en el programa y operará de nuevo en el verano, sufrió de un desperfecto en el motor.

El Kulluk, otra plataforma que se utilizó ese año, se soltó de sus cables cuando la remolcaban en un mar picado frente a la costa sur de Alaska, y terminó varada. La desarmaron.

Noble, el contratista de perforación que operaba las plataformas, en diciembre pasado se declaró culpable de ocho cargos de mantener registros irregulares y de no notificar a la Guardia Costera de EU de condiciones peligrosas, y recibió una multa de 12 millones 200 mil dólares.

“Lo que ocurrió en 2012 no mostró a Shell en la forma como conozco a Shell”, dice Pickard. “Intentamos reconstruir la confianza”.

En parte, por eso es la mejora de equipo. El Polar Pioneer, propiedad y que opera Transocean, tiene un historial exitoso de operaciones en condiciones difíciles frente a la costa de Noruega, y se modificó para Shell con características como un remolque más fuerte y un incinerador para los residuos.

Sin embargo, más que el equipo, es la “interfaz hombre-máquina”, la que es vital, dice Pickard.

Su enfoque para el detalle exhaustivo para manejar a los empleados de Shell y a docenas de contratistas que trabajan para el proyecto.

“Quiero saber qué fue lo que tomó en el desayuno el marinero en cubierta. Y sólo bromeo a medias”, dice. “Quiero saber, si estas personas en los barcos son capaces, competentes y quieren estar allí. Quiero saber lo que pasa cada hora del día”.

No planear con suficientemente antelación fue una de las razones de los problemas que enfrentó Shell en 2012, dice Pickard. Otra fue la falta de comunicación estrecha con los contratistas.

Ella cree que abordó esas dos debilidades.

“No quiero sonar demasiado confiada, porque no es mi estilo. Pero a medida que veo cada pequeña pieza de lo que planeamos hacer...no hay una debilidad en nuestro programa”.

La pregunta, dice, es “¿Qué va a suceder que nos pueda sorprender?”.

A Shell le falta asegurar algunos permisos antes de que pueda empezar la perforación, y todavía enfrenta objeciones legales.

Las plataformas podrían estar en su camino por el estrecho de Bering a principios de julio, y la compañía todavía sin saber con seguridad de si tendrá permiso para perforar.

El equipo del proyecto estará listo, dice Pickard, y la mayor parte del costo de mil millones de dólares del programa de este año se habrá gastado.

“Me esforcé mucho en hacer esto bien”, dice. “Ahora depende más de la gente que puse para ejecutarlo”.

Aspectos económicos crudos

Encontrar sólo gas no será suficiente para que sea redituable.

A pesar de todos los retos logísticos de operar en el Ártico y la oposición de los ambientalistas, los ejecutivos de Shell dicen que el premio vale la pena.

El prospecto Burger, a 70 millas (112 kilómetros) frente a la costa del noroeste de Alaska, es uno de los objetivos más prometedores para la exploración petrolera en todo el mundo.

Shell perforó allí entre 1989 y 1991 y sólo encontró gas, algo no viable económicamente en ese entonces ni ahora. Sin embargo, después de estudiar la geología del área en la década del 2000, Shell concluyó que había una buena probabilidad de que podría haber petróleo.

Con los precios del crudo más altos y los avances en la tecnología de producción que harán posible conectar los campos al sistema de ductos trans-Alaska para llevar el petróleo al puerto petrolero de Valdez, empezó a verse como un prospecto comercialmente viable. En 2008, Shell pagó 2 mil 100 mdd por 275 contratos para perforar en el Mar de Chukotka, incluyendo Burger.

El gobierno de EU estimó que los contratos que se compraron en esa venta, la mayoría de los cuales fueron para Shell, pueden producir 4 millones 300 mil barriles de petróleo: más del total de las reservas probadas del Reino Unido.

Aunque las condiciones del Ártico dificultan la perforación, Burger está dentro de las capacidades de la plataforma Polar Pioneer.

Aún así, la presencia o ausencia de reservas de petróleo no puede conocerse con certeza hasta que se perforen los pozos. “La presencia de hidrocarburos: está confirmado”, dice Marvin Odum, director de exploración y producción de Shell en el continente americano. “¿Necesitamos petróleo para hacer que algo así sea redituable? De eso se trata el programa de exploración”, agrega Odum.


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