La ruta de Brasil pasa por un programa de austeridad

Joaquim Levy señala que esta reducción del gasto generará crecimiento económico; adelanta menos apoyos  para los desempleados.
El funcionario participa en el Foro Económico de Davos.
El funcionario participa en el Foro Económico de Davos. (Ueslei Marcelino/Reuters)

Davos/Sao Paulo

Brasil está en un periodo de austeridad y reformas del lado de la oferta, que incluye el potencial y controvertido replanteamiento de los programas de bienestar social, como las prestaciones por desempleo, de acuerdo con Joaquim Levy, el nuevo ministro de Hacienda.

En una entrevista con el Financial Times en el Foro Económico Mundial en Davos, Levy dijo que, con el fin de lograr un orden en las finanzas públicas, “tendremos que reducir (el gasto) en varias áreas”.

Señaló su intención de “deshacerse de los subsidios y fijar los precios correctos”, y destacó a la “energía y otras áreas” como posibles objetivos. Además, Levy quiere impulsar una reforma de los programas de bienestar social del gobierno, con el argumento de que el diseño de los apoyos por desempleo en Brasil son “totalmente obsoletos”.

Levy reconoció que la austeridad puede tener un impacto en el crecimiento económico. “Creo que no puede descartarse como posibilidad un crecimiento débil, aunque el crecimiento del PIB de Brasil es resistente”. Argumentó que su país tiene más necesidad de reformas del lado de la oferta que un estímulo a la demanda, y expresó su confianza de que, “en cuanto pongamos en orden la casa, la reacción será positiva”.

La eliminación de subsidios y los recortes de las prestaciones de bienestar social son una tarea políticamente sensible en Brasil, donde un aumento en las tarifas de los autobuses provocó manifestaciones masivas en 2013.

Uno de los primeros actos de la presidenta Dilma Rousseff al ganar su segundo mandato  (en octubre pasado) fue reducir algunas prestaciones de desempleo y pensión, mientras que los gobiernos estatales y municipales aumentaron las tarifas de los autobuses.

En un esfuerzo por controlar la inflación, el banco central también aumentó 50 puntos base la tasa de referencia Selic para llegar a 12.25 por ciento, un nivel máximo en tres años. Ya hay protestas violentas como reacción a los incrementos de las tarifas de autobús en Sao Paulo.

Pero Rousseff, hasta el momento, todavía no toca el popular programa Bolsa Familia, de apoyos mensuales del gobierno a los pobres, y se comprometió a continuar con los aumentos en los salarios mínimos. Levy, quien también dejó en claro que no se recortará esa estrategia para los pobres, dijo que “las manifestaciones de 2013 fueron para un mejor gobierno, no para un gobierno más grande”.

Señaló que confía que “en Brasil la mayoría de la gente esté lista para pagar los servicios”.

El mensaje del ministro de Hacienda brasileño probablemente tenga un cálido recibimiento entre muchos empresarios y financieros en Davos. La imagen de Brasil entre los inversionistas sufrió en los últimos años por las preocupaciones del lento crecimiento y las políticas gubernamentales que fueron ampliamente vistas como excesivamente intervencionistas y despilfarradoras.

Levy reconoció indirectamente la necesidad de mantener a los mercados financieros internacionales de su lado: “Siempre debemos tener en cuenta nuestra calificación crediticia”.

El funcionario también cree que sus reformas están en consonancia con las tendencias internacionales, en particular con el freno a las políticas diseñadas para estimular la economía en Estados Unidos y China.

“El mundo cambia y es el momento para que Brasil cambie”, agregó. “Las políticas anticíclicas tienen sus límites, especialmente cuando ves que las dos economías más grandes del mundo cambian su posición”.