Dos jóvenes emprendedores luchan por cuidar el planeta

Dos organizaciones de la sociedad civil con enfoque ecológico se transforman en empresas demostrando que la sustentabilidad puede ser negocio.
Cuidado del medio ambiente
(Ilustración: Arturo Fonseca)

Ciudad de México

Entre los diez jóvenes menores de 35 años reconocidos por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) como los emprendedores mexicanos más destacados están Daniel Gómez, creador de la empresa fabricante de biodiésel Solben, y Enrique Lomnitz, fundador de Isla Urbana, una compañía dedicada a los sistemas de captación de agua pluvial. Ambos iniciaron sus proyectos como organizaciones de la sociedad civil (OSC) y tuvieron tanto éxito que se convirtieron en empresas rentables.

Gómez comentó en entrevista que "un dato curioso que poca gente sabe es que Solben nació como asociación sin fines de lucro. Después nos dimos cuenta de que para una OSC la gestión de recursos era mucho más difícil que vender. Si encuentras una solución a un problema y es buena, la gente estará dispuesta a pagar por ella; entonces puedes desarrollar un modelo de negocio con alta rentabilidad y a la vez tener el impacto social deseado. Ese esquema ya nos hizo independientes de recursos como donativos, patrocinios o apoyos del gobierno".

Lomnitz coincidió en que "vivir de puro donativo es como una receta para quedarte muy limitado. Nosotros creemos en usar estrategias como tener un poco más de mercado para escalar, y vendemos sistemas de captación a delegaciones y municipios que tienen poblaciones a las que no les llega el agua. Ya no somos una asociación civil, somos una empresa".

No obstante, Isla Urbana sigue recibiendo donativos para su labor altruista, los cuales usan "para atender a las poblaciones más aisladas, donde no hay más opciones que las filantrópicas. Estamos con los huicholes y a ellos destinamos las donaciones y becas".

Ser rentable

En el caso de Solben, "uno de los principales mensajes que intentamos transmitir es que ser socialmente responsable no está peleado con tener una alta rentabilidad. A lo largo de nueve años hemos mostrado que una empresa sustentable puede ser altamente rentable y eso lo demostramos con las 26 plantas de biodiésel que hemos instalado en Latinoamérica", afirmó Gómez.

A cualquier iniciativa de Responsabilidad Social "hay que buscarle un modelo económico rentable. Nosotros empezamos en una época en la que el biodiésel no era competitivo y nos topamos con el hecho de que, por más que uno quiera ayudar al medio ambiente, si no impacta de manera positiva en el bolsillo de los clientes o del mexicano en general, entonces no habrá un interés por desarrollar esta industria", subrayó el joven emprendedor.

Aunque dejó de ser una OSC, el ahora conocido como Rey del biodiésel continúa con sus proyectos de labor social. "Tenemos un programa que se llama Embajadores Solben con el que empoderamos a gente que tiene iniciativas sobre las energías renovables. Por medio de la marca, que ya está posicionada, y mediante capital o contactos, potencializamos proyectos. Por ejemplo: si alguien recolecta aceite en su escuela, nosotros le ayudamos a que lo haga con todas las escuelas de su ciudad, ya sea comprándole el producto o con campañas de mercadotecnia".

El biodiésel no solo es una fuente de energía alterna contra el calentamiento global. "Al reciclar el aceite, evitas que lo tiren por la coladera, ya que un litro de ese residuo puede contaminar cientos de litros de agua. Así que el impacto positivo de esta tecnología no solo abarca evitar las emisiones a la atmósfera, también ayuda a cuidar los recursos hídricos", abundó Gómez.

Crisis de agua

"La Ciudad de México está en una crisis de agua que es mucho más grave y seria de lo que la mayoría de la gente quiere ver", aseguró Lomnitz. La captación pluvial para uso doméstico es una verdadera opción. "Isla Urbana nació con el propósito de impulsar la cosecha de lluvia en México. La misión es que la captación de lluvia pase a ser una parte normal en la vida de todos. El proyecto se enfoca en poblaciones marginadas, al menos en cuanto a su acceso a los recursos hídricos, y por supuesto que es una iniciativa ambiental", comentó Lomnitz.

De acuerdo con el emprendedor, en la Ciudad de México hay 250 mil personas que no están conectadas a la red de distribución y se abastecen con pipas o acarreo. También hay muchos miles a quienes les llega el agua cada quince días o más.

"El proyecto surgió en 2009 en la colonia Cultura Maya, en el Ajusco, donde empezamos instalando quince sistemas en el primer año, porque al principio no tuvimos el apoyo de ninguna institución. Comenzamos solos", recordó Lomnitz. "Isla Urbana llamó la atención de personas e instituciones y empezamos a conseguir más apoyo y a ganar becas. Recibimos donativos de varios corporativos y ganamos una beca del Instituto de la Juventud".

Actualmente cuenta con 2 mil 616 sistemas instalados de los cuales se benefician 18 mil 300 familias. Con la tecnología desarrollada se han recolectado anualmente 280 millones de litros, con un ahorro total de 35 mil pipas de agua.

Al preguntarle sobre las sinergias con empresas, comentó que "muchas compañías tienen sus departamentos de sostenibilidad corporativa o de responsabilidad social y varias de éstas nos apoyan con donativos o becas. Eso es algo muy importante".

"La cosecha de agua de lluvia es una parte muy importante de la adaptación, pero el problema solo se puede resolver con la combinación de muchas ideas y muchas iniciativas", concluyó Lomnitz.