Ni en remate compran aeropuerto "quijotesco"

La terminal española de Ciudad Real es considerada uno de los peores excesos en los años especulativos.
Al fondo, la torre de control.
Al fondo, la torre de control. (Paul White/AP)

Madrid

Uno de los capítulos más tristemente célebres de la crisis económica de España parecía llegar ayer a una absurda conclusión, después de que un inversionista chino ofreció 10 mil euros para comprar un enorme aeropuerto.

El grupo chino fue el único postor para el enorme y vacío aeropuerto que se encuentra en la región escasamente poblada de Castilla-La Mancha, cuyo costo de construcción se reportó en mil millones de euros. Ciudad Real cuenta con una pista de aterrizaje de cuatro kilómetros — longitud suficiente para que aterricen los aviones de pasajeros más grandes del mundo— y una terminal diseñada para dar servicio a 10 millones de clientes al año.

Desde que se completó su construcción en 2009 —tras el auge de la construcción de una década se convirtió en una depresión que llevó a España a su peor recesión en la historia reciente— el aeropuerto se considera como uno de los peores excesos de los años especulativos del país.

Se ve como un ejemplo perfecto de la imprudente ambición que llevó a los gobiernos locales y regionales a construir museos, pistas de carreras, estadios deportivos y enormes centros de transporte en el periodo previo a la crisis financiera.

Una portavoz del tribunal local de Ciudad Real, que manejó la subasta, dijo que la oferta provino de una compañía china de nombre Tzaneen International. Pero señaló que no está claro si se le va a vender el aeropuerto a Tzaneen, ya que su oferta fue significativamente menor al valor de 40 millones de euros que fijó el tribunal.

La fecha límite de la subasta se amplió hasta el 15 de septiembre con la esperanza de atraer ofertas mayores.

Ciudad Real, una capital de provincia de solo 75 mil habitantes, siempre se consideró una opción peculiar para construir un aeropuerto grande. La ciudad se encuentra a más de dos horas de distancia de Madrid, la capital del país, tiene poco potencial para el turismo y una actividad comercial insignificante.

Originalmente el aeropuerto recibió el nombre de Don Quijote, como el héroe de la novela clásica de Cervantes. Se le cambió el nombre rápidamente, pero la asociación con el delirante caballero pronto demostró ser adecuada: incluso cuando estuvo en funcionamiento, el aeropuerto nunca dio servicio a más de un puñado de vuelos a la semana.

El operador, CR Aeropuertos, se fue a la quiebra en 2010, y todos los intentos para obtener algún provecho de los activos restantes se toparon con problemas. El aeropuerto y sus alrededores se pusieron a subasta en 2013, y el precio de venta se estableció en 100 millones de euros, pero no se encontró ningún comprador.

El proceso volvió a iniciar este año con un precio objetivo de 80 millones de euros, pero la decisión de seguir adelante con la venta se retrasó en diversas ocasiones. Entonces, el tribunal decidió dividir los activos en dos paquetes, licitar los edificios y la pista de forma separada la tierra circundante.

Si no se logra una nueva oferta para el 15 de septiembre, el tribunal puede cancelar de nuevo la subasta o aceptar la oferta de Tzaneen.

La venta a un precio tan bajo podría cristalizar lo que seguramente sería una de las pérdidas financieras más espectaculares a lo largo de los años del auge y crisis de España.

Otro famoso aeropuerto fantasma de España, un proyecto de 150 millones de euros en Castellón, todavía está en operación, y a principios de este año llamó la atención cuando Ryanair anunció que va a establecer allí su base.

Por su parte, ciudades como Valencia y Santiago de Compostela se embarcaron en ambiciosos proyectos de museos durante los años de auge que ahora se consideran locuras costosas.