Las relaciones con robots plantean dilemas morales

La realidad se acerca a la ciencia ficción y algunas firmas ya desarrollan máquinas para interacción sexual o sentimental con humanos.
La pregunta es si no es mejor una relación con robots que no tener una, dice el especialista David Levy.
La pregunta es si no es mejor una relación con robots que no tener una, dice el especialista David Levy. (Shutterstock)

¿Nos podemos enamorar de un robot? Desde hace algún tiempo las películas sugieren esa posibilidad. Como cuando un hombre se enamora del sistema operativo de su smartphone en la película Her (Ella) de 2013, o el amante Gigolo Joe que ofrece sus servicios a las mujeres en la película A.I. (Inteligencia Artificial) de 2001.

Estamos en el umbral de poder crear robots adorables. Por ejemplo, los grandes avances en la inteligencia artificial hacen que las conversaciones con los autómatas sean menos forzadas. Una compañía de Silicon Valley, Eternime, planea permitir que las personas puedan crear avatares de sí mismos que puedan aprender su forma de hablar y sus historias de vida, y después conversar con los seres amados después de su muerte.

Y los mismos robots se vuelven cada vez más realistas. La Universidad de Ciencia y Tecnología de Hefei, China, dio a conocer recientemente Jia Jia, una atractiva robot humanoide que puede responder cuando le hablan y cuyos movimientos faciales parecen naturales. Ricky Ma, un inventor de Hong Kong, creó una robot que se parece un poco a Scarlett Johansson. Sonríe, guiña y responde a los cumplidos.

Todavía no se construye un robot con propósitos sexuales. Sin embargo, ya existe una industria de nicho, pero lucrativa, que crea muñecas sexuales realistas. Abyss Creations con sede en California tiene una línea llamada RealDolls, figuras humanoides de piel de silicona de alta calidad y extremidades móviles, totalmente personalizadas en diferentes tonos de piel.

Las muñecas de la compañía no se mueven, tampoco hablan, ni se paran sin un apoyo. A pesar de esto, su fundador, Matt McMullen, dio a conocer el año pasado en el sitio Reddit que trabaja para encontrar la forma de integrar la inteligencia artificial en sus muñecas.

Tener una relación, el sexo o incluso el matrimonio con los robots podría llegar a ser algo normal para 2050, dice David Levy, experto en inteligencia artificial y autor del libro Love and Sex with Robots (Amor y sexo con robots).

Señala que ya nos encariñamos con las mascotas y con los objetos inanimados, como los coches o las computadoras. Entonces, ¿por qué no con los robots? Además, agrega que las razones por la que los seres humanos se enamoran entre sí se pueden desglosar en partes bastante mundanas, como la cercanía y las similitudes.

“Si un robot actúa de una forma que se parece mucho a la de los humanos, y si te da algo a cambio —si te ofrece grandes relaciones sexuales y una conversación interesante— puedes comprender por qué un dueño se puede encariñar con el robot”.

Algunos argumentan que los robots sexuales podrían beneficiar a la sociedad, sustituir a los trabajadores sexuales que son objeto de la trata de personas, por ejemplo, de la misma forma en que los robots industriales realizan tareas que son demasiado peligrosas o sucias para los trabajadores humanos.

Pero esa posibilidad horroriza a Kathleen Richardos, investigadora de ética en la robótica de la Universidad De Montfort, en el Reino Unido.

“Me preocupa el impacto en las relaciones humanas. Se introduce la idea de que las relaciones humanas son opcionales, que puedes satisfacer todas tus necesidades con una máquina. Pero eso no es cierto. Necesitas de otros seres humanos”, dice.

A pesar de que se habla de máquinas inteligentes, el centro de este debate es la naturaleza del amor. Cuando hablamos de robots —para enamorarse o para que nos sustituyan en el lugar de trabajo— a menudo expresamos nuestras preocupaciones por otras cosas, como la naturaleza de las relaciones hombre-mujer.

Por ejemplo, Richardson, quien fundó Campaign Against Sex Robots, ofrece dos argumentos en contra de los robots sexuales. Uno tiene que ver con el hecho de que la mayoría de las muñecas sexuales parecen mujeres y los hombres son quienes las compran, aunque también hay disponibles muñecos sexuales. A Richardson le preocupa que de la misma forma que con la gran proliferación de la pornografía en internet, los robots sexuales femeninos deshumanicen a las mujeres.

Crear objetos que se parezcan tanto a las mujeres, argumenta, lleva a los hombres a considerar a las mujeres como objetos.

Otro problema es que las relaciones con las máquinas frenan nuestro propio desarrollo emocional.

“Necesitamos la interacción social con otras personas”, dice Richardson. “Es lo que nos vuelve humanos”.

Los demás nos contienen y nos enseñan a negociar y la reciprocidad. Una relación con una máquina, que se programa para obedecer nuestros deseos, puede convertirnos en niños mimados, incapaces de funcionar con otros seres humanos.

Sin embargo, Levy argumenta que los robots no van a sustituir las relaciones humanas, más bien ofrecen un sustituto para aquellos que no pueden formar una, personas con una gran discapacidad, por ejemplo, que batallan para encontrar una pareja sexual.

“La pregunta no es si la relación con un robot es mejor, sino si es mejor que no tener una relación en lo absoluto”, dice.

Oposición

La investigadora Kathleen Richardos cree que la interacción sexual con robots pone en riesgo las relaciones humanas.

Feminismo

Campaign Against Sex Robots argumenta que el diseño femenino de las máquinas lleva a los hombres a ver a las mujeres como objetos.

Apoyo

En su libro Love and Sex with Robots, David Levy dice que es posible encariñarse con máquinas como con otras cosas.