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Miércoles , 19.09.2018 / 01:42 Hoy

Por una buena calidad del vino

Esta vinícola familiar fundada en 1997 tiene la capacidad de producir hasta 8 mil cajas de vino por añada y vender a los productores locales el 50% de su cosecha.
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Los hermanos Roberto, Abel y Fernando Lafarga tienen una fascinación especial por el campo heredada por su padre, un sinaloense que a los 55 años compró un rancho en Ensenada donde vivieron parte de su infancia. Años más tarde, fueron las uvas y el campo lo que unió a los hermanos para fundar su propio viñedo.

“Mis vivencias de los seis a los doce años fueron en los ranchos; uno de mis hermanos es técnico radiólogo, el otro es arquitecto y yo soy cirujano plástico; quisimos regresar al rancho, pero con algo que producir, ahí fue cuando nos introdujimos a la vitivinicultura”, cuenta Roberto.

En 1997 iniciaron formalmente con Viñedos Lafarga en un predio de 3.5 hectáreas en San Antonio de las Minas, Baja California, donde hicieron sus primeras plantaciones de Nebbiolo, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah.

Fue en la “Escuelita de El Porvenir” del enólogo Hugo D’Acosta donde aprendieron las bases para la elaboración del vino.

Siete años después, los hermanos Lafarga compraron un segundo terreno de 21 hectáreas en el Valle de Guadalupe con capacidad para almacenar 370 barricas y donde recientemente construyeron una vinícola tipo gravitacional a base de piedra que desde hace dos años está abierta al público.

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“Tenemos un área de degustación, salón de eventos y próximamente nos gustaría concesionar el proyecto de un restaurante a un buen chef”, explica Roberto.

Actualmente, Viñedos Lafarga produce más de 2 mil 500 cajas de vino por año, aunque el proyecto en las nuevas instalaciones podría crecer a 8 mil cajas de vino por añada. Roberto explica que además de fabricar vino, venden el 50% de las uvas a otros productores de la región que no tienen un viñedo.

Entre sus etiquetas está “Esther”, un merlot nombrado así en honor a su madre; “DJ-1905”, una mezcla de Cabernet Sauvignon y Merlot-Syrah que bautizaron con las siglas y el año de nacimiento de su padre Don José; “DQ-XVI”, “Equinoccio-Nebbiolo”, “Equinoccio-Syrah” y “Equinoccio-Mediterráneo”, un vino blanco.

“La calidad de nuestro vino está justificada con alrededor de 20 medallas, de las cuales 3 están en el extranjero”, puntualiza Roberto.

Los vinos Lafarga se venden en la Ciudad de México, en el Sureste de la Republica, en Monterrey, Los Cabos, Tijuana y Ensenada.

Para Roberto hay un evidente boom por consumir vinos mexicanos, en específico provenientes de Valle de Guadalupe; cada vez hay más cultura, aprendizaje y productores interesados en hacer vino en serio.

“Para hacer vino se necesita mucho amor por el campo. Todo lo que haces en la vida te tiene que gustar y tomarlo con seriedad; no se trata de presumir que tienes un vino propio, hay que tenerle amor y eso te va asegurar un producto bueno y te va a ir bien”, finaliza Roberto.

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