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Viernes , 21.09.2018 / 11:46 Hoy

Por qué salir de la UE dejará insatisfecho a casi todo el mundo

Quienes votaron por salir buscan una de tres cosas: un mercado libre, recuperar soberanía o frenar la migración. La realidad de la salida no dejará contentos a todos. 

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El pueblo habló. Pero, ¿qué dijo? Sí, sabemos que en el referéndum de consulta que se realizó el 23 de junio, una mayoría por pequeño margen prefirió salir que permanecer. Sin embargo, mientras que permanecer dejaba un estado relativamente claro de las cosas, la posición de salir no. Por el contrario, definir esa posibilidad es complejo y controversial.

La realidad es que la votación por salir oculta múltiples alternativas. Es probable que ninguna de estas sea tan popular como lo era el permanecer. Por tanto, hacer una realidad la salida, si de hecho es lo que se intenta ahora, es casi seguro que deje una insatisfacción más generalizada en comparación como sería con permanecer.

No solo muchos de los partidarios de permanecer ahora están infelices. Muy pronto, también lo serán muchos de los que votaron por salir. Este referéndum no pondrá fin al descontento, sino que empezará lo que probablemente sea un descontento más grande y generalizado.

Al parecer, los partidarios de salir se pueden ubicar en tres categorías: los que quieren un mercado libre sin restricciones, los que quieren recuperar la soberanía y los que quieren frenar la inmigración. Muchos de los que pertenecen a las últimas dos categorías históricamente votaron por el partido Laborista. La última cosa que estas personas querrían es lo que ahora parece la reacción más probable de los conservadores, que es reducir los impuestos sobre el capital y vender activos y mano de obra británica al mejor postor.

Rupert Harrison, exasesor de George Osborne, el canciller británico, definió la opción ideal como un “Espacio Económico Europeo menor”. Como señala con razón, las consecuencias económicas del Brexit dependen de la naturaleza de cualquier nuevo acuerdo con la Unión Europea (UE). Pero si el Reino Unido de hecho tiene la determinación de introducir nuevos controles sobre la inmigración, como muchos de los partidarios por salir desean, el resto de la UE no le permitirá mantener un acceso total al mercado único.

La pregunta es cuánto acceso se puede perder. Como argumenta Harrison, “el diablo se encuentra en los detalles de qué tanto tenemos que ceder a cambio de un poco de más control sobre la inmigración, y sobre todo, lo que esto significa para el mercado único de servicios financieros”.

Entonces, imaginen un posible resultado de una negociación de ese tipo: controles limitados sobre la inmigración, con acceso al mercado único en condiciones no tan diferentes a las que tenemos ahora. Este sería lo menos malo para los partidarios por permanecer. Pero puede ser muy cuestionado por los partidarios de todas las categorías de salir. Es casi seguro que sería de muy poca ayuda para reducir la inmigración neta. (De hecho, sería difícil hacerlo, en cualquier caso, sin aislarse de los socios de la UE).

Es más, si se mantiene el grado de acceso al mercado único, como Harrison y otros quieren, el Reino Unido seguiría sujeto a todas las regulaciones pertinentes, sin poder tener una influencia directa sobre ellas. Incluso estaría sujeto a la interpretación de las reglas del Tribunal de Justicia de la UE, al que aborrecen muchos de los partidarios por salir.

Por tanto, ese resultado puede enfurecer a los que quieren reducir la inmigración, y a los que les interesa una hoguera de regulaciones, y a quienes buscan recuperar el control sobre los asuntos del Reino Unido. Podría complacer a la mayor parte de las empresas. Pero, la mayoría de los partidarios por salir, lo verían como una traición absoluta.

¿Existe otra serie de compromisos que puedan satisfacer mejor a los partidarios por salir? La más obvia sería buscar una zona de libre comercio para productos. Aunque incluso en esto podría ser difícil llegar a un acuerdo sin aceptar el movimiento continuo de personas.

Esa opción aumentaría la libertad de los gobiernos del Reino Unido, pero también reduciría el grado de integración económica con la UE y por lo tanto impondría mayores costos económicos. Si bien esta opción sería más satisfactoria para los partidarios de salir que un Espacio Económico Europeo menor, los costos son importantes para ellos, en especial si dependen del gasto de gobierno. Esta opción, sin duda, les gustaría menos a los partidarios de permanecer que el Espacio Económico Europeo menor.

Aunque impráctico, uno podría imaginar que se hubiera realizado un referéndum con más de dos opciones: tal vez permanecer y varias opciones de salir.

Permanecer seguramente hubiera ganado mucho más votos como primera opción que cualquiera de las opciones por salir. Si el referéndum permitiera votos transferibles y, sobre todo, si se hubieran subrayado en forma clara los costos de salir de la UE y después negociar nuevos acuerdos, el voto por permanecer seguiría ganando.

No es solo lamentarse por lo absurdo de reducir una compleja serie de opciones para el futuro a largo plazo de un país a una opción binaria que se toma en un solo día. Es señalar la difícil situación en la que se encuentra el Reino Unido.

Se inició un complejo proceso de reconsideración y renegociación, con el que al final muchos de los que votaron por salir seguramente se sentirán traicionados.

Por otra parte, mientras más extrema sea la versión de salir, más horrorizados quedarán los partidarios por permanecer. La decisión del Brexit no es el final de una agitación política en el Reino Unido. Tan solo es el comienzo.



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