Los pioneros olvidados de la era de la información

Las figuras de Gates, Ellison, Zuckerberg o Jobs son las más vistosas entre los capitanes de la tecnología, pero hay otros que forjaron la industria.
El PARC, centro de investigación de Xerox, fue escenario de grandes avances.
El PARC, centro de investigación de Xerox, fue escenario de grandes avances. (Especial)

Si el éxito financiero fuera la única forma para medir la genialidad en los negocios, la era de la computación puede reclamar más que su justa parte de las grandes figuras en la historia empresarial.

Si se mide únicamente por sus fortunas personales, sería difícil negar que Bill Gates (Microsoft), Larry Ellison (Oracle), Mark Zuckerberg (Facebook) y Sergey Brin y Larry Page (Google) ocupan un lugar junto a personas de una era anterior de la talla de John D. y otros Rockefeller o Andrew Carnegie. Y pocos tienen un éxito tan espectacular para definir los mercados masivos como Steve Jobs, de Apple, cuya secuencia de éxitos desde su Mac hasta el iPad ayudaron a darle forma a la experiencia de la computación por más de 30 años.

Sin embargo, solo con el dinero no se cuenta la historia completa. La naturaleza del ganador se lo lleva todo, de muchos mercados de tecnología se suma a las impresionantes ganancias, magnifica los ingresos para aquellos que son tanto inteligentes como los suficientemente afortunados para tomar la primera ola de cada nueva era de tecnología. E incluso los últimos ganadores no siempre muestran el toque empresarial más seguro: Bill Gates no creía que se pudiera ganar buen dinero con la venta de sistemas operativos hasta que su socio, Paul Allen, lo convenció de cobrar por el software, en lugar de regalarlo.

En especial, el catálogo de ricos de la tecnología no toma en cuenta el gran efecto de las figuras cuyas ideas formaron los mercados de actuales y que lograron que después fuera posible seguir con los avances, incluso si no se beneficiaron personalmente en el mismo grado. Algunos fueron visionarios que anticiparon cómo la tecnología rudimentaria transformaría grandes áreas de los negocios y la sociedad. Otros construyeron importantes empresas que sentaron las bases de las gigantescas fortunas que les siguieron.

Es difícil superar a Douglas Engelbart en su brillante visión, el científico del Instituto de Investigación de Stanford (SRI, por su sigla en inglés) que soñó con hacer que la computación fuera personal. Normalmente el desarrollo de tecnología es un asunto gradual y los investigadores se basan en los logros de otros para llegar a un producto final. Pero con la computación personal, Engelbart lo tenía todo resuelto, casi 15 años antes de que la primera computadora personal llegara al mercado.

A Engelbart se le conoce principalmente por inventar el mouse de las computadoras, pero fue su visión en la forma como los elementos del hardware, software y servicios en línea podrían juntarse lo que ofreció el primer modelo de cómo en la actualidad opera el mundo de la computación personal totalmente interconectado.

En una demostración, que se realizó en San Francisco en 1968, dirigió al equipo del SRI que dio una visión del futuro: no solo el uso del mouse para manipular las ventanas y el texto en una pantalla, sino también el uso de las redes para colaborar y las videoconferencias con personas en otros lugares y mostrar cómo el hipertexto podría facilitar el descubrimiento de la información.

Se requirió de una serie de avances técnicos en el centro de investigación de Xerox, en Silicon Valley, así como el genio creativo de Jobs y la manera implacable de hacer negocios de Gates para lograr que la computación personal llegara al mercado masivo. Pero fue Engelbart quien demostró que era posible.

Mientras tanto, la era de la PC —junto con muchas otras cosas que le siguieron— se basa más en un solo motor de tecnología subyacente que en cualquier otra cosa: el crecimiento exponencial en el poder del procesamiento que pasó de empacarse en más transistores a un chip de silicio. Robert Noyce, quien desempeñó un papel clave en tres empresas pioneras de chips, hizo más que nadie para que esto fuera realidad, así como en la construcción de la cultura del Silicon Valley de la actualidad.

El cofundador y primer presidente ejecutivo de Intel, Noyce, fue opacado por otras personas en la historia de la fabricación de chips. Entre estas personas se encuentran su compañero y cofundador de Intel, Gordon Moore, cuyo nombre se consagró con la “ley de Moore”, que predice el nivel de eficiencia de los chips, y por el bravucón Andy Grove, después el presidente ejecutivo de Intel que llevó a la compañía de chips de memoria al dominio en los microprocesadores.

Noyce también tuvo mala suerte de que Texas Instruments le ganara al científico Jack Kilby, quien fue la primera persona en lograr un diseño de circuitos integrados meses antes de que Noyce hiciera su propio avance de manera independiente. Kilby llegó a ganar el Premio Nobel de Física, aunque a Noyce se le dio un crédito posterior por sus propios avances en el campo.

Sin embargo, Noyce fue quien convirtió los avances de Intel en un negocio de éxito mundial. Después de trabajar en Shockley, la primera empresa de chips de silicio en Silicon Valley, fue presidente ejecutivo de la independiente Fairchild Semiconductor antes de fundar Intel. Fue en su gestión cuando Intel desarrolló un nuevo estilo de administración empresarial que ayudó a darle forma al valle, al renunciar a los adornos normales de la jerarquía corporativa a favor de una igualdad de puedes hacer las cosas y la informalidad.

Figuras como Engelbart y Noyce nunca disfrutaron del mismo reconocimiento que tienen muchos multimillonarios de la tecnología. Pero ellos, al igual que muchos otros, todavía pueden reclamar con fuerza para ser considerados los verdaderos pioneros de la era de la información.

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De que el estadunidense Douglas Engelbart presentara el mouse, desarrollado en conjunrto con Bill English

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Patentes que obtuvo el estadunidense Robert Noyce en el campo de electrónica y microprocesador; fundador de Intel

79 mil mdd

Fortuna de Bill Gates, según la estimación de la revista Forbes; fundó Microsoft en 1975