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Jueves , 20.09.2018 / 22:16 Hoy

Pionera en "wearables", en el olvido tecnológico

La japonesa Yamasa inventó hace 50 años el primer podómetro comercial, pero no se adaptó a los avances y hoy los vende sobre todo como souvenirs.

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En el cuarto piso de una concurrida tienda de productos electrónicos en Tokio, anaqueles brillantes tras anaqueles brillantes con gadgets rinden homenaje a la obsesión del siglo 21. Moov, Fitbit, Jawbone, Garmin, todos los tipos de aparatos para hacer mediciones están aquí: elegantes talismanes que se usan en la muñeca que usa una generación que tiene la determinación de registrar cada paso, cada latido y cada ronquido.

En una parte menos glamorosa de la ciudad se encuentra la japonesa que inició todo esto. Yamasa, que orgullosamente declara en la pared que da a la calle “Inventor del Manpokei”: El primer podómetro comercial del mundo y pionero de la tecnología wearable (ponible) de condición física hace cinco décadas.

Hoy, Yamasa Tokei Keiki (tokei significa relojes y keiki medición) no es tan conocida. Se perdió en el auge que conceptualizó hace 50 años. Su esperanza hoy es un monitor para medir los pasos que dan las patas de los perros, que como una ligera broma se llama Wanpokei.

Yamasa fabrica poco menos de un millón de podómetros al año, muchos de ellos se venden a los turistas chinos como gadgets auténticos “Hechos en Japón”. Pero son los primos sin estilo de los supermodelos portátiles de tecnología wearable que ahora dominan la industria de monitores de condición física.

La historia de Yamasa es una parábola de una serie de empresas japonesas: agresivamente adelantadas a la curva en un momento, pero torpemente detrás una vez que el resto del mundo las alcanzó y las superó. Piensen en el desaparecido estatus de pionero de Japón en los teléfonos móviles, los dispositivos portátiles de música y las agendas electrónicas.

Muy parecido a la moda actual por los artefactos que miden la actividad, el podómetro de Yamasa surgió por las preocupaciones por la salud. En 1963, cuando Tokio llegaba a su punto máximo de construcción antes de los Juegos Olímpicos, Iwao Ohya, director de una de las clínicas más grandes, decidió que la vida moderna hacía más perezoso a Japón. Las escaleras eléctricas, los ascensores, los coches y la comida más pesada eran símbolos de crecimiento económico, pero un infierno para la cintura.

El doctor Ohya describió sus preocupaciones al ingeniero Jiro Kato; le dijo que el país en su conjunto podría escapar de los peores estragos de la cultura de la comodidad si todo el mundo caminaba 10 mil pasos al día. Dos años de trabajo después, Kato produjo el Manpokei, el “medidor de diez mil pasos”.

Ken Kato, su nieto y director de la compañía desde 2007, saca uno de los podómetros originales de un estuche conmemorativo. Aunque era un producto de lujo en esa época, parece un poco de mal gusto para los estándares actuales, pero todavía tiene el aire ancestral de los dispositivos antiguos, como el Walkman y la máquina de fax, que provocó el cambio del comportamiento humano.

“Antes de que hiciéramos esto no existía un reconocimiento público de que podrías lograr tener salud al caminar. El podómetro puso esa idea en la mente de las personas”, dice Kato. Después los estudios académicos dijeron lo mismo, “lo que realmente provocó que aumentaran las ventas”.

En muchos sentidos, agrega, Yamasa fue una de las primeras compañías japonesas en crear una moda de tecnología personal. Le ofreció a la gente algo que no conocía. Incluso algo más importante, su abuelo se dio cuenta de que la gente se entusiasmaba más con los retos de salud de cualquier tipo si podían medir sus esfuerzos.

El impacto social del dispositivo en Japón fue espectacular. Después de que el podómetro llegó a los anaqueles en la década de 1960, surgió la Asociación de Caminar 10 mil pasos de Japón. Pronto tuvo divisiones en las 47 prefecturas, organizaban caminatas de manera regular que se podían medir con el dispositivo de Yamasa.

Otra lección de la experiencia de Yamasa, dice Kato, es el grado en el que el consumidor japonés era tradicionalmente uno de los primeros en adoptar la nueva tecnología.

Las empresas como Casio con sus cámaras digitales, Epson con sus impresoras y Sharp con su amplia gama de productos, nunca tuvieron que pensar de manera global cuando desarrollaban sus productos. Veían lo que funcionaba en Japón y pensaban que, con el tiempo, el mundo los aceptaría como los buenos productos que eran.

Aunque en el caso del podómetro, el retraso de tiempo fue demasiado grande. Era muy atractivo para la en ese entonces peculiar fascinación japonesa con la medición de la actividad humana. Fuera de Japón, nadie parecía realmente interesado. Yamasa creó la división de exportaciones hasta 1988 después de que el dispositivo cumplió más de 20 años en el mercado.

En los últimos años la tecnología wearable empezó a tener éxito, sin embargo, parece que las empresas japonesas olvidaron cómo tener la iniciativa. Acorde con las tendencias demográficas, que significa que 26 por ciento de la población del país tiene 65 años o más, los consumidores japoneses son más grandes de edad y menos propensos a experimentar en su adopción de gadgets. Sin esa prueba de mercado, las empresas se han vuelto más tímidas.

Lo que deja que el futuro de empresas como Yamasa dependa más de la generación que ya tiene canas. A diferencia de los llamativos puestos que venden las modernas pulseras para monitorear la condición física en el centro de Tokio, a donde van los aficionados al gym con ropa de licra e impresionantes abdómenes cuadriculados, el argumento de ventas de Yamasa es más tranquilo.

“Cuando caminas tu cerebro absorbe más oxígeno. Previene la demencia”, dice Kato, quien logra ver que se abre un nuevo mercado para la innovación de Yamasa.

“Así que para disminuir los gastos en el presupuesto de salud ,los gobiernos locales deben instar a la gente a empezar a caminar. Eso debe ser bueno para el mercado del podómetro”.

Innova

Yamasa lanzó el primer podómetro comercial, Manpokei, hace 50 años, pero hoy ya no compite fuerte en ese mercado.

Motiva

El rudimentario wearable causó una revolución en Japón e impulsó el movimiento de los 10 mil pasos para fomentar la salud.

Falla

Tras ser superado por sus competidores, Yamasa apuesta hoy a la venta del Wanpokei, un podómetro para perros.



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