La batalla del peso

A pesar de que especuladores e inversionistas apuesten en su contra, y de Donald Trump y sus declaraciones contra México, la moneda se defiende.
 Las remesas, que en marzo llegaron a 2,520.3 mdp, son más útiles para las familias si el dólar está caro.
Las remesas, que en marzo llegaron a 2,520.3 mdp, son más útiles para las familias si el dólar está caro. (Shutterstock)

Las últimas semanas han sido una dura prueba para el peso mexicano y la economía en su conjunto, pero todo parece indicar que no han repetido los daños de principios de año, cuando el tipo de cambio llegó a 22 pesos por dólar.

La valuación del dólar, la semana pasada se había establecido en el rango entre 18.45 y 19.30 pesos, comenta David Rosenbaum, analista económico en grupo financiero Invex.

“Se dio un incremento de la presión y volatilidad a lo largo de la semana. Esto como resultado de las filtraciones acerca de una orden ejecutiva del gobierno norteamericano para salirse del Tratado de Libre Comercio. Esto llevo al dólar a cotizar sobre los niveles máximos del rango hacia mediados de la semana”. Sin embargo, cuando esto se desmintió, y en su lugar se confirmaron las intenciones de solo renegociar el tratado, el tipo de cambio tuvo una recuperación hacia niveles de 18.85 pesos por dólar.

Aunque es buena noticia, Rosenbaum advierte que no hay que exagerar el optimismo: “la incertidumbre de la negociación y la vuelta de las declaraciones con relación al libre comercio por parte del presidente Trump no permitirán que el peso se recupere más de los actuales niveles”.


Las amenazas comienzan a enfriarse


Aun cuando los riesgos para la economía mexicana no se han esfumado, (en realidad siguen activos) hay que reconocer que las condiciones actuales son muy diferentes a las de hace un año, cuando el gobernador de Banco de México (Banxico), Agustín Carstens, decía que el peso era víctima de su propio éxito, puesto que era -y sigue siendo- la moneda emergente más utilizada para contratos de cobertura en el mercado de futuros de Chicago.

Entonces, Banxico estaba dispuesto a defenderlo y a lo largo de varias semanas vendió cientos de millones de dólares, lo que alentó el apetito de los especuladores y costó una parte importante de sus reservas internacionales. Quizá no fue la mejor estrategia, pero se dio liquidez al mercado y de alguna manera se salvaron las apariencias. Nada de eso ocurre ahora, sobre todo después de que el banco central se separó de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos (EU) y aumentó la tasa de referencia media docena de veces.

Joan Domene, analista económico de Invex, explica que desde que Donald Trump tomó posesión del gobierno en EU han aumentado de forma masiva la especulación y esta se ha ido acumulando. “En 2015 y gran parte de 2016 tenía que ver con factores internos genuinos y preocupantes como la decreciente producción petrolera, los problemas fiscales y el aumento en la deuda gubernamental. Desde cierto punto de vista la depreciación del peso se justificaba”, dice.

En los últimos meses este escenario se ha ido ajustando para incorporar de manera más realista los efectos que podría tener en México una relación comercial más complicada con EU y el entorno del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). No se sabía cómo se darían las cosas y cualquier cambio hubiera sido perjudicial para la economía mexicana. Domene acepta que en algunos momentos se vio la terminación del Tratado como un asunto inminente y catastrófico. Muchos analistas dijeron que cualquier cosa que ocurriera tenía que tener efectos negativos, lo que aumentó la incertidumbre y la especulación.

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Un reciente artículo de la agencia Bloomberg muestra el carácter ambivalente de esta incertidumbre: “El peso mexicano está a merced de la política”, dice la analista Isabella Cota, “pero, así como algunos inversionistas han contratado asesores de riesgos para ayudarles a entender la trayectoria de las elecciones y el potencial de políticas proteccionistas, hay otro grupo que va en una dirección completamente diferente”.

En efecto, para desligarse de los temas políticos más coyunturales, han estado recurriendo a los analistas técnicos, es decir, estrategas que estudian los datos del mercado para predecir dónde es probable que haya más certeza. Los analistas dicen que el peso nunca ha estado más demandado que ahora, aunque como una de las monedas más líquidas del mercado emergente fue golpeado por acontecimientos globales como el Brexit y la sorpresiva elección de Donald Trump.


Mejor de lo esperado

Las grandes amenazas no se han materializado y el tiempo ha dado oportunidad de asimilar las oportunidades. Cuando ocurrió el Brexit, otros analistas dijeron que esa ruptura sería como el fin del mundo, y lo cierto es que apenas comienzan a entenderse sus consecuencias.

Domene sugiere que, en realidad, la visión actual es que cualquier cambio en las relaciones dentro del TLCAN no tendrá un efecto inmediato y no será tan negativo para el país como se creyó de inicio.

De hecho, los datos duros de la economía muestran caminos divergentes. En el primer trimestre del año las cosas no cambiaron mucho, y algunos indicadores como el PIB y las remesas de los paisanos se han sostenido o incluso mejorado. Lo mismo ocurre con las expectativas de los analistas del sector privado, publicadas por Banxico, y que apuestan a un crecimiento de 1.66% en 2017 y de 2.12% en 2018.

Para el tipo de cambio, estiman 19.75 pesos al cierre de este año y 19.67 pesos para el siguiente. De alguna manera, la amenaza Trump se ha venido enfriando y mostrando sus limitaciones.

Datos del primer trimestre: muestra que el PIB creció a una tasa anual de 2.7%; el sector manufacturero no se contrajo, sino que se mantuvo estable, y el sector servicios mejoró en 3.7%, un crecimiento mayor que en todo 2016. Y aunque la inflación está en niveles máximos, es previsible que a lo largo de este año y el próximo se ajuste a la baja, una vez que se disipen los efectos del gasolinazo, el aumento en las tasas de referencia y la depreciación de la moneda.

También las remesas han mostrado un gran dinamismo. En marzo, según Banxico, el país recibió por este concepto 2,520.3 millones de dólares (mdd), el segundo mejor mes desde octubre de 2008.

Esas remesas fueron 15.1% superiores a las que realizaron los migrantes en el mismo mes del año pasado, y se intentan explicar por los temores, no infundados, de que la administración estadounidense endurezca sus políticas y deportaciones.

También es posible que, ante los temores de una hipotética falta de mano de obra agrícola, los productores estadounidenses hayan aumentado los salarios de sus trabajadores mexicanos. De esta manera, al cabo del año estas remesas podrían llegar a los 26,000 mdd o incluso más. Este volumen representa un estímulo importante para las familias que se benefician de esas divisas, que, además, con la apreciación del dólar, obtienen más pesos.

Es  uno de los motivos por los que, dicen algunos observadores, el mercado interno y sectores comerciales conservan su dinamismo, a pesar de una caída en la confianza del consumidor.


No exagerar el optimismo

Ya se sabe que la economía no es una ciencia exacta, y que frente a algunos datos buenos siempre aparecen otros preocupantes. Y Domene, de Invex, llama a no exagerar el optimismo puesto que las perspectivas negativas que afectaron al peso siguen vigentes.

“Algunos datos no son buenos, porque el crédito y la confianza del consumidor han caído y la inflación está en máximos, con lo cual el escenario no luce para mejorar. Y tiene que venir alguna reforma al TLCAN. Aunque no sabemos sus alcances, es previsible que cualquier ventaja que obtenga EU será a costa de sus otros socios. También está pendiente la reforma fiscal en EU, que tendrá repercusiones que no podemos cuantificar”.

En concreto, el escenario de riesgos sigue delicado y hay cierto consenso en que el gobierno  federal no ha hecho mucho para mejorar su posición; al contrario, más bien parece haberse paralizado frente al tamaño de sus propios problemas, incluyendo las conflictivas elecciones en el Estado de México. Salvo los cambios en las tasas de referencia de Banxico, y algunos ajustes en el gasto, no se han tomado medidas económicas alternativas y de gran alcance.


La especulación no para


Lo evidente es que los especuladores tienen un trabajo difícil, porque las noticias que salen de la Casa Blanca no corresponden con los movimientos de la economía real de México. Y además, esas noticias no necesariamente se convierten en decisiones.

A la hora de analizar las perspectivas del tipo de cambio y el destino del peso a mediano plazo, Domene explica que los futuros son positivos a favor del peso, pero no ha experimentado una apreciación llamativa y se ha mantenido en los niveles del verano pasado. En el mercado spot, agrega, hay una gran demanda de dólares.

Agrega que la incertidumbre no acaba de disiparse y esto explica el impacto tan rápido y nervioso que tienen las noticias y los rumores, pero hace notar que la respuesta de los mercados ya no es tan dramática como antes, por ejemplo, enero de 2017, cuando el dólar llegó a máximos de 22 pesos. Entonces las cosas estaban muy calientes, pero ahora la gente ya no tiene tanto miedo.

En diferentes medios se construye la idea de que cualquier cambio institucional originado en EU, por agresivo que pueda parecer de inicio, tiene que pasar por la máquina de las instituciones, la burocracia, las negociaciones y los ajustes, que en ocasiones aplana, dilata y modera las consecuencias.

Muchos analistas y aun el público inversionista ven que el Congreso y los jueces de EU no son tan dóciles al presidente. En el marco del TLCAN no se puede hacer como hizo hace unas semanas General Motors de Venezuela, que de un día para otro cerró sus operaciones, despidió a todos los trabajadores mediante mensajes de texto y los liquidó haciendo depósitos desde bancos en EU. Eso no va a pasar en México.

Domene cree que conforme pasen los meses se cerrará el espacio de la incertidumbre y se asentarán algunos temores más bien irracionales. Sin embargo, habrá que estar atentos porque en su opinión es previsible que el tipo de cambio se vuelva a deteriorar a fin de año, cuando comiencen, ahora sí, a verse los cambios fiscales en EU y avance la negociación del TLCAN.

Es un trabajo duro para los inversionistas y los especuladores, y también para las tesorerías de las empresas, sobre todo las que operan en el espacio del dólar. Una apuesta incorrecta puede costarles mucho dinero, pero quedarse cortos les puede costar el trabajo. Es lo bueno y lo malo del peso mexicano, que es muy atractivo para los mercados de futuros, y que por lo tanto es zarandeado por muchos vientos. Con una larga historia, afianzada en sus mejores tiempos por verdaderas monedas de oro y plata, la divisa mexicana seguirá dando batalla.