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Martes , 23.10.2018 / 01:34 Hoy

Nike a paso de robots

Quiere menos mano de obra y más tecnología. Trabaja con Flex, para que sus tenis sean más baratos, superen a la competencia y den más ganancias.

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Un corredor de maratones, Knox Robinson, utiliza al año una docena de tenis; pero, cuando se trata de correr un maratón, sus tenis preferidos son los Nike Flyknit Racer.

Para muchos atletas, la sección superior tejida especialmente diseñada crea un zapato más ajustado, algo que muy pocas marcas han igualado.

Desde su debut en 2012, el Flyknit Racer es un avance tecnológico. Producido con una máquina de coser especial, utiliza menos mano de obra y menos materiales que la mayoría de los tenis para correr. Pero ahora, el mismo material se convirtió en la base de un experimento más radical que tiene con el potencial de poner de cabeza a la industria de ropa deportiva y esparcimiento, y acelerar una importante tendencia en la globalización.

Desde 2015, Nike trabaja con Flex, la compañía de fabricación de alta tecnología más conocida por producir los monitores de actividad Fitbit y los servidores Lenovo, para introducir una mayor automatización en el proceso de fabricación de calzado, que de otra forma requiere mucha mano de obra.

La fábrica de Flex en México se convirtió en una de las plantas más importantes de Nike, responsable no solo de una parte creciente de producción de la compañía, sino también de una serie de innovaciones que se van a implementar en la base de proveedores de Nike, como el corte láser y el pegado automático.

Para Nike, el cambio hacia una mayor automatización tiene dos atractivos: reducir los costos con lo que se logra una mejora drástica en los márgenes de utilidad, y permitir que la compañía entregue los nuevos diseños con mayor rapidez para clientes que buscan la moda.

Un par de tenis Nike Roshe cuesta 75 dólares sin la parte superior Flyknit, contra 130 dólares del Flyknit. “Juntos, estamos modernizando la industria del calzado”, dijo a principios de año Chris Collier, director financiero de Flex. “Para nosotros esta es una relación multimillonaria a largo plazo, y no se puede medir en un ámbito de años, sino de décadas”.

La alianza con Flex tiene una resonancia más amplia. En las últimas dos décadas, Nike ha sido uno de los pioneros en la subcontratación en países desarrollados, donde ha sido objeto de acusaciones por utilizar mano de obra infantil, entre otros abusos laborales. Sin embargo, varios de esos países ahora temen que los robots les quiten su oportunidad de industrialización.

Si Nike avanza hacia una mayor automatización y redujera la producción en Asia, la firma podría encontrarse al frente de una controversia política diferente. Para Nike, el aumento de ventas permitirá adoptar una mayor automatización y mantener su fuerza laboral actual.

La marca deportiva es uno de los mayores empleadores multinacionales, con más de 493,000 trabajadores de línea —en 15 países— que participan en la producción del calzado Nike. Para todos los productos del grupo, sus fábricas por contrato emplean a 1.02 millones de trabajadores en 42 países.

Sridhar Tayur, profesor de gestión de operaciones en la Escuela de Negocios Tepper de Carnegie Mellon, dice que las decisiones que toma Nike acerca de cuánto va a utilizar la automatización llevará a un hito significativo en la industria.

“Los costos de mano de obra tan bajos en Asia ya no son tan bajos, a menos de que vayas a África o a otra parte… la presión se acumula desde hace mucho tiempo, ya sea para moverse a un lugar de muy bajo costo o automatizar más”, dice.

Nike necesita un impulso. Con ventas por 34,400 millones de dólares (mdd) en el año fiscal 2017, tiene mucho camino por recorrer para alcanzar su ambicioso objetivo de ingresos de 50,000 mdd para 2020.

Mark Parker, director ejecutivo, estableció el objetivo en 2015, en un momento en que Nike parecía estar listo para encabezar la tendencia athleisure de utilizar ropa deportiva fuera del gimnasio. Sin embargo, la empresa batalla desde entonces para impulsar el crecimiento frente a la feroz competencia y el resurgimiento de la alemana Adidas en Norteamérica.

Los posibles beneficios para Nike con una mayor automatización son inmensos. Los analistas de Citibank estiman que al usar el proceso de fabricación Flex para producir los tenis Air Max 2017 de Nike, una de sus líneas de mayor venta, el costo de mano de obra descenderá 50% y el costo de los materiales podría caer 20%. Esto equivale a un aumento de 12.5 puntos porcentuales en los márgenes brutos para llegar a 55.5%, de acuerdo con los analistas Jim Suva y Kate McShane.

Si Flex produjera 30% de las ventas de calzado de Nike para Norteamérica, la marca podría ahorrar 400 mdd en costos de mano de obra y de materiales, representando un beneficio de 5% a las ganancias por acción, de acuerdo con las estimaciones de Citibank. “Creemos que la industria de la ropa probablemente observe esto muy de cerca. Si tiene éxito, podremos ver más espacio para la automatización en el futuro”, dice Suva.


El ímpetu por usar la automatización no solo es por los costos: también es tratar de mantenerse al ritmo de los consumidores. En general, los minoristas más exitosos son ahora los que tienen un flujo constante de nuevos productos para satisfacer rápidamente los gustos y hábitos de compra tan cambiantes. Sin embargo, las empresas se han tardado en adaptar el calzado, con sus procesos de fabricación más complicados, para la llamada tendencia de la moda rápida, al menos hasta ahora.

Con la producción de más de 1 millón de pares de tenis Nike en sus instalaciones en Guadalajara, Mike Dennison, otro alto ejecutivo de Flex, dice que “reinventan totalmente” la industria “con una fuerza laboral significativamente más baja de lo que podrías encontrar en Asia”.

La producción tradicional de calzado requiere de al menos 200 piezas diferentes en 10 tamaños, a menudo se cortan y pegan a mano. El nuevo proceso de fabricación que desarrolló Flex introdujo dos ideas que alguna vez se consideraban imposibles: el proceso de pegado se automatizó y se utilizan láseres para cortar el material Flyknit.

Los tiempos de entrega en la industria del calzado alguna vez fueron de varios meses: Flex prometió ayudar a Nike a acelerar esos tiempos, que pueden ser de entre tres y cuatro semanas para pares de tenis personalizados.

Nike se convirtió en el pararrayos de las críticas sobre las prácticas deplorables de las multinacionales a mediados de la década de 1990 y a principios de los años 2000, cuando organizaciones no gubernamentales como Oxfam y Global Exchange acusaron a la compañía de tolerar talleres de explotación laboral y trabajo infantil en sus fábricas y entre sus proveedores en varios países asiáticos.

Aunque el grupo logró avances considerables desde entonces para cambiar las prácticas laborales, las críticas continuaron. El año pasado, estudiantes de la Universidad de Georgetown, en Washington, presionaron a la institución para que terminara un contrato con Nike por una disputa con la ONG llamada Worker Rights Consortium (WRC).

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que alrededor de 56% del empleo en Camboya, Indonesia, Filipinas, Tailandia y Vietnam está en un alto riesgo de automatizarse en la próxima década, con los empleos en la producción de ropa y calzado entre los más afectados. Más de 75% de los trabajadores de la línea en las empreas de calzado para Nike trabajan en Vietnam, Indonesia y China.

La marca deportiva dice que si las ventas siguen creciendo, no perderá empleos en su cadena de suministro. “Definitivamente tenemos la misión de aumentar la automatización y la innovación en la forma como fabricamos nuestros productos”, dice Erik Sprunk, vicepresidente ejecutivo y director de operaciones de Nike. “No ocultamos el hecho de que afecta a la base laboral”, dice. “Pero no esperamos que resulte en trabajadores desplazados. Vamos a necesitar la misma cantidad de empleos de fabricación en nuestra base de proveedores”.

Jae-Hee Chang, coautora de un informe de la OIT sobre el empleo asiático, dice que si los cambios son lentos y se comunican claramente, y si a las fábricas se les da la oportunidad de implementar los cambios, las pérdidas de puestos de trabajo por la automatización no serán tan severas.

Chang dice que estará pendiente para ver cómo las marcas como Nike preparan su cadena de suministro para los cambios. La OIT está en conversaciones con empleadores y gobiernos para discutir sobre cómo la capacitación avanzada y la adopción temprana de nuevas tecnologías pueden mitigar el impacto en la fuerza laboral a causa de una mayor automatización.

“Habrá trabajos, pero estarán disponibles para personas que puedan mantener, resolver y trabajar junto con los robots”, dice Chang. “Posiblemente habrá personas desplazadas y no van a tener trabajos de manera automática en ese sector a menos de que tengan nueva capacitación. Esas son las personas que van a resultar más afectadas”.

Scott Nova, director ejecutivo del Worker Rights Consortium, agregó que no tiene sentido oponerse a la automatización, pues aumentar la productividad ayuda a todos. “Cuando los beneficios de más automatización se acumulan en una pequeña parte de la población, entonces es un problema”, dice. “En las últimas dos décadas, la mayor parte de los beneficios monetarios gracias al aumento de la productividad se acumularon en los dueños de las acciones y altos ejecutivos de las empresas, no en toda la población”.

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