Tacones altos y guantes de box, retrato de la mujer profesional

Dar prioridad a la acción en la equidad de género sumará 12 billones de dólares al crecimiento global, de acuerdo con un informe de McKinsey.
Avanza favorablemente iniciativa federal para proteger el derecho de las trabajadoras domésticas.
Las imágenes del liderazgo femenino no representan la realidad. (Shutterstock)

¿Cuál es la apariencia de las mujeres en el trabajo? Desde mi escritorio en una oficina abierta tengo una buena vista de ocho. La de mayor edad tiene cincuenta y tantos, la más joven unos 25. Algunas aparentemente pasaron una buena cantidad de tiempo frente al espejo antes de salir a trabajar, otras no tanto. Una tiene su pelo con una desordenada cola de caballo y una chamarra de ciclismo en el respaldo de su silla. Otra usa unos tacones sorprendentemente altos y viste de negro. Una tercera (yo), tengo canas en las raíces del pelo y una mancha de glaseado en mi pierna. Parece que algunas van regularmente al gimnasio, otras parece que nunca en su vida han puesto un pie allí. Todas sentadas en sus escritorios, menos una que acaba de entrar con apariencia distraída y una taza de té. Dos comen. Ninguna sonríe. Todas con la mirada fija en sus pantallas, las caras inexpresivas.

No hay nada terriblemente misterioso o sorprendente sobre esto. Es la forma como se ven las mujeres profesionales en el trabajo en una oficina de un periódico en Londres en 2016. ¿Por qué gasto mi tiempo describiendo esto a pesar de que las personas escriben y piensan y hablan interminablemente sobre las mujeres en el trabajo?, creo que nunca he visto una fotografía que capture cómo se ven realmente las mujeres en el trabajo, o lo que se afirma de ellas.

La semana pasada por fin pude leer un informe de 155 páginas de McKinsey de nombre “El poder de la paridad”. En él, algunas de las mentes más brillantes de la consultoría abordan el tema de las mujeres en la fuerza laboral y llegan a la alegre conclusión —aunque inverosímil— de que si todo el mundo “le da prioridad a la acción” en “el panorama de equidad de género”, se sumarán 12 billones de dólares al crecimiento global.

El informe se ameniza con fotografías del tamaño de una página. En una se muestra tres pares de piernas masculinas con pantalones oscuros idénticos y mocasines ligeramente anticuados. En medio hay un par de piernas femeninas, esbeltas y desnudas, con tacones altos. La foto se corta un par de centímetros por encima de su rodilla, por lo que es difícil saber qué tan corta es la falda de la mujer o si lleva puesta una.

Una segunda fotografía es una imagen de archivo de una madre trabajadora más atractiva que Sophia Loren de joven. Carga a un niño pequeño y, solo para demostrar que tiene un trabajo importante, usa una chaqueta y anteojos serios y habla por un teléfono móvil.

Y en la página web de la consultora las cosas no son mucho mejor. Hay una mujer joven y bonita con cabello oscuro y brillante, con escote y los hombros desnudos. Sonríe a punto de estallar. “No solo vengo a trabajar. Vengo a cambiar”, dice el titular. ¿Cambiar qué?, me pregunto.

Tal vez la ficción fotográfica de que todo el mundo en la vida corporativa es joven y atractivo y totalmente feliz no importaría si los hombres y las mujeres recibieran un trato igual. Pero eso no es así. En la página web de Goldman Sachs hay siete banqueros hombres y tres mujeres. La mayoría de los hombres son personas mayores y con nombres y en las fotografías aparecen mientras trabajan. Está Gary Cohn, director de operaciones, con calvicie, canas y en la fotografía aparece mientras habla con seriedad. En contraste, las mujeres jóvenes y anónimas son unas bellezas absolutas. El cabello hermoso. Muestran un poco de piel. Sonrisas ganadoras.

En mi alma máter de JPMorgan ocurre la misma historia, mujeres con sonrisas increíbles, todas ellas podrían tener una gran carrera en el modelaje si no hubieran elegido en su lugar la banca de inversión.

Únete a nosotros, se lee por encima de un par de fotografías de un hombre y una mujer. Ella es hermosa y negra, con una sonrisa enorme y brillante, brazos tonificados y un ligero escote. Él es un tipo blanco normal. Cuello grueso, espalda corta y con una sonrisa poco convincente.

Hace un año, Sheryl Sandberg, directora de operaciones de Facebook y autora de Lean In, protestó sobre las absurdas imágenes de archivo de las mujeres trabajadoras que encontró en línea. Había mujeres en tacones altos que subían por una escalera. Una mujer en traje de negocios que inexplicablemente usa un par de guantes de box. Y una fotografía aún más desconcertante donde una mujer gerente que usa stilettos camina por detrás de un colega hombre.

Para mejorar la cosa se unió con Getty Images y lanzó la colección Lean In. De manera superficial las cosas mejoraron, ya que no hay stilettos a la vista, no hay nenas con portafolios, y lo mejor de todo, algunas de las mujeres son un poco grandes. Pero de cualquier forma, sus fotografías son aún más engañosas. En el mundo Lean In, todo el mundo es genial y hermoso. Todas las mujeres usan ropa informal, y artística, y se toman las fotografías en entornos creativos. Todo esto todavía se ve imposiblemente alegre, con excepción de una o dos que tienen expresiones intensas como si quisieran expresar que los mayores actos de creatividad conmovedora provienen de su interior.

Veo de nuevo a mis colegas. Todavía no sonríen o se ven conmovedoras. Están trabajando.

Si una empresa quiere demostrar que realmente valora a las mujeres y quiere darle prioridad a la acción de un entorno de equidad de género, mostrará fotografías de ellas en donde no siempre se ven geniales o hermosas. Donde simplemente se vean como mujeres profesionales en el trabajo.