La mujer del trillón de dólares y el paladín de la inclusión

“Las reformas de México pueden ser una inspiración para que el resto del mundo se atreva a soñar”
Es agradable venir a México, más en tiempos del Mundial.
Es agradable venir a México, más en tiempos del Mundial. (Bernardo Montoya/Reuters)

México

Ahí estaban ya, la mujer del trillón de dólares, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, y el presidente de México, Enrique Peña Nieto, muy sonrientes en el salón Tesorería de Palacio Nacional, para inaugurar el Foro Internacional de Inclusión Financiera.

Ahí estaba ya la mujer que cuando asomaba la crisis económica en Europa (2008) y luego explotaba severamente en Grecia (2010-2011), decía que las finanzas internacionales tenían “un trillón de dólares sobre la mesa para hacer frente a un ataque de mercado que afecte a algún país, así se trate de Grecia, España, Portugal, o cualquier país dentro de la Eurozona”, de acuerdo con una entrevista que concedía a PBS, la cadena de televisión pública de Estados Unidos.

Ahí estaba el reformista mandatario mexicano, que la noche anterior había recibido el primer elogio de la francesa: “Las reformas de México pueden ser una inspiración para que el resto del mundo se atreva a soñar”. México, su presidente, sus reformas, una inspiración. Y ayer jueves, brotaba de nuevo la alabanza: “México es un paladín de la inclusión financiera”.

Así que tan empáticos andaban los dos, que se contagiaban de la temporada futbolera: madame Lagarde decía que siempre es muy agradable venir a México, pero más aún en tiempos del Mundial, porque la víspera había podido gozar por televisión a su equipo, a la selección de Francia. Y Peña Nieto, feliz, hacía referencia a su placer por el pase a octavos de final de la selección nacional.

—Háblenos más de futbol, ¿no señor presidente? —le proponía MILENIO a Peña Nieto, ya concluido el acto, cuando se acercaba al corral reporteril y una periodista de la fuente económica le pedía concederle una foto, una selfie. El mexiquense aceptaba, se reía del espoleo futbolero, amagaba con fugarse, pero regresaba y muy sonriente le entraba:

—Mi pronóstico: ¡ganar! ¡ganar-ganar-ganar! —se marchaba sonriendo el jefe del Ejecutivo.

La audiencia —banqueros, financieros, bolseros, legisladores— había estado encantada con la presencia de la francesa. En términos futboleros, era como si unos futbolistas novatones tuvieran la oportunidad de reunirse con el más grande crack futbolístico de su admiración. Así se les veía: deleitados.

Y cómo no: Christine Lagarde es una de las mujeres más poderosas e influyentes del orbe. La dama vegetariana, que de pequeña hacía nado sincronizado, fue ministra de Economía y Finanzas del presidente Nicolas Sarkozy.

La abogada de 58 años, hija de maestros, divorciada y con dos hijos, tuvo su propia firma antes de pasar a la vida pública.

Por eso, por su eficacia, la antigua pasante en el Capitolio del ex secretario de la Defensa de Estados Unidos, William Cohen (último mandato de Bill Clinton), fue nombrada en 2009 por The Financial Times como una de las mejores ministras de Europa.

Así que, desde la certeza y la calma que le dan los seis billones de dólares de reservas que han logrado los países miembros del FMI, Lagarde regalaba sonrisas y saludos a diestra y siniestra cuando terminaba el foro, y antes se daba otro gusto, para que no hubiera rudezas futboleras: se cuidaba de citar gentilmente a un antiguo rival, a Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, que compitió con ella por su trono en el Fondo, y lo hizo hasta en cuatro ocasiones durante su discurso: “Como dijo Agustín”, “ya lo explicó muy bien Agustín”…

En fin, exultantes el inspirador paladín, y su invitada, la poderosísima mujer del trillón de dólares sobre la mesa…