ENTREVISTA | POR ENRIQUE MOLINERO

Amigo y socio de Bill Gates, sus negocios van de la computación a los deportes, el mar, el espacio y el cerebro humano.

Paul Allen: filántropo, guitarrista y cofundador de Microsoft

Ciudad de México

Fundar Microsoft, trabajar en la empresa apenas ocho años, y luego dedicarse a hacer lo que más te gusta en la vida suena como un buen plan. Sobre todo si tu nombre es Paul Allen y el primer éxito en tu vida, aparte de aprender a programar software a los 13 años, fue haber convencido a tu amigo Bill Gates de abandonar la universidad y hacer algo útil.

Y a eso se ha dedicado Allen, quien tiene 62 años pero parece que ha vivido muchas vidas, tal como lo resume él mismo en su perfil de Twitter: “Filántropo, inversionista, emprendedor, dueño de los Seahawks y los Blazers, guitarrista, entusiasta de las neurociencias, pionero espacial y cofundador de Microsoft”.

Con una fortuna de más de 17 mil 800 millones de dólares, según la revista Forbes, el número uno de los Halcones Marinos de la NFL y los TrailBlazers de la NBA, parece ser siempre muy discreto a pesar de los hitos que se apunta en su biografía.

Sin hacer muchas olas, a Allen se le acreditan dos de los yates más grandes y espectaculares del mundo: el Tatoosh y el Octopus. Del primero se quiso deshacer hace tiempo, pero el mercado no estaba para que alguien apoquinara los 110 millones de dólares que pedía por una bestia marina de más de 100 metros de largo con facilidad de recibir a unos 20 pasajeros.

En el otro, Allen ha visitado todo el mundo, pero al parecer sus spots favoritos son las aguas del Pacífico mexicano, con recorridos que van de Los Cabos a la Bahía de San Carlos, Sonora; así como Cozumel.

De un largo que supera un campo de futbol americano, el Octopus tiene una piscina con fondo de cristal, dos helipuertos y hasta un submarino. En Cannes lo adoran porque en este yate se dan rumbosas fiestas.

Pero no todo es diversión pues desde su barquito, Allen coordinó uno de sus proyectos de exploración submarina: el descubrimiento y rescate del Musashi.

Se trata de uno de los dos mayores buques de guerra de la historia, que Japón utilizó durante la Segunda Guerra Mundial y que se hundió cerca de las Filipinas. La búsqueda por medio de barcos científicos, submarinos y el Octopus duró unos ocho años.

Al infinito y más allá...

El interés científico de Allen no se circunscribe a las profundidades de los océanos. Como autodefinido “pionero espacial”, ha gastado una fortuna apoyando proyectos de exploración del sistema solar y viajes en el espacio.

Por medio de Vulcan, su firma de inversiones, Allen participa en iniciativas como Vulcan Aerospace, con los que el multimillonario busca desarrollar proyectos que impulsen los viajes espaciales, así como en fundar las primeras concepciones de lo que habrá de ser el “comercio espacial”.

Junto a su amigo Burt Rutan, Allen impulsó el desarrollo del SpaceShipOne, el primer vehículo espacial con financiamiento privado que voló más allá de la atmósfera terrestre. Esta nave es la punta de lanza de otras iniciativas, como Virgin Galactic, de Richard Branson, para impulsar el turismo espacial. Asimismo, con su primer vuelo en 2004, el SpaceShipOne se ganó el Ansari X Prize, con una bolsa de 10 millones de dólares.

Asimismo, Vulcan Aerospace está a punto de terminar la construcción del mayor avión de la historia, el Stratolaunch Carrier Aircraft, cuyas alas se extienden por más de 120 metros de punta a punta.

Este enorme pájaro se utilizará como laboratorio aéreo a 30 mil pies de altura y se servirá también para propulsar otras naves al espacio.

la exploración de cerebro Además de donar más de 100 millones de dólares para menguar los efectos del ébola y de paso encontrar una cura, Allen también se ha distinguido por financiar proyectos de inteligencia artificial, destinando por lo menos 500 millones de dólares.

En este caso, con su Instituto Allen para las Ciencias del Cerebro, el multimillonario se ha trazado entender cómo funciona el cerebro humano aplicando la ingeniería a la inversa.

De manera paralela, en el Instituto Allen para la Inteligencia Artificial, también financiado por Vulcan, quiere construir un cerebro a partir de cero y cuya primera meta será presentar un examen de preparatoria, y pasarlo.

Ya de paso, cuando aún le queda tiempo, Paul Allen acompaña a su amigo Bill Gates a funciones de caridad y se avientan palomazos tocando rolas de su mutuamente admirado Jimi Hendrix.