Mark Cuban: entre el básquetbol, el cine y la política

Polémico y contestatario, el dueño del equipo de la NBA en Dallas ostenta una fortuna de 3 mil millones de dólares y empieza a coquetear con la política.

Ciudad de México

La fiebre de mezclar los negocios, el espectáculo y la política en Estados Unidos que desató Donald Trump también contagió a otros personajes como Mark Cuban, el empresario de firmas de tecnología, cines y equipos deportivos.

A sus 57 años, Cuban es uno de los multimillonarios estadunidenses más polémicos.

Dueño de una fortuna de 3 mil millones de dólares, la revista Forbes lo denomina como “el vociferante dueño” del equipo de los Mavericks de Dallas de la NBA.

Y así es como más se le conoce a México, pues Cuban fue el responsable de la consolidación de la máxima estrella mexicana en la NBA: Eduardo Nájera. En su momento Cuban dijo que había visto jugar al oriundo de Chihuahua como estrella de los Sooners de la Universidad de Oklahoma y “ya sabía que era el tipo de jugador que necesitaba para comenzar mi franquicia: era rudo, motivante y suplía sus carencias físicas y técnicas con garra y energía”.

Y al parecer, ni Nájera ni Cuban se decepcionaron uno al otro. El mexicano construyó una de las mejores carreras para un jugador no estadunidense en la NBA, y Cuban reconoció tal entrega al convertir a Nájera en el entrenador en jefe de uno de sus equipos de desarrollo: los Legends de Texas.

Otra de las facetas de Cuban es su espíritu emprendedor y una pizca de suerte. El empresario hizo su fortuna al vender en 1999, los plenos años de la burbuja de la industria puntocom, su firma Broadcast.com a Yahoo. Por ello, obtuvo más de 5 mil 500 millones de dólares parte de lo cual ocupó para adquirir a los Mavericks de Dallas.

Asimismo, ha invertido en la cadena de cines Landmark; en Shark Tank, una plataforma para financiar emprendimientos mediante un mecanismo de subastas y apuestas, y el estudio de cine Magnolia. Esta casa ha producido filmes y documentales como Steve Jobs: The Man in the Machine, The Wolfpack, Nymphomaniac y Life Partners.

En total, las empresas de Cuban tienen ingresos de unos 750 millones de dólares, según Forbes.

En esta temporada de campañas políticas en Estados Unidos, Cuban respaldó inicialmente el papel que Donald Trum ha jugado y a quien define como “probablemente lo mejor que la ha sucedido a la política en mucho, mucho tiempo”.

A pesar de las polémicas frases de Trump sobre los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos, o sus propuestas arrebatadas de impuestos sobre autos ensamblados en México o castigar a las empresas de EU que cierren plazas de trabajo para moverlas al sur de la frontera, Cuban dice que compra lo que Trump vende.

Así, por medio de su propia app de mensajes, CyberDust, ha pasado de decir que le “gustaría” acompañar a Trump como vicepresidente si “se lo pidiera”, a decir que “probablemente diría que no”, y afirmó que “no estoy hecho para la política, al menos como se juega ahora”.

De hecho, a Cuban no le preocupan las verdaderas posturas de Trump, y se lanza con declaraciones similares a las que recoge la televisión estadunidense de asistentes a cada mitin del creador del reality El Aprendiz.

Cuban declaró en CyberDust: “No me preocupa si lo que dice (Trump) no es cierto, dice lo que piensa. Da respuestas honestas más que respuestas preparadas.

Eso es más importante de lo que cualquier candidato ha hecho en años”.

Sin embargo, al tener los reflectores de los medios sobre él, otro millonario, hablantín y autodenominado “bien intencionado”, Cuban comenzó a utilizar su fama y su empuje en ciertos sectores empresariales para promover su propia postura política.

Ello implica decir que si se afilia a un partido, obviamente sería al Republicano, pues como a los simpatizantes de esa organización, “me gusta un gobierno esbelto y más inteligente”.

Pero acto seguido afirma que hay una severa intolerancia en el partido por quienes no suscriben su ortodoxia o siguen los canales comerciales para destacar en elecciones, como muchos republicanos ven al propio Trump.

Polémico y contradictorio, Cuban afirma que más que republicano, o por no decir demócrata, le gustaría definirse como un “liberal” puesto que quisiera ver una mayor extensión de las redes de seguridad social que se han construido en su país a lo largo de las décadas.

Y es nuevamente en su aplicación CyberDust donde Cuban se suelta a dar sus opiniones en cuanto a lo que se necesita para ser un líder: “Los líderes no forman el consenso. Crean el consenso para sus visiones y sus metas. Los líderes no cambian sus posturas a medio debate. Le dan la bienvenida al regate de las masas pues eso crea la oportunidad para el diálogo”.

“Los líderes no son dogmáticos. Tienen principios y saben que el cambio nunca es fácil, pero cuando es necesario ellos deben ir por delante.

“El Partido Republicano hace todo lo posible por disuadir el liderazgo. Quieren dogma. Quieren la conformidad. Quieren conservar su pasado romántico.

“Y por cierto, lo mismo se puede decir de los demócratas… y hasta que las cosas cambien me quedaré sentado a la mitad y pensaré por mí mismo. A diferencia de los republicanos”.