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Viernes , 19.10.2018 / 00:34 Hoy

Manos seguras en la Fed

Jay Powell se prepara para defender la independencia del banco central ante un congreso donde republicanos desconfían de él.

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Jay Powell estaba en su bicicleta de montaña recorriendo el bosque de Crater Lake en Oregon, cuando las deliberaciones sobre el futuro liderazgo de la Reserva Federal de Estados Unidos (EU) comenzaban a calentarse en Washington DC. Mientras descendía con rapidez a través del paisaje marcado por los incendios forestales, la silueta de Powell difícilmente se ajustaba a su imagen cautelosa y serena, la de un banquero central averso al peligro.

El próximo responsable de la política monetaria de EU, necesitará de nuevo esa mentalidad ahora que se prepara para asumir el puesto más poderoso en la economía global. Powell, alguna vez con una posibilidad remota para la presidencia de la Fed, hace unos días se encontraba detrás de Donald Trump, en la Casa Blanca, para ser presentado al mundo como el sucesor de Janet Yellen.

Al abogado de 64 años de edad se le presentó como un candidato de continuidad para el puesto de la Fed, un par de manos seguras. Licenciado en leyes, no es el primer profesionista que no es economista y se convierte en presidente de la Fed desde el mandato breve y poco exitoso de G. William Miller, a finales de la década de 1970. A diferencia de John Taylor, Powell no tiene modelos económicos que lleven su nombre. De hecho, su experiencia en el banco central abarca solamente cinco años.

Muchos de los acólitos de Trump esperaban que el presidente insertara a un iconoclasta en la Fed para sacudir la política monetaria y enfrentarse a su poderoso personal. En su lugar, Trump se decidió por un consumado miembro en Washington, nacido y educado localmente, y lleno de credenciales de la clase dirigente.

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Conocido por su sentido del humor, modales prácticos y una formidable ética de trabajo, Powell es un personaje poco habitual que logró navegar el pozo de serpientes de Washington y hacerse de pocos enemigos. Tendrá que recurrir en gran medida a sus capacidades personales y políticas mientras se prepara para defender la independencia de la Fed en un Congreso donde muchos republicanos desconfían de su poder y alcance.

Hijo de un abogado, Powell asistió a Princeton para estudiar política y después a la escuela de derecho en Georgetown. En Princeton practicó la guitarra con mucho interés, algo que se mantuvo con él a lo largo de su vida. Todavía hace casi una década se le podía encontrar tocando en un grupo llamado los Moneypennies. Eligieron ese nombre porque algunos de sus miembros tenían relación con la comunidad de inteligencia. Las raras presentaciones públicas de la banda eran para recaudar fondos para las familias de agentes caídos en acción.

Powell conoció a su esposa Elissa Leonard, una excineasta, a principios de la década de 1980 a través de su hermana. Elissa era su compañera de piso. Se casaron en 1985 y ahora tienen tres hijos.

Powell pasó su primer periodo como burócrata en el Tesoro durante la administración de George H. W. Bush. Allí trabajó bajo el frío estallido de la crisis financiera, cuando Salomon Bros eludió las reglas de licitación del Tesoro en un escándalo que podría haber derribado al banco central.

Powell siguió adelante para hacer su fortuna en la iniciativa privada, dirigiendo el equipo del sector industrial de Carlyle. Volvió a surgir en los círculos políticos hasta 2010 como especialista del Bipartisan Policy Center, un grupo de expertos en el que fue una voz clave durante el debate del techo de deuda de 2011.

Fue nominado como gobernador de la Fed en 2011, como parte de una combinación bipartidista con Jeremy Stein, un académico de Harvard. Stein recuerda que los dos hombres fueron a la Fed para una reunión informativa, un evento que comparó con el primer día de escuela.

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“Nos sentamos para nuestra inducción y lo miré, y pensé que parecía uno de esos tipos de capital de riesgo, con un mejor traje que el mío, mejores zapatos, mejor cabello”, dijo Stein. “Pero es curioso, es increíblemente amistoso y estaba allí para aprender”.

Powell, bajo la gestión de Yellen, recorrió un camino cauteloso. Nunca se enfrentó en público con la presidenta y mantuvo una postura moderada sobre las tasas de interés. Pero al principio de su periodo en el banco central, Powell fue parte de un grupo de gobernadores, incluyendo a Stein y Betsy Duke, que se sentían incómodos con la magnitud de la expansión cuantitativa bajo el entonces presidente Ben Bernanke.

Algunos miembros del personal analizan ese episodio y se preguntan si Powell se enfocará más en los riegos de estabilidad financiera que Yellen. La otra cuestión clave sobre las políticas que hay en el horizonte es el desmantelamiento conjunto de las herramientas de estímulo que la Fed tendrá cuando llegue la próxima desaceleración, y cómo manejará la hostilidad de los republicanos conservadores hacia la expansión cuantitativa.

Jon Faust, quien trabajó junto a Powell en la Fed, dice que si bien no percibe enormes desacuerdos en la política, esto puede cambiar si la inflación aumenta por encima de 2% o la economía “cae con brusquedad”. Si el próximo presidente de la Fed sintió esas presiones mientras estaba parado impasiblemente junto al presidente Trump, el imperturbable Powell no lo mostró.


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