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Sábado , 15.12.2018 / 22:12 Hoy

Los otros efectos de la paz en Colombia

Junto a la reducción de la violencia, el fin del largo conflicto interno en ese país abre nuevas oportunidades para empresas mexicanas. 

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El conflicto interno más largo de América Latina ya es parte del pasado. Tras 52 años de enfrentamientos, que dejaron cerca de 220,000 muertos y 5 millones de desplazados, el presidente Juan Manuel Santos y el líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Rodrigo Londoño, alias “Timochenko”, firmaron la paz en noviembre de 2016. Pero el último hito, y el de mayor simbolismo de todo el proceso, ocurrió el 27 de junio pasado, cuando el grupo guerrillero finalizó con la entrega de 7,132 armas a una misión de la ONU en Colombia.

Aunque hay otros focos de violencia que siguen activos —la guerrilla del ELN y las propias disidencias de las FARC—, desde que comenzaron formalmente, en 2012, los diálogos de paz en La Habana, Cuba, la tasa de homicidios en el país sudamericano ha bajado de forma drástica. Si bien ese es, sin duda, el efecto más importante del acuerdo, no es el único. En términos económicos, el fin del conflicto promete agregar en los próximos años entre 1.1% y 1.9% al crecimiento potencial de 4% de Colombia, según un estudio del Departamento Nacional de Planeación de ese país.

Buena parte de ese mayor crecimiento sería impulsado por un aumento vertiginoso de las inversiones. Tras el Acuerdo de Paz, la inversión extranjera en Colombia podría triplicarse hasta alcanzar los 36,000 millones de dólares (mdd) para 2024, de acuerdo a ese reporte. En ese terreno, las 55 empresas mexicanas que ya operan en el mercado colombiano tendrán un rol importante por jugar. Allí participan firmas que van desde América Móvil y Cemex a Grupo Bimbo y Mexichem, pasando por Azteca TV, Femsa, Mabe, Alsea, Deacero, Aeroméxico, Interjet, City Express, Planigrupo, Viakon y Medix, entre otras.

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El número de compañías en suelo colombiano es extenso, pero, hasta ahora, las inversiones mexicanas en ese país continúan corriendo por detrás de las realizadas por firmas de otras naciones sudamericanas como Chile.

De acuerdo a estimaciones de la Cámara de Comercio México-Colombia, los desembolsos mexicanos hundidos en suelo colombiano rondan los 7,500 mdd. Otros estudios reflejan menores montos de inversión.

El nuevo contexto, ¿podrá acelerar las inversiones? “Desde ProColombia, hemos identificado oportunidades de inversión para los empresarios de México en sectores como vehículos y autopartes, servicios BPO, IT, agroindustria, logística y desarrollo portuario, producción de cacao, procesamiento de frutas y hortalizas, cárnicos y cereales, además de infraestructura y materiales de construcción”, dice Felipe Jaramillo, presidente de esa agencia gubernamental.


Se requiere cemento

Tras la firma del Acuerdo de Paz, uno de los objetivos del gobierno de Santos es consolidar la nueva etapa con rápidas mejoras para las regiones que se vieron afectadas durante décadas por el conflicto. En esa línea, lanzó un plan de incentivos con exención de impuestos de renta a los inversionistas que se instalen en estos territorios que cuentan con un alto potencial en turismo de naturaleza y producción agroindustrial, y que requieren de transferencia de conocimientos y tecnología.

En el corto y mediano plazo, se espera una expansión del sector agropecuario y, sobre todo, de la construcción ante las necesidades de infraestructura en esas regiones. Las expectativas van en línea con los desembolsos que vienen realizando empresas mexicanas en Colombia. El año pasado, seis compañías realizaron anuncios de inversión por 693 mdd, según ProColombia. No es casual que Cemex y Grupo Lamosa hayan concentrado más de 80% de esos desembolsos.

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En los últimos años, la desaceleración de la economía colombiana —el Producto Interno Bruto (PIB) pasó de registrar tasas promedio de crecimiento de 5% hasta 2014 para descender a 3.1% y 2% en 2015 y 2016, respectivamente— debilitó la demanda de cemento y concreto en el país, lo que, sumado a un entorno competitivo, provocó caídas en los márgenes y ventas de las compañías cementeras.

En el caso de Cemex, los volúmenes de cemento gris doméstico, concreto y agregados disminuyeron 5%, 14%, y 17%, respectivamente, en el primer semestreen relación con el mismo período de 2016. Pero el cambio de tendencia promete llegar en 2018.

Las mayores expectativas están depositadas en la evolución del programa de vías de cuarta generación (4G), que incluye 32 proyectos para construir unos 8,000 kilómetros de carreteras. Si bien la iniciativa comenzó en 2014, recién este año empezó a tomar ritmo. En 2017, las inversiones en esos proyectos sumarán 3,200 mdd, el doble que en 2016. La velocidad será mayor a partir del año próximo.

Además, se espera un efecto positivo en los volúmenes de materiales gracias a la mayor inversión por parte del gobierno en viviendas de interés social y la ejecución de más de 100,000 subsidios de vivienda. “El sector de infraestructura va a ser muy importante en los próximos años: solo en Bogotá habrá 30,000 mdd de inversiones en grandes proyectos durante los próximos cuatro años, y la demanda de cemento estará ligada a esas iniciativas”, dice Juan Gabriel Pérez, director ejecutivo de Invest In Bogotá (IIB), la agencia de promoción de inversión de la capital colombiana. “Además, hay expectativas favorables en sectores en donde el conflicto se sentía más, como en exploración de minas y canteras, y explotaciones agrícolas”.


Cadenas productivas

Con la fuerte señal institucional que representa el Acuerdo de Paz y una economía que promete recuperar ritmo el año próximo —el consenso de los analistas proyecta una expansión del PIB de 3%—, las oportunidades para las empresas mexicanas en Colombia también pasarán por sacar mayores réditos de la sociedad de ambos países en la Alianza del Pacífico.

“Hay potencial para impulsar encadenamientos productivos y estratégicos con México en el marco de la Alianza del Pacífico, por ejemplo para la producción de alimentos como frituras (snacks), galletas, mermeladas, conservas y demás alimentos procesados”, dice Jaramillo. “Colombia, por su vocación agroindustrial y riqueza en biodiversidad, puede proveer productos orgánicos y amigables con el medio ambiente”.

Para Luis Frías, presidente de la Cámara de Comercio México-Colombia, “se puede pensar que en cuanto se empiecen a resolver los asuntos fitosanitarios de las medidas sanitarias y fitosanitarias que han hecho que sea muy lento el flujo de productos agropecuarios a México, podría haber alianzas estratégicas para aprovechar ese potencial”.

El intercambio comercial entre ambos países ha venido cayendo en los últimos años, y el saldo de la balanza favorable a México se ha reducido. Entre 2011 y 2015, mientras las importaciones mexicanas provenientes de Colombia crecieron 33.1% (pasaron de 824.5 a 1,097.9 mdd), las exportaciones cayeron 45.5% (pasaron de 5,632.6 a 3,066.5 mdd), según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Esas tendencias no se modificaron con la entrada en vigor, en mayo de 2016, del Protocolo Comercial que liberó de aranceles a 92% del comercio entre los socios de la Alianza del Pacífico. En los primeros cinco meses de este año, los envíos mexicanos ascendieron a unos 1,400 mdd, de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), de Colombia. En ese período, los capítulos con mayores ventas a Colombia fueron Vehículos, Partes y Accesorios (311.9 mdd), Aparatos y Material Eléctrico, de Grabación e Imagen (278.6 mdd), Calderas, Máquinas y Partes (144.3 mdd) y Combustibles, Aceites Minerales y sus productos (101.5 mdd).


El mayor crecimiento esperado de la economía colombiana promete reimpulsar la demanda importadora, y el nuevo contexto institucional, acelerar las inversiones. Según el indicador Doing Business 2017, del Banco Mundial, la economía colombiana es la segunda en América Latina —detrás de la mexicana— con mejores condiciones para hacer negocios. Además, según este estudio, Colombia es la segunda economía entre 190 en el mundo con mayor facilidad de acceso a crédito para el tejido empresarial, solo superada por la de Nueva Zelanda.

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A esas fortalezas se suma ahora el efecto positivo también para los negocios que promete generar el Acuerdo de Paz. Las oportunidades están sobre la mesa y varias empresas mexicanas están dispuestas a aprovecharlas.


Turismo México-Colombia


El vicepresidente de Inversión de ProColombia, Ancizar Guerrero Gil, recientemente se reunió con empresarios en la Ciudad de México.

Destacó que en 2016 México fue el quinto emisor de viajeros a Colombia y explicó que la firma del acuerdo de Paz con las FARC ha incrementado el atractivo del país y beneficiado al sector turismo.

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Si en 2002 Colombia recibió 552,000 visitantes extranjeros, en 2016 la cifra fue de 5 millones. “La apuesta es tener un mayor desarrollo del turismo, que ya es el segundo ingreso de divisas en el país, y que es un sector con muchas oportunidades de desarrollo”, aclaró el funcionario colombiano.

Entre ambos países hay más de 75 rutas aéreas directas y en conexión, con destino a más de 21 ciudades mexicanas. Entre 2012 y 2016 hubo 13 casos de inversión de restaurantes y hoteles mexicanos en Colombia. De hecho, los hoteles que abran en ciudades colombianas de menos de 200,000 habitantes tendrán incentivos fiscales como estar exentos de renta por 20 años, entre otros.

También “existen muy buenas oportunidades para Colombia a la hora de desarrollar el llamado business tourism gracias a los congresos y convenciones”, dijo Kevin Delaplace Haro, editorial manager de Oxford Business Group (empresa organizadora del encuentro), quien destacó el caso de Medellín y su crecimiento del turismo de negocios de 320% en 10 años.

El directivo comentó que este segmento es un importante generador de capital ya que en promedio, el visitante por turismo de conferencias se gasta unos 450 dólares por día, y que en toda Colombia se realizaron unos 147 eventos de esta clase en 2016.

Darinel Becerra

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