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Sábado , 26.05.2018 / 09:19 Hoy

Lorenzo Mendoza, el Diablo empresario que enfrenta a Nicolás Maduro

Dueño de la mayor empresa de alimentos y bebidas y de la tercera fortuna más grande de Venezuela, es la antítesis del gobierno bolivariano.

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Daniel Callejas

Ser empresario en la Venezuela del chavismo es en sí un acto de rebeldía. Si encima se es la antítesis de la imagen del pueblo que el gobierno vende y defi ende, se es casi un revolucionario.

Lorenzo Mendoza es eso y más. O al menos así lo califi ca el presidente Nicolás Maduro, quien lo llama Oligarca del Diablo.

Dueño de la mayor compañía de alimentos del país, Empresas Polar, y crítico del sistema legado por Hugo Chávez, produce y vende alimentos y bebidas como harina, condimentos, atún, vino y 80 por ciento de la producción nacional de cerveza.

En un país que sufre de graves problemas de desa-basto de alimentos y artículos básicos, esto debería ser suficiente para que empresa
y gobierno tuvieran una re-lación al menos cordial, pero es todvo lo contrario. En algo, al menos, coinciden, Mendoza dice estar en contra del capitalis-mo. Sin embargo, para disgusto de los chavistas, argumenta que no hay forma de crear bienestar y prosperidad sino es a través de una economía de mercado.

Muy a su pesar, el capitalismo le viene de fa-milia. Tras iniciar en el negocio jabonero en la década de los 30, su abuelo, Lorenzo Alejandro Mendoza Fleury, fundó Cervecería Polar en 1941 junto con dos socios.

Tras la muerte de su tío Juan Lorenzo y su padre Lorenzo Alejandro, y luego de una larga transición, Lorenzo Mendoza se hizo cargo del grupo, que hoy está integrado por 40 empresas. Él, en tanto, ostenta una fortuna personal que Forbes calcula en mil 500 millones de dólares, lo que lo ubica en el tercer puesto de su país.

Sin embargo, está preocupado por la situación que atraviesa su grupo debido a las presiones del gobierno, que controla el mercado cambia-rio. “El gobierno nos está estrangulando”, dijo en una entrevista con The Wall Street Journal.

La supervivencia de la fi rma depende, en buena parte, del negocio cervecero, que opera sin controles de precios y es su única división rentable. Aun así, a finales de abril tuvo que cerrar su producción ante la falta de materias primas y divisas para importarlas. La cerveza se sumó a la lista de productos agotados en el país.

Maduro aseguró que el cierre de plantas es parte de la “guerra económica” que genera la escasez e infl ación que sufren los venezolanos, y que atribuye a la oposición y “empresarios de derecha” para desestabilizarlo.

“Esta guerra económica quedará como un oscuro y nefasto recuerdo, Diablo Lorenzo, Lorenzo Devil, para que me entienda en inglés; quedarás tú como el responsable de lo peor que le han hecho al pueblo venezolano, que es la guerra económica”, acusó el presidente.

La respuesta de Lorenzo Mendoza a los em-bates maduristas se resume en una declaración tan frontal como empresarial: “Tenemos un control de cambio draconiano, fracasado y extemporáneo; aquí no podemos pensar que todo es posible y que somos invencibles, que estamos en una burbuja y que no nos vamos a ver afectados. Hemos sufrido los embates de este gobierno que está causando muchísimo daño al venezolano de a pie”.

Lo cierto es que la situación del país con las mayores reservas de petróleo del planeta es complicada, con la infl ación más alta del mundo (180.9 por ciento en 2015 y casi 500 en lo que va de 2016) y una escasez de dos tercios de los alimentos y las medicinas. Un kilo de harina cuesta 20 bolívares al precio controlado, pero hasta mil en la reventa.

En se contexto se mueve Lorenzo Mendoza. Acusado de traidor y con la mayor empresa de alimentos y bebidas de Venezuela trabajando
a marchas forzadas.

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